Es domingo por la tarde. A eso de las cinco y media, el sol comienza a abandonarnos por el horizonte. Se viene una tarde aletargada tras un fin de semana de trabajo. Desconectar es el objetivo y, sin embargo, no parece una tarea sencilla. Agarro el mando. Cómo ha cambiado todo. Hemos pasado de zapear por los diferentes números asignados a las cadenas a diferentes plataformas que ofrecen sus contenidos. Que lejos queda ya eso de sentarse a ver tu serie favorita una vez por semana. Vagabundeo entre colores, letras y marcas hasta detenerme en Rakuten TV. Sorteo algunos programas hasta dar con la serie documental que se estrenó hace poco menos de un mes. Se trata de Campeonas. El primer episodio se centra en nuestro país y recoge a tres protagonistas. Pasado, presente y futuro. Kubalita, Alexia Putellas y Viky Adrianova.

Tres historias trazadas desde diferentes puntos y horizontes acaban confluyendo en el Johan Cruyff. Se hizo tanto por el fútbol femenino y queda tanto por hacer… Son tres líneas argumentales tan fuertes como emotivas. Al apagar el televisor, porque eso de tirar de ordenador ya es demasiado moderno, lamento que haya acabado ya. Seguro que tienen mucho más que contar. Así que en un abrir y cerrar de ojos estoy frente a la webcam y, al otro lado de la pantalla, nos recibe Carmen Arce ‘Kubalita’.

Tu historia me ha emocionado muchísimo. No te tocó vivir una época sencilla. Una sociedad retrógrada, un régimen machista… ¿Cómo encajó tu familia que quisieses jugar a fútbol?

Pues mira, yo he visto todos los documentales de esta serie y son muy interesantes y didácticos. ¿Por qué te digo esto? Porque uno de los denominadores comunes que hay en todas las jugadoras de todos los países es el apoyo de la familia. En algún caso sí que había una madre o un padre más reticente. Pero en líneas generales, el apoyo de la familia era incondicional. Tanto en mi entorno como en el del resto de compañeras que jugábamos. Me he dado cuenta que así era en otros países también.

En el documental hablas de que jugar al fútbol femenino estrechó lazos con tu padre. ¿Cómo mejoró la relación?

Pues fue fenomenal. Él era un hombre de campo. Digamos que, tras trabajar, se iba al casino a jugar a las cartas con los amigos. También le gustaban muchísimo los toros y el fútbol. Hablaba un poco con mi hermano de fútbol, pero realmente en casa tampoco tenía demasiado eco en ese aspecto. No lo comentaba ni hablaba mucho hasta que yo empiezo a jugar. Cuando yo comienzo a jugar, me convierto en la compinche de mi padre porque establecemos ese lenguaje. El lenguaje de que él viene a verme. De pronto me di cuenta de que estaba orgulloso de mí. Ver el Valencia y poder comentarlo… A partir de ahí, ya buscábamos el momento de juntarnos para ver el fútbol, bien cuando yo jugaba o cuando lo hacía el Valencia.

Además de esta relación con tu padre, ¿Qué otras cosas buenas te dio el fútbol?

El fútbol es como la aspirina: a la gente que le funciona, le encanta. A los que no, no se la vas a hacer tomar. Entonces, el amor por el fútbol, lo que mueve este deporte, los sentimientos que abarca no se los puedes meter a una persona si ella no lo siente. Porque el fútbol es sentimiento. A mí este deporte me enseñó valores de equipo y de compañerismo. También de apoyo, respeto al contrario, la autoridad del árbitro… En una época de apertura para ser mujer, nosotras no nos considerábamos ni heroínas ni pioneras. Teníamos una pasión tremenda por este deporte. Era nuestra vida y lo amábamos.

No os sentías pioneras, pero lo acabasteis siendo casi por azar. También fueron pioneros esas madres y padres que os apoyaron a mujeres como tú. ¿Cómo era el ambiente, por aquel entonces, en las gradas?

Pues ahí hay diferencias. Por ejemplo, en el torneo de Fuengirola se llenó. Teníamos 10.000 espectadores… Siempre habrá compañeras mías que te digan que en algún momento, alguna persona – que fundamentalmente sería un señor – nos podía decir algo inapropiado. Pero es lo que te decía del fútbol. Igual entras a ver el partido del femenino pensando “a ver estas chicas qué hacen”, pero en el momento en el que hay una apertura a la banda, un centro desde el costado, un remate y un gol, el espectador está viendo fútbol. Y pierde un poquito esa tontería. Cuando te gusta el fútbol, te da igual quién lo juegue, sean mujeres, niños o los de la falla echando una pachanga.

Siguiendo la línea del documental. En él hablas desde un campo de zarzas. Ahí no había absolutamente nada. Me interesa saber cómo era realmente un entrenamiento ahí. 

Nosotras entrenábamos, por ejemplo, en la zona sur de Mestalla, donde ahora hay edificios. Ahí había campos de entrenamiento. Pero nuestro entrenador, que era inmisericorde con nosotras y con cualquier equipo que entrenase, nos llevaba al Saler, que en aquel momento sí que tenía porterías. Pero también tenía zarzas y una densidad de arena brutal. Eran dunas. Lo que pretendía el entrenador era fortalecernos porque tenías que esquivar las zarzas y sortear aquel terreno de juego. Cuando luego jugabas contra equipos femeninos y llovía y el terreno de juego se ponía más difícil, nuestros gemelos ya estaban acostumbrados a tener esa potencia. Sí que es verdad que hemos corrido muchas dunas y zarzas en ese campo.

En aquel momento perteneces al Racing de Valencia. ¿Cómo era aquella competición?

Nosotras jugamos primero el Torneo Fuengirola. Ese fue el que más espectadores tuvo. Pero luego, también había detrás un tema mercantil, con el hecho de hacernos populares. Entonces teníamos ahí con el equipo del Sizam un equipo con el que jugamos muchísimos a medio camino entre Valencia y Madrid. Por Fuenterrobles o ciudades así. ¡Y jugábamos cuando eran fiestas! Una de las actividades que había en esas fiestas pues era el partido de fútbol femenino. Venía mucha gente a vernos y jugábamos muchos partidos. Luego, el Racing se empieza a diluir. En ese punto hay que ponernos en contexto y mencionar al Valencia, que era buenísimo. Se llamaba como el Valencia que todos conocemos y estos se enfadaron mucho porque llevaban ese nombre. Pues bien, gracias al señor Seijo – que era el padre de dos compañeras y jefe de seguridad de Marcol – consigue que su empresa, que tiene un equipo en división de honor de chicos, nos patrocine a nosotras también. Entonces vienen del Valencia cuatro o cinco jugadoras más que eran buenísimas. Las de Isla Cristina, Galicia o País Vasco te dirán que no, pero para mí se formó el mejor equipo de la época.

¿Qué partido recuerdas especialmente de entonces?

El partido contra el Fuengirola, que fue uno de los pocos que nos ganó. 1-0 en Málaga y 0-0 en Valencia. Les paré un penalti y por eso empatamos. Pero ver tantos espectadores… Yo venía de tener un percance por un mal estiramiento en la rodilla y, a pesar de todo, jugué e hice uno de los mejores partidos que he hecho. Ver allí al público, a los medios de comunicación… Recuerdo ese partido y jugar en el Mini Estadi, que fue muy bonito también.

Carmen, tú desarrollaste tu carrera como portera. Antes de entrar en materia… De las porteras que hay hoy en día, ¿en quién te fijas más?

Pues te diré que siento mucho aprecio por Sandra Paños. Es espectacular. Pero claro, la veo poco, porque le chutan muy poco. Si ella me oye, dirá: “¡Pues vaya esta, también!” Me encantaría que le chutaran mucho más para poderla ver, porque es una porteraza. En España hay cuatro porteras fenomenales, que podrían jugar  en la selección. Las cuatro me encantan. Pero, fuera de España, me gusta mucho Tiane Endler. Es, además, una mujer fantástica. Me gusta como portera y como persona.

¿Cómo ha evolucionado la posición de portera, desde tus tiempos hasta hoy en día?

Creo que lo que ha cambiado mucho es que existe mucho más material. A mí, por ejemplo, en los entrenos, me ponían una silla plegable a cada lado para que saltase por encima. Ahora hay cintas, que tienen la misma altura, pero evidentemente es diferente. También hay un entrenador de porteros, que eso varía mucho. Sobre todo, porque hay mucho trabajo en equipo. Conmigo, en mi equipo, nadie quería jugar de portera, porque en aquel momento jugaba yo. El Marcol, en aquel entonces, fichó a Giner, que era una porteraza, pero se cansó de no tener oportunidades para jugar y me quedé sola. Ahora, en esos entrenamientos ves a las tres o cuatro porteras del equipo y esa competencia motiva muchísimo.

Uno de los trucos que he aprendido gracias al documental es eso de contar los pasos en la portería. ¿Qué otros trucos para mejorar la efectividad me podrías enseñar para cuando juego yo de portero?

A pesar de que no era alta, yo tenía unas piernas atléticas y saltaba muchísimo. Era buena, por arriba. Pero también era consciente de las limitaciones que tenía. Entonces, cuando sabes que tienes que cubrir mucha portería, el saber dónde tienes que estar en caso de que el balón vaya al palo largo o no al corto es clave. Yo trabajaba muchísimo esos aspectos. Tenía una orientación brutal en el espacio de lo que era el área pequeña. De hecho, hoy he visto uno de los mejores goles de Kelly Smith, que sale en el documental de Inglaterra, que mete desde el medio campo. ¡O el que le mete Alexia Putellas a la portera del Valencia! Yo los veo y digo: “A mí no me los hubieran metido”. ¡Y fíjate que soy más bajita! No me los hubieran metido, porque el fallo que cometen es que el salto se da justo antes de llegar al que debería ser tu sitio. En cambio, si tú el salto lo das un paso antes, ese balón te sobrepasa. ¿Me he explicado? Vi el de Kelly Smith y dije: “Yo hubiese saltado en el paso siguiente y sí hubiese llegado”.

Con todo lo que me cuentas, ¿has pensado en ser entrenadora de porteras?

[Ríe] Mira, cuando terminé de jugar al fútbol me operaron las rodillas. Estaba tan dolida… ¡Pasé un duelo por haber dejado el fútbol! No me planteaba nada que tuviese que ver con ese deporte. Y luego he tenido cuarenta y tantos años de enfermera oncológica, que me ha absorbido la vida, pero lo he disfrutado como ser humano muchísimo. Pero, curiosamente, cuando me jubilé llega el homenaje de 2018 por parte de la federación y me llega una oferta de ir al extranjero a colaborar con oenegés de niñas. Todo en temas relacionados con el fútbol. Me dije: “¿Dónde voy yo?” Porque yo sé de fútbol, pero no entiendo de entrenar. Entonces, el año pasado hice con ANEF el curso de entrenadora. Podía entrenar en la Comunidad Valenciana y hasta juveniles. Y mira: no sirvo.

Te voy a explicar. Todo eso de calentamiento, entrenamiento, vuelta a la normalidad, conos, picas, ahora un juego y luego otro… a mí se me escapa. Yo no tengo gracia para eso. Sí que podría ayudar en otros aspectos. Sobre todo en la motivación o en entender un partido y saber qué necesita el equipo para mejorar. Pero hay que ser honesta. No hay nada como intentar aprender para ser entrenador para darte cuenta que no es tan fácil. Uno de mis profesores decía: “De fútbol y medicina todos entienden y hablan”. ¡Pues tenía razón! Yo sé de fútbol, me gusta verlo y lo entiendo… Pero ser entrenadora requiere de algo que yo no tengo. Hay muchos que se creen que saben mucho y si se bajaran a un vestuario o un entrenamiento se les quitarían muchas tonterías.

Fuiste parte de la primera selección española. ¿Cómo era aquel vestuario por dentro? 

El vestuario de España y el vestuario de los equipos es algo que se ha transmitido en el tiempo. Éramos compañeras y había una sensación de equipo muy fuerte. No había banalidades ni tonterías. Lo que sentíamos era muchísimo orgullo por defender a España de la mejor manera que sabíamos. Lo sentíamos muchísimo.

Hay unas imágenes que aparecen en el documental, que preguntan si es más fácil hacer una tortilla o marcar un gol. Por no hablar de los comentarios de la retransmisión. ¿Cómo se protegía el vestuario frente a estas cosas? ¿Lo comentabais luego?

Mira, pues esa pregunta se la hacen a Victoria. Nosotras somos hijas de nuestra época. La frivolidad no iba con nosotras. Pero sí que había un cierto dolor. Vamos a ver, en cualquier caso, de lo que estamos hablando es del nodo. El nodo era la voz del régimen. De ellos no podías esperar respeto al hablar de mujeres que estaban jugando en un barrizal, partiéndose el alma contra un equipo extranjero. Sin embargo, el resto de medios sí que nos respetaban muchísimo. ¡Claro que de vez en cuando te encontrabas con el típico comentario! Te pongo un ejemplo que me pasó: “Menudo paradón que ha hecho Kubalita en el penalti, ¡y qué mona!” Entonces, en el fondo, eso restaba valor a lo que acababa de escribir ese periodista. Pero la mayoría de medios nos respetaban y hacían las crónicas como había que hacerlas.

Un tiempo atrás entrevisté a Arantza Del Puerto, ex futbolista histórica también. Ella me dijo que no cambiaría la época que vivió por la actual. ¿Y tú?

Yo te digo que muchas de las compañeras que yo tengo, y con las que seguimos hablando, sí que la cambiarían. De hecho, viendo el Olympique – Levante, decían: “Qué pena no haber podido estar jugando”. Sin embargo, yo personalmente no cambiaría aquella época. Y no por el impacto que ha tenido después ni por los reconocimientos. Sino porque mi vida ha sido muy rica en otros aspectos. Yo no podría ser ahora una futbolista internacional con 20 o 30 años y no haber vivido la que ha sido mi vida. Creo que ahora saldría a jugar cinco minutitos y luego me volvería a salir.

Actualmente, ¿qué es lo mejor que hay en el fútbol femenino respecto a tu época, y qué crees que debe mejorar?

Lo mejor es que hay equipos que están apostando por el fútbol femenino y hay muchísimas jugadoras. Vas a ver un partido del Levante y ves a muchas nenas, con sus coletas, recogiendo balones y viendo a las futbolistas. Eso es clave. Ellas están creciendo con referencias femeninas. Nosotros no teníamos eso. Ahora tienen a un Balón de Oro como Alexia, o a Jenni Hermoso, que quedó segunda. Es comparable a cuando Santana ganó Wimbledone. Te voy a decir algo: el fútbol femenino es imparable. Pero con todo lo que hay en la actualidad, a pesar de todo lo que se ha mejorado, lo que no podemos es estar en 2021, casi en 2022, con una Balón de Oro y una número dos en nuestra liga… También una selección española en el top-9 de la FIFA… Y que la Federación, el CSD y la AFE sigan sin aclararse en cuanto salen de la foto. Se tiene que profesionalizar la liga de inmediato.

Que no se tenga que ver a una jugadora del Rayo, que tiene tela, lastimándose la cabeza y teniendo que ser atendida por el médico del rival. Es que encima, el Rayo, tiene un equipo masculino detrás. No te hablo de un equipo de pueblo. Ahora se ha montado un sindicato de futbolistas femeninas, con Andrea Pereira y compañía. ¡Se están planteando si pueden formar parte de la negociación y eso es porque les molesta que haya otra voz! Yo soy muy feliz de ver el fútbol femenino, pero los pies y las raíces hay que hacerlas más fuertes. Tenemos muchas flores y un árbol muy bonito, pero sin raíces no hay nada que perdure.

¿Qué te parece que cada fin de semana haya que sudar tinta para ver los partidos?

Eso es terrible. Y luego ponen los partidos a la misma hora. A veces incluso solo se da un partido. Digo yo, que fíjate si será importante el fútbol femenino que incluso se pelean por ver quién lo tiene que retransmitir. Igual no es que no sea interesante. A lo mejor lo que ocurre es que interesa tanto que de ahí todas las disputas. ¿Tú sabes la gozada que es que de golpe DAZN esté dando la Champions League en abierto? Eso es una gozada. Arsenal-Barcelona, gratis y en abierto. Pero aquí… Fíjate como va.

 

“¿Cuánto ha tardado la Reina en entregar la Copa? Ese es un ejemplo de la importancia que se le ha dado al fútbol femenino en este país”

 

Otro de los momentos emocionantes del documental es cuando hablas del Mundial de 2019. Que lo viviste como si tú también estuvieras jugando. ¿A qué se debe ese sentimiento tan fuerte? 

Pues ese sentimiento se debe a que muchas de las compañeras de mi época, cuando jugábamos y no teníamos equipaciones, el escudo o el pseudoescudo te lo sujetabas con un imperdible. O que no nos permitían escuchar el himno antes de un partido. En algún periódico incluso nos llamaban la selección clandestina. Y me parece horroroso, porque clandestino es algo que se quiere esconder y nosotras nunca nos quisimos esconder. Entonces, con ese dolor del duelo que yo tenía con el fútbol, para mí era difícil. Y de repente, cuando hoy ves a España, ves a las futbolistas, formadas, en línea… Con su escudo y su uniforme… Cogidas y abrazadas. Y suena el himno. Mira… yo, como una girula me levanté, me puse la mano en el pecho, cerré los ojos y sentí que estaba ahí. Sentí que yo era una internacional española.

Con lo que me cuentas, ¿qué va a ser de ti si España gana la próxima Eurocopa?

[Ríe] De momento ya te puedo decir que tengo entradas para la fase previa contra Alemania y Dinamarca. Me voy a dar el gustazo, siempre que los ingleses no nos pongan pegas con la pandemia. Tengo entradas para esos dos partidos, pero luego, en caso de que España pase, me gustaría verlo en casa con mis compañeras. Con las que empezamos. Nos merecemos verlo juntas y compartir ese momento. Puede pasar. De todos modos, siempre, con todo los jugadores, tanto en masculino como en femenino, los grandes tienen que ganar torneos importantes con su selección. Fíjate Messi, que hasta que no ha ganado la Copa América con Argentina parecía que no era tan grande… Las jugadoras españolas, para conseguir de una vez por todas consolidar esa proyección brutal que ya tienen, necesitan conseguir un título con la selección.

Antes de acabar esta entrevista, me gustaría hablar de tu vida después del fútbol. ¿Recuerdas el día exacto de tu retirada o fue un proceso hasta dejarlo definitivamente?

La verdad es que fue una cosa muy peculiar. Nosotras ganamos un torneo en Barcelona. Fuimos a recoger el trofeo y, de hecho, hay una fotografía de ese momento. Es la última foto que tenemos como equipo. Cuando volvimos ya había problemas para continuar con el patrocinio de Marcol, ya que no era un buen momento. No había ninguna liga a la vista y la mayoría de mis compañeras, mayores que yo, tenían necesidades económicas y familiares que atender. Entonces el equipo se diluyó y esa imagen es la última. Estábamos muy contentas, así que es genial que la despedida fuera en un momento tan feliz.

¿Crees que el reconocimiento que tiene el fútbol femenino hoy en día ha tardado demasiado en llegar?

Si estamos hablando de España, creo que ha sido un crecimiento lento. Te pongo un ejemplo: ahora nos parecería normal que la Reina fuese a dar la Copa de la Reina. Lo mismo que con el Rey. ¿Cuánto ha tardado eso en ocurrir? Ese es un ejemplo de la importancia que se le ha dado a este deporte en este país. Creo que con eso te lo digo todo.

¿Y esperabas que tu generación de futbolistas tuviese reconocimiento hoy en día?

Pues no lo esperábamos. Pero además de que no lo esperábamos, tampoco imaginábamos la dimensión del reconocimiento. Hay que decir que Rafa Muga, que ya estaba metido en el fútbol femenino desde el minuto cero, tuvo que batallar mucho para que la RFEF nos reconociera… Para que te hagas una idea, varias de mis compañeras pensaban en no ir porque no entendían muy bien qué iba a pasar. Pero cuando Rafa Muga lo consigue, lo que nos encontramos en Madrid es el Salón Luís Aragonés, con las butacas llenas de las futbolistas que ese mismo día habían sido homenajeadas por sus más de cincuenta internacionalidades, con toda la selección allí, más las inferiores… ¡Todas las butacas eran rojas por las internacionales de todas las categorías de la selección! Y en el escenario había un póster que ponía: “Somos por vosotras”. Claro… Cuando el presidente del COI te da la camiseta… Es el detalle de por fin tener la camiseta oficial, con el escudo oficial y con tu nombre. Cuando mis compañeras y yo recibimos esa camiseta y ves debajo quién está… En ese momento te das cuenta de todo el valor que tiene lo que está ocurriendo. Fue muy emocionante. Me gustaría decir que había compañeras que no pudieron estar y es una lástima. Echamos mucho de menos a futbolistas que no están y otras que no pudieron ir.

Al dejar el fútbol fuiste enfermera oncológica. ¿El fútbol te dio algo que posteriormente te sirvió en esa profesión? 

En oncología también hay equipos. Siempre ha sido una especialidad muy horizontal. Allí todas tenemos el apoyo de todos. El hecho del trabajo en equipo, pues por supuestísimo. Pero, además, en mi experiencia como mujer que se lastima y tiene problemas de salud y tiene que luchar para vivir, a mi me sirvió muchísimo. El problema que hay es que cuando estás en oncología y ves a las personas luchar de la manera que luchan… Lo que aprendes es que crees que eres tú la que está enseñando y apoyando cuando en realidad, al llegar a casa, te das cuenta que son esas personas las que te están enseñando a ti.

¿Cómo fue ese encuentro en el Johan Cruyff con Alexia y Viky Adrianova? 

De ese encuentro me llevo una emoción tremenda. Yo era fan de la Alexia jugadora, pero me rompió en el primer momento en cuanto me abraza y sonríe. Verla así de cerca y sonriendo tanto, cuando sabes como va de teledirigida en los partidos, a mi me impresionó mucho como ser humano. Me impresionó como persona y que los objetivos de los que ella hablaba siempre eran de equipo y de época. En ningún momento habla de un sueño personal. Alexia persona me emocionó. Tuvo el detalle de darnos a Viky y a mi una camiseta de la selección con el ’14’ de Virginia Torrecilla. Encima, Virginia, que ha sido una paciente de cáncer; yo he trabajado muy de cerca eso, con lo que me pareció un detalle increíble.

Y conocer a Viky… Viky está en mi corazón forever porque es una mujer extraordinaria. Tiene una potencia y una claridad de ideas fantástica. Se va a reponer de su segunda lesión, seguro. Me impresionó muchísimo. Tiene una calidad humana y una potencia… Es una barbaridad. Me sentí como en familia, con ellas.

Otro de los momentos más emotivos fue cuando recibes tus guantes… 

Madre mía…

Y dices esa frase de “cambiar los guantes de lana por los de Sandra Paños”. ¿Dónde tienes ahora esos guantes?

Pues los tengo muy a la vista. Los tengo muy cerca. ¿Sabes qué pasa? Que yo llevé guantes de lana porque había hecho mucho frío en Córdoba. Era un 8 de diciembre y era terrible. Entonces, los guantes de lana me hicieron mucho daño. Habitualmente jugaba sin guantes, como los porteros de entonces. No sé si Alexia tiene algo que ver con esos guantes que yo recibí… [Ríe] Es posible que así sea.