Un mes después de su renovación con el Paris Saint-Germain, Formiga, la jugadora brasileña de 41 años, está concentrada con su selección en la Copa Mundial Femenil de Francia, convirtiéndose así en la futbolista más veterana del certamen y contando, al mismo tiempo, su séptima participación en esta competencia.

En 1993, con apenas 17 años, debutaba como profesional en el club Canarinha. Miraildes Maciel Mota es su nombre real; una mujer medianamente alta, con cabello negro y piel morena, que se ha convertido en uno de los estandartes del fútbol femenil de su país.

Nació en marzo de 1978 en Salvador de Bahía. La ciudad ubicada al noreste de la nación, vio crecer a la pequeña Miraildes, que desde los doce años mostraba interés por el fútbol. Un año después de iniciar su carrera deportiva, entró en la convocatoria para jugar el Mundial de Suecia de 1995. Entre doce equipos, las mujeres con jersey amarillo y pantalones verdes no lograron avanzar a los cuartos de final. Su búsqueda del anhelado título quedó truncada y tuvieron que resignarse con ver cómo Noruega se coronaba. No obstante, aquello apenas fue el bosquejo de lo que Formiga podía hacer.

 

Debido a su liderazgo, Maciel se ganó un lugar en la plantilla brasileña y llegó a competir en todas las ediciones de los Juegos Olímpicos desde Atlanta 1996

 

Esta competencia fue el breve inicio de una ardua trayectoria en el soccer. Debido a su liderazgo y modalidad de juego, Maciel se ganó un lugar en la plantilla brasileña y llegó a competir en todas las ediciones de los Juegos Olímpicos desde Atlanta 1996. La segunda ocasión en la que el fútbol femenil apareció en las olimpiadas fue en dicha ciudad de Estados Unidos. Aunque su cuadrilla no rebasó la semifinal y tampoco consiguió el tercer puesto, con ella algo cambió: añadían a sus filas a una chica que con su sonrisa contagiosa y su talento nato estaría con ellos durante 20 años, lo que es equivalente a seis competencias de esta índole.

La calidad de su fútbol, la forma en que maneja el medio campo y disipa el balón, son las credenciales de Formiga. Aunque su llamado al máximo cuadro de Brasil no siempre constó de logros y campeonatos. De hecho, lo más cerca que respiró del trofeo fueron los subcampeonatos en las olimpiadas de Atenas 2004 y Pekín 2008.

Su historial en los mundiales, por otro lado, es semejante. Sus logros más grandes son el tercer lugar obtenido en la edición de Estados Unidos 1999, y final de China 2007, donde volvieron a saborear la copa pero cayeron contra Alemania por 2-0.

Miraildes, a la par de sumar minutos y méritos con su selección, también logró fichar por más de 14 equipos en cuatro países. Su paso por ocho equipos en Brasil, cuatro en Estados Unidos, uno en Suecia y otro en Francia la han consolidado como una jugadora de talla internacional. Además de que esa experiencia a nivel de clubes reafirmó su capacidad multitarea en la cancha.

El propio portal de la FIFA expresa: “[…] juega de todo. Impecable trabajo de hormiguita”. No cabría duda de esto al oír su sobrenombre. Las compañeras de vestidor comentan que jugar al lado de una maestra como ella las inspira para seguir aprendiendo.

Lo que caracteriza a la de Salvador de Bahía es que realiza acciones como ninguna: abre la mitad del campo, mueve la pelota, ejecuta los balones parados y, para rematar, también anota goles. Actualmente, de hecho, ya suma 25 tantos en 167 encuentros con Brasil.

Bien dicen que el vino sabe mejor conforme pasan los años y pareciera justamente lo que Formiga representa. Su experiencia y su talento no tienen fecha de caducidad.

 

 150 de las 552 futbolistas que fueron convocadas al Mundial de Francia nacieron después de 1995. Es decir que esas 150 aún no existían cuando la brasileña disputaba su primer Mundial

 

En esta octava edición de la Copa del Mundo, la jugadora más joven es la australiana Mary Fewler y, en efecto, la más veterana es Maciel. Lo más curioso de comparar el promedio de edades es que 150 de las 552 futbolistas que fueron convocadas nacieron después de 1995. Es decir que esas 150 aún no existían cuando la brasileña ya disputaba su primer Mundial.

Su marca personal, lo que propicia al pisar el terreno de juego y su actitud son los factores que la posicionaron para representar a su país en seis Juegos Olímpicos y siete mundiales. Asimismo, como mencionábamos al principio, el PSG acaba de renovarla por un curso más. Por lo que podemos presumir que tenemos a Formiga para rato.