PUBLICIDAD

Ignasi Taltavull: “Para mí, el Barça es el equipo de mi barrio”

Ignasi Taltavull es periodista, humorista y voz del aclamado podcast La Ruina. Entre risas, anécdotas y opiniones que no siempre van a favor de la corriente, hablamos con él de fútbol, nostalgia y homosexualidad

Taltavull

Este entrevista fue publicada originalmente en el #Panenka155, un número que sigue disponible aquí

En pleno corazón del Raval, entre callejuelas que huelen a historia y café, se esconde el Forn Mistral, un local mítico donde parece que el tiempo pasa un poco más despacio. Allí me encuentro con Ignasi Taltavull, humorista y voz del aclamado podcast La Ruina. Entre risas, anécdotas y opiniones que no siempre van a favor de la corriente, el cómico barcelonés nos habla de fútbol y homosexualidad, además de desvelarnos su visión sobre el Barça, sus críticas al deporte moderno y ese punto nostálgico que muchos compartimos frente a un juego que cada vez está más monetizado.

Ignasi, ¿cuál es tu primer recuerdo vinculado al fútbol?

No sé si es exactamente el primero, pero seguro que es de los primeros. Yo debía tener cuatro o cinco años. Estaba en el túnel de vestuarios del Camp Nou porque mi padre, que es socio del Barça desde hace más de 50 años, había conseguido que yo fuera uno de los niños que salen en la foto con los jugadores. De niño, nunca sabes cuándo te va a tocar. ¡Mi padre lo logró!

¡Qué bueno! Imagino que debe de haber una especie de lista de espera.

Ni idea. Supongo que sí. Ahora hay muchísimos niños que van detrás de esto. En mi época no había tantos. Tengo la suerte de poder decir que tengo una foto con el Dream Team.

¿La conservas?

¡Sí! Estaban Romário, Stoichkov, Guardiola, etc. Tengo el recuerdo de ir vestido del Barça y de recibir la instrucción de mi padre de que se me viera bien. Me decía que no me colocara detrás de otro niño, que solo había una oportunidad. Era un one shot. Tenía que salir bien.

¿Le hiciste caso?

Más o menos. Me coloqué al revés de lo que esperaba mi padre. No me atreví a ponerme de pie, aunque no tenía a nadie detrás, pero tampoco me puse en cuclillas. Me quedé a medio camino.

Como un jugador más.

Como un jugador más, exacto. (Risas)

Un jugador más, de cinco años.

Sí. Al paso que vamos, a la edad que debutan, pronto pasará. En fin, creo que ese es mi primer recuerdo.

¿Qué tipo de socio es tu padre?

No es el típico tribunero. Es sufridor, pero muy apasionado. No es el típico pesimista que dice: “Hay que vender a Messi”. No suele criticar a nadie. Es optimista, confía en el equipo y en su estilo, pero sufre muchísimo. Mi padre no ve el Clásico. No puede. Lo ve después, si se ha ganado. Mientras tanto, se va al cine o a dar un paseo, lo cual es fantástico porque significa que su carnet queda libre para mí (risas).

¿Hace lo mismo con las semifinales o finales de Champions?

Estos sí que los ve, porque suceden pocas veces. Si fuera una final Barça-Madrid, creo que no la vería.

Puede que le diera un infarto.

(Risas) Sí, yo creo que sí. Con la edad que tiene, podría pasar. Pero no es un socio rancio ni nada de eso. Él va al campo y anima. Igual que yo cuando me toca.

¿Disponéis de un solo carnet?

En la familia tenemos dos. Uno es de mi tío y el otro de mi padre. Ambos se hicieron socios hace más de 50 años. Creo que todavía no les han dado la insignia de los 50 años, que es un tema largo. No la recibieron porque coincidió con la pandemia. Le prometieron que se la darían en algún momento, pero aún no ha pasado. A mi padre le da igual. A mí me importa más.

Está pendiente, al igual que el homenaje a Messi.

Exacto (risas). Siempre me dice que a él le da igual la insignia, pero yo pienso: joder, estaría bien que se la dieran. Lleva 55 años pagando y yendo todas las semanas.

¿Es tu padre quien te ha inculcado el barcelonismo?

Toda la familia. Mi madre también ve los partidos. Y mi abuela, hasta que falleció a los 98 años. Escuchaba todos los partidos del Barça por la radio. Era fan de Messi como nadie. El tema del Barça siempre ha sido algo familiar, de todos.

¿Podriamos decir que lo raro hubiera sido que no te hubiera gustado el fútbol?

Tampoco me forzaron a que me gustara. Era lo que había. Lo mismo ocurrió con mi hermana. Lo hemos disfrutado porque era un evento familiar. Recuerdo, por ejemplo, la final de la Champions de 1992. No tengo detalles de la final en sí, solo el hecho de que se vio en mi casa, que estaba llena de gente loca, celebrando. Mi tío salió al balcón a gritar y lo recuerdo como algo muy festivo, de unión, de alegría. Como te decía, el Barça siempre estaba presente en mi vida, y lo sigue estando. Crecí en el barrio de Les Corts, y ahora sigo viviendo ahí. Para mí, el Barça es el equipo de mi barrio.

Mola mucho poder decir que el Barça, siendo una marca tan global, es el equipo de tu barrio.

Ya te digo. Realmente, el Barça afectaba mi vida. De chaval estudiaba en el instituto público que hay justo al lado del Camp Nou, así que el Barça estaba súper presente. Cada vez que había algún partido grande, se suspendían las clases porque se consideraba de alto riesgo. Dejaba de ir a clase por el Barça. Mi vida estaba constantemente marcada por el fútbol, así que lo he vivido como algo inevitable. Y lo he disfrutado.

¿Actualmente sigues yendo al Camp Nou usando el carnet de tu padre?

Sí. Mi padre y yo llegamos a un acuerdo. Vamos a un partido cada uno. El orden se decide por sorteo.

¿Hacéis un sorteo? (Risas)

Hacemos una especie de cara o cruz. Quien gana la tirada va al primer partido. Luego se alterna: uno sí, uno no. Y si te toca un partido importante, como las semifinales de Champions, pues te toca a ti y el otro se jode (risas).

Y si tu tío no va, vais juntos, entiendo.

Que va, mi tío va siempre. Mi padre y yo vamos solos. De hecho, solo hemos ido juntos una vez: un Barça-Elche en Montjuïc. Compré las entradas y fuimos. El problema es que ahora, con la gira de La Ruina, no suelo estar en Barcelona los fines de semana. Me gustaría poder seguir con el sistema rotatorio, pero es difícil. Voy a intentar convencerlo de que él vaya los fines de semana y yo entre semana; así me quedo con los partidos de Champions (risas).

Por cierto, ¿de pequeño jugabas a fútbol?

Sí, en el equipo del cole. Era el típico niño al que no ponían ni aunque estuviéramos ganando 17-0.

¿Eras un paquete?

Un paquete absoluto. Pero nunca lo supimos realmente. Quizá, si me hubieran dado la oportunidad, habría mejorado. Fue culpa de los entrenadores, que no me pusieron. Más tarde, jugué en un equipillo de colegas, en la liga universitaria de la UAB. También jugué en liguillas de gimnasio, donde me rompí el menisco.

No jodas.

Esa es mi carrera futbolística. Al principio no jugaba nunca y, cuando empecé a hacerlo, me rompí. 

Abro nueva carpeta, Ignasi; ¿como hombre homosexual, te da rabia que el fútbol sea visto como símbolo de masculinidad?

Me parece perfecto que quieras tocar este tema, porque es interesante, aunque también un poco denso. A veces creo que la afición está más preparada que los propios jugadores.

¿Qué quieres decir?

Quiero decir que, en el caso de que un jugador saliera del armario, creo que la afición respondería bien. Son los jugadores los que lo tienen jodido. Puedo entender que, si un jugador es homosexual, decida no exponerse a según qué riesgos.

 

“En el caso de que un futbolista saliera del armario, la afición respondería bien. A veces creo que la afición está más preparada que los propios jugadores”

 

Pienso lo mismo. Pero a la vez me parece una lástima que tenga que ser un tema tabú.

En muchos ámbitos, incluso en política, hay personas declaradas homosexuales o trans. En cambio, el fútbol masculino sigue siendo el último reducto de la heterosexualidad como norma. Aunque, como te decía, no estoy seguro de que un hecho así en el fútbol trajera necesariamente insultos homófobos en las gradas.

Es posible.

Yo estoy deseando dar apoyo a alguien. La primera camiseta que me compraré del Madrid será la del jugador que salga del armario. Estoy dispuesto a comprármela, te lo juro. ¿Por qué no?

Ha ocurrido en ocasiones contadas que un jugador reconozca su homosexualidad.

También me pregunto por qué deberían decirlo. ¿Por qué nos tenemos que meter con eso? No estamos exigiendo a nadie que lo haga. Estamos pidiendo que, si alguien quiere hacerlo, pueda hacerlo. Es muy distinto. Si algún futbolista lo hace, espero que pueda tener una repercusión positiva. Pero entiendo que no lo hagan. Ante la falta de referentes, se comprende que un jugador piense: “¿Para qué me voy a meter en este lío?”.

Hace falta algún valiente para que se genere un efecto dominó.

Una vez que alguien abra esa primera puerta, le seguirán unos cuantos más. Se establecerá como algo natural. Creo que estamos más cerca de vivir ese momento, igual que ahora estamos más cerca de que el fútbol femenino tenga la presencia que merece y que hasta hace poco no tenía.

¿De qué manera puede contribuir a esto el auge del fútbol femenino?

Todo va junto, igual que el racismo. Todo lo que signifique que la gente pueda ser quién es y no tenga miedo a ser discriminada nos beneficia a todos. Luego está el nivel institucional, donde la cagan. La FIFA, sin ir más lejos, decide organizar un Mundial en Qatar, un país donde se discrimina a las mujeres y a los homosexuales. A nivel de futbolistas, de compañeros, que un jugador salga del armario y se muestre tal como es no creo que llegue a ser un problema. Son chavales jóvenes. No creo que discriminen a un compañero por ello.

Hay miedo.

Es un miedo al tabú y a lo desconocido. Es comprensible. Hay miedo a no saber qué consecuencias puede haber y pensar que quizá es mejor no ser el primero en tirarse al río. A lo mejor está bien ver cómo se lanza otro y, cuando compruebas que el agua no está tan fría, te lanzas tú.

Cambiando de tema, Ignasi; te dedicaste un tiempo al periodismo deportivo. ¿Cómo te metiste en ese mundo?

Me metí porque pensé que era una buena idea. Estaba terminando la carrera y…

Ah, ¿eres periodista?

No, porque me falta un año. Estudié cuatro años de periodismo, pero me quedaban unas asignaturas que nunca llegué a hacer.

Eres casi periodista, entonces.

Soy casi periodista, exacto (risas). En el quinto año, cuando me tocaba hacer las asignaturas finales, ya había empezado a trabajar, así que nunca me las saqué. Empecé en Ona FM, una emisora deportiva del Grupo PRISA. Ya no existe. Nos despidieron a todos, pero funcionaba muy bien. Me dediqué a ello porque era un curro, y yo, en aquel momento, lo que quería era currar.

Dentro del periodismo, ¿tu intención era meterte en la rama deportiva?

No. Me salió esto y me pareció natural, porque me gustaba mucho el fútbol y me parecía divertido. Fue como: “Venga, ¿por qué no?”. Pero mi idea siempre había sido hacer algo relacionado con el humor, aunque no directamente ser cómico.

En Ona FM comentabais los partidos del Madrid desde la perspectiva ‘culé’, animando a muerte a sus rivales. ¿Verdad?

Eso mismo. Y tuvo un éxito increíble. En Ona FM solo se comentaban los partidos del Barça, hasta que se me ocurrió: “¿Y si hacemos los partidos del Madrid pero con óptica del Barça?”. Pensé que era algo que yo mismo escucharía. Al final se convirtió en un sketch y, cada semana, cambiábamos el nombre de la emisora dependiendo del partido.

Rollo “Radio Bayern de Múnich”, ¿no? (Risas)

Exacto: “Radio Bayern de Múnich”, “Radio Depor”, etc. Hacíamos ver que éramos seguidores del Depor de toda la vida. Era básicamente un programa de humor, porque el Madrid ganaba prácticamente siempre. Entonces, cuando el Madrid ganaba 2-0 o 3-0, cambiábamos de tema, fingiendo que ya no nos interesaba el partido. Teníamos secciones en las que simulábamos que el partido no nos importaba. El día que perdía el Madrid, aquello era una fiesta alucinante.

Esto se hace ahora en algunos podcasts, incluso en algunas radios, pero entonces era algo rompedor.

En ese momento no había nada igual.

Quizás RAC1 puede asemejarse, que también comenta los partidos del Madrid animando al rival sin disimulo.

Pero entonces RAC1 no daba los partidos del Madrid. Lo han empezado a hacer hace relativamente poco. Pero sí, igual que nosotros, gritan a muerte los goles del rival del Madrid. No te diré que nos lo copiaron, pero…

Pero sí. (Risas)

Creo que pudimos satisfacer una necesidad del oyente del Barça: la de poder seguir los partidos del Madrid sin tener que escuchar la COPE, la SER o cualquiera de estas.

Y de esa manera, sin filtro alguno, sin máscara.

Claro. Hubo mucha gente del Madrid que se enfadó, pero también hubo mucha que lo entendió. Muchos pensaban que, si en Madrid hubiera una emisora que animara así a los rivales del Barça, también la escucharían.

Esto ya lo hace la COPE. (Risas)

(Risas) Es verdad. No lo necesitan. Además, tienen varias opciones.

Aquello se hizo viral hasta el punto que te llamó Pedrerol, ¿no?

Sí. Se generó polémica con lo de Ona FM, por cómo celebrábamos los goles contra el Madrid, y me llamó. Fui a Punto Pelota como tertuliano unas cuatro o cinco veces.

¿Te sorprendió que te llamara?

Un poco, sí, claro. Pero fue un buen detalle por su parte. Pasamos de ser una radio que conocían cuatro personas a, de repente, recibir tweets de todo Dios, muchos de ellos insultándonos. Josep me llamó para tranquilizarme un poco. Me pareció guay. Me dijo que habían hablado de nosotros en el programa y que daría juego que yo fuera allí. Y así fue. Por cierto, uno de los días que fui al programa fue el de la semifinal de Champions en la que Messi marcó dos goles y expulsaron a Pepe por la entrada a Dani Alves.

¿Fuiste a Punto Pelota esa misma noche?

¡Sí! Vi el partido en el Bernabéu, rodeado de madridistas. Estaba cagado de miedo (risas). Luego fui al programa y tuve el sueño de todo barcelonista: ir a Punto Pelota a decirle a Tomás Roncero en la cara que habíamos ganado. Creo que es el mejor día de mi vida.

Tocaste el cielo de cualquier aficionado del Barça.

Toqué el cielo, sí. Y fue una experiencia muy guay, sinceramente.

¿Qué tal el ambiente en Punto Pelota?

Todo el mundo me trató muy bien. Tengo un recuerdo muy bonito de aquello. Pedrerol fue muy majo conmigo. Roncero es una persona increíble. Siro López, también. Y Carme Barceló y Pipi Estrada. No sé cómo debe ser trabajar allí cada día, pero como visitante fue muy guay.

¿Cuánto hay de verdad y de teatro en ese programa, que más tarde mutó a lo que es ahora El Chiringuito de Jugones?

Se habla mucho de performance, pero yo creo que ellos son así, tal como los ves. No creo que aquello sea teatro. Es un programa de televisión y, como tal, busca dar espectáculo. Sinceramente, yo veo El Chiringuito porque me parece que no hay un programa de tele mejor. Lo que ofrece El Chiringuito —el ritmo que tiene, con nueve personas hablando a la vez— es único. A nivel de realización es una virguería: pantallas partidas, cambios de plano constantes, zooms loquísimos, etc. Está claro que Roncero o Cristóbal Soria no gritan así fuera de las cámaras. Pero cuando están allí se lo creen, y como espectáculo es un programa de televisión que muy pocos pueden igualar.

Taltavull

Cuando tú fuiste todavía estaban en Intereconomía, claro.

Exacto. El Gato al Agua se hacía cinco minutos antes, en el mismo plató. Tenían que levantarse aquellos señores con sus copas de vino mientras montaban los banquillos y el césped artificial. Poder vivir eso, en directo, fue como vivir otra vida.

Más tarde estuviste como guionista en Crackòvia, el programa de sátira deportiva de TV3.

Sí. Estuve en Crackòvia como guionista, y de repente me vi escribiendo sketches sobre Pedrerol y los tertulianos —en este caso, interpretados por imitadores—, lo cual era absolutamente surrealista. Crackòvia era un programa muy guay.

Para el éxito que tuvo, murió muy pronto.

Creo que estuvo bien que Crackòvia terminara. En su momento, cuando nos cerraron, me supo muy mal, pero con el tiempo pienso que estuvo guay. No llegó a quemarse. Todo el mundo guarda un buen recuerdo de Crackòvia.

¿Crees, por contra, que Polònia, el programa equivalente en materia política, sí se ha quemado?

No, porque Polònia, más que un problema, tiene la suerte de que la política siempre es muy relevante y ofrece constantemente nuevos personajes.

¿Y el fútbol no?

No lo sé. A lo mejor tenemos que agradecer no haber intentado hacer chistes en la época de Valverde, ¿sabes? (Risas) ¿Qué tenía el personaje de Valverde? Luis Enrique era, y sigue siendo, un tío con una personalidad acojonante, pero es difícil sacarle juego humorístico. Los últimos años de Crackòvia, que son los que viví yo, cuando empezaron a entrar los imitadores de Los Manolos, los recuerdo muy divertidos. Está bien que terminara, porque la gente se quedó con la mejor sensación posible.

¿Después de aquello fue cuando aparcaste definitivamente el periodismo y te metiste en comedia?

En comedia ya llevaba un tiempo metido. Hice de periodista deportivo durante tres años y, cuando nos echaron de Ona FM, tuve que reinventarme. Nadie me llamaba para hacer nada y pensé: “¿Qué quiero hacer realmente con mi vida? Aún soy joven, tengo 25 años”. Entonces empecé a hacer vídeos en YouTube con mis colegas de la uni. Hacíamos sketches en un canal que se llamaba Haciendo la Mierda.

¿Tuvo éxito?

Más o menos, para lo que era YouTube en aquel entonces, cuando ni siquiera existía el concepto de “youtuber”. A partir de ahí me llamaron de Crackòvia como guionista, que era fútbol y humor al mismo tiempo.

La mezcla te venía perfecta.

Claro, tenía la parte del humor, pero también la del fútbol. A partir de ahí empecé a hacer stand-up y me fui al programa Està Passant de TV3 como guionista. Al poco tiempo de comenzar allí nació La Ruina. Desde entonces, nunca más quise volver al periodismo deportivo. Tuve claro que quería dedicarme solo a la comedia.

¿Por qué?

Porque es lo que siempre me ha gustado. Uno no sabe que puede dedicarse a ello. Como no lo haces, no lo sabes. Además, no contemplas que pueda ser una profesión a tu alcance. Ni siquiera sabía que la posibilidad de ser guionista existía. Y de repente, pensé: “Un momento, si empiezo a escribir guiones, si entiendo cómo funciona un chiste, quizá pueda formar parte de ese mundo”. Siempre he querido dedicarme a la comedia. ¡Si con 12 años me disfracé de Buenafuente por Carnaval!

¿En serio? (Risas)

Me puse un traje, unas gafas y me pinté la perilla. A mis padres, además del fútbol, siempre les ha gustado mucho el humor. Mi madre, por ejemplo, me llevó a ver a Pepe Rubianes cuando tenía 13 años. A Faemino y Cansado los he visto muchas veces, pero la primera vez que los vi tenía 14 o 15 años; también me llevaron mis padres. La comedia siempre ha estado muy presente en mi vida.

¿El fútbol se vive mejor siendo solamente aficionado?

Yo lo prefiero. Si algún día me llaman de algún sitio para opinar de fútbol, iré. Pero como tertuliano, habitualmente, no. Me gusta hablar de fútbol porque lo sigo y me apasiona, pero no me gustaría que mi vida girara alrededor de los resultados de un equipo. Una cosa es sentirlo emocionalmente como seguidor. Otra muy distinta era cuando estaba rezando para pasar a la siguiente ronda de Champions porque entonces cobraba más pasta. Cobraba por partido, así que había un motivo económico detrás. No es agradable vivir el fútbol así. Cuando estás en la rueda del periodismo deportivo, empiezas a ver los ciclos. Todas las polémicas son exactamente las mismas todos los años.

El fútbol es cíclico, sí, como bien dice el tópico.

Siempre se habla de lo mismo: el Barça-Madrid, el palo de las selecciones, el típico entrenador que se pone en duda, etc. Cada año es lo mismo una y otra vez. Cambian los nombres de los protagonistas, pero todo sigue igual. Como periodista, no puedes escapar de ello. Como aficionado, sí. Puedes pensar: “Bueno, esta semana no leeré los artículos ni nada”. Como periodista tienes que obligarte a pensar que la actualidad del fútbol es súper interesante todo el rato. Y no siempre lo es, no nos engañemos.

Cambiando de tema: ¿qué sensaciones te produce el Barça de Flick?

Muy buenas. A ver, esta temporada es verdad que nos mete gol cualquiera. Creo que, si jugamos tú y yo contra el Barça, algún gol podríamos marcar (risas).

Lo que parece claro es que hubo un punto de inflexión en el club desde la llegada de Hansi.

Sí. Por eso no me preocupa perder. Incluso el día del Bernabéu, cuando nos ganaron, tuve claro que influyeron mucho las bajas. Se compite siempre bien y el juego ofensivo es cojonudo. La personalidad que transmite Flick nos viene de maravilla. Es guay este tío. Creo que funciona, en parte, porque sabe poco de nosotros. No nos entiende (risas).

No conoce el entorno. Lo cual a Xavi, por ejemplo, solo le trajo problemas.

Flick me transmite seguridad, la sensación de que el tío va a resolver los problemas que tenemos. Ha sacado lo mejor de la plantilla. Raphinha, por ejemplo, es muchísimo más importante de lo que creíamos. Si algo consigue Flick es que no estés preocupado.

Preocupados están muchos con Lamine Yamal, sobre todo por su vida fuera del terreno de juego.

No me preocupa toda esta historia, que es un poco artificial, sobre la vida de Lamine Yamal. Tengo la sensación de que, en general, no gusta cuando un jugador hace muchas cosas fuera del campo. Ya pasaba con Neymar y su rollo con los “toys”. También pasaba en la última época de Ronaldinho.

Con Messi nunca hubo polémicas de este tipo.

Porque no sabíamos nada de lo que hacía Messi. Solo sabíamos que tenía un perro enorme y poco más. Sabíamos que tenía un jardín y que había un perro ahí durmiendo o jugando. Lo veíamos hacer toques con una mandarina junto al perro, pero realmente no te lo podías imaginar fuera del campo. Daba muy pocas declaraciones. Messi nos gustaba porque era una figura parecida a Mickey Mouse, alguien que no parecía existir del todo, un referente casi ficticio.

Mickey Mouse no da declaraciones, es verdad. (Risas)

Exacto. No puedes discutir con Mickey Mouse. No sabes qué hace Mickey Mouse fuera de la pantalla. Siempre está bien. Siempre está ahí. Juega, hace lo suyo. Por eso nos gustaba Messi. Cuando alguien aparece vestido de forma un poco original o hace algo diferente, la gente se pone nerviosa: “¿Qué pasa? ¿Por qué esta persona tiene tanta personalidad?”. Nos gusta el jugador que trabaja, el que corre a por un balón que sabe que se va a perder y la gente piensa: “Mira, se esfuerza por algo inútil”. Ese es el reto que tiene el barcelonismo con Lamine Yamal. Que lo critiquen desde Madrid lo entiendo. Pero aquí he escuchado a mucha gente del Barça decir cosas como: “Este chaval lo hemos perdido”. Eso es lo que me sorprende.

¿Te cae bien Lamine Yamal?

Es un niño. ¿Cómo me va a caer mal un niño? Esa es la sensación que tengo. ¿Cómo se supone que tengo que plantearme si me cae bien o no ese chaval? No sé de qué hablaría con él. Si se sentara conmigo, supongo que haría alguna broma. Tengo la sensación de que, más o menos, se llevaría bien con todo el mundo. No me transmite hostilidad. Lo siento como uno de los míos y quiero que le vaya bien.

Más allá del fútbol, ha demostrado tener personalidad.

Sí, tiene mucha personalidad. Y eso que está en una situación que ninguno de nosotros podría gestionar a nuestra edad. La presión mediática y la vida que lleva esta gente no son normales, ni siquiera deseables. No envidio en absoluto la vida de Lamine Yamal. No querría estar en su lugar.

 

“Messi nos gustaba porque era una figura parecida a Mickey Mouse, alguien que no parecía existir del todo, un referente casi ficticio”

 

Su padre, por cierto, se ha convertido en una especie de influencer.

(Risas) Normalmente, en el fútbol, cuando conoces al padre de un jugador nunca es por una buena razón. Cuando empiezas a conocer al padre es porque hay un tema de dinero detrás, algún personaje intruso, algo raro. Como cuando, de repente, todo el mundo empezó a conocer al hermano de Ronaldinho. Nunca es por un buen motivo. Nunca es porque el tipo sea majo (risas).

Ahora me viene a la cabeza el padre de Messi.

El padre de Messi también estuvo muy presente. Pero hace mucho tiempo que no se le ve. Creo que tuvo problemas con Hacienda, no lo recuerdo muy bien. No me acuerdo bien de esa época.

¿Cómo viviste, por cierto, la marcha de Messi?

No me lo creí. No lo entendía. No podía ser. Incluso ahora no me lo creo. ¿No es rarísimo pensar que Messi estuvo en el PSG? No me lo creo, sigo sin creérmelo. En Miami vale, porque para mí es algo que no forma parte del fútbol.

Cuesta que los mitos salgan bien del Barça.

Ya. Muy pocos se salvan. La salida de Guardiola también fue extraña; toda esa transición fue muy rara y acabó con él enfrentado con la directiva.

Xavi tampoco se fue del todo bien del banquillo.

Es muy difícil acabar bien aquí. Y Lamine Yamal saldrá mal del Barça, no por Lamine Yamal, sino por el Barça. Porque así es como hemos tratado siempre a la gente.

Volvamos a la comunicación, y al humor; antes hablabas de El Chiringuito como un gran producto audiovisual. ¿Qué prefieres: un show de este tipo o algo más satírico tipo La Sotana?

La Sotana no es tan diferente de El Chiringuito. Obviamente, es diferente en cuanto al estilo y la forma de pensar. Pero lo que buscan es un poco lo mismo, que no es otra cosa que la realidad.

No sé si te sigo.

A los cuatro de La Sotana, a quienes les tengo mucho cariño y me gustan mucho, se les nota que lo suyo es genuino. Ese programa —más que un producto— es lo que ellos son. Hacen lo que les da la gana. Eso es lo que te hace verlo cada semana. Manel, Magí, Joel y Andreu opinan y dicen lo que quieren y como quieren. Lo que te hace ponerlo es que es real, auténtico.

Estoy de acuerdo. Además, es un programa puramente espontáneo, más allá de las secciones.

Totalmente. Y nunca están pensando en las consecuencias de lo que van a decir. En ese sentido se parece a El Chiringuito.

Han tenido la suerte de encontrar un sitio independiente, que no forma parte de ningún medio.

La suerte, entre comillas. Porque, más que haber encontrado ese lugar, es que no les han permitido encontrar otro que no fuera ese. Como seguidor suyo, estoy contento de que hayan insistido en esa idea al 100%. Y que, a pesar de las mil presiones que han tenido —algunas incluso del propio Barça—, se hayan mantenido fieles a su proyecto. Creo que la suya es una victoria para la comedia, pero también para el país. Es como decir: “Ok, ningún medio tradicional nos da esta oportunidad. Nosotros, con nuestros seguidores en Patreon, nos haremos fuertes y de aquí no nos mueve nadie”. Tener la libertad de poder hacer lo que quieres, sabiendo que tu gente te sostiene, para mí es lo mejor. Mucho mejor que estar en una emisora de radio o un canal de televisión.

Por cierto, ¿a Tomás Fuentes le gusta el fútbol?

No. A veces me pregunta algo para hacer un chiste, o me acompaña a ver algún partido si estamos fuera, de gira. Voy a ver el partido en el bar y él está a mi lado, aburrido (risas).

En La Ruina se ha hablado poco de fútbol, ¿verdad?

Sí, hay poco fútbol en La Ruina. Me gustaría que vinieran jugadores, pero no hay forma..

¿Lo has intentado?

Sí, pero nadie quiere.

¿Con quién lo has intentado?

Con prácticamente todos (risas). Con el fútbol femenino lo hemos intentado mucho, pero nada. Creo que no nos conocen. Pienso que el primer futbolista —o la primera futbolista— que venga tiene que ser alguien que sea fan. De entrada, un futbolista no tiene mucho que ganar viniendo a La Ruina. Entiendo que piensen: “¿Para qué voy a ir ahí a exponer mi vida?”. Tiene que ser alguien que nos escuche previamente. No sé si hay algún futbolista que nos escuche. No sé si escuchan pódcasts. Cuando van con los cascos, siempre pienso que escuchan, no sé…

¿Reguetón?

Sí, o rap. Nunca pienso que un futbolista está escuchando Nadie Sabe Nada. A lo mejor sí. Molaría. Imagínate a Tchouaméni escuchando La Sotana. Sería increíble (risas). Siempre pienso que en los auriculares de los futbolistas nunca hay pódcasts. Y a lo mejor sí: a lo mejor llevan un audiolibro.

A lo mejor.

No lo sabemos. No sabemos qué hay detrás de los jugadores.

Vayamos a un tema más sociológico, Ignasi: ¿por qué crees que el fútbol consigue que personas racionales pierdan la objetividad?

Bueno, esa es la gracia del fútbol: lo que te hace sentir. El gol de Sergi Roberto contra el PSG, joder, eso es como tener un hijo. No hay nada que lo iguale. Nada. Ninguna película, por muy buena que sea. Ningún show de comedia. Nada. Esa catarsis no existe en otro sitio. Ni siquiera en un concierto. La sensación del gol de Iniesta en Stamford Bridge, por ejemplo, es una explosión que no tiene comparación.

Es que el arte, o la comedia, te generan otras emociones. Como dices, hay cosas que solo consigue el fútbol.

La implicación emocional que genera el fútbol es brutal, y ese “estaba muerto y ahora estoy vivo” no te lo da nada más. Creo que eso es el fútbol. Lo que no me gusta es aquello de intentar intelectualizarlo.

Te entiendo. Te refieres a esa gente que dice algo así como: “Os ponéis locos por 22 tíos corriendo detrás de un cuero, menuda gilipollez, bla, bla, bla”.

¡Eso! Y lo hacen desde el pedestal, desde esa absurda supremacía. Lo que mola del fútbol es, precisamente, esa cosa primaria. El fútbol es darle un puñetazo a la pared cuando alguien falla un penalti. Para mí, el fútbol es el tío calvo y gordo pintado con la bandera de Inglaterra. Yo no soy esa persona, pero cuando lo ves cantar y gritar, tienes que reconocer que eso es fútbol. No son los tipos de traje en los despachos o en las salas VIP, ni esa gente que se gasta 2.500 euros en ver un Barça-Getafe con una copita de cava, o estas mierdas de la kiss cam o los speakers cantando los goles con un musicote tremendo de fondo. El fútbol es deporte. Todo lo demás, todas esas parafernalias que lo quieren rodear, no forman parte del fútbol.

Todo esto que mencionas tiene que ver con el estilo americano de vivir los eventos deportivos, cada vez más presente en Europa.

Lo odio. Esto que hace el Barça últimamente de decir: “¡Gol de Ferran…!”. ¿Qué coño, tío? ¿Me vas a hacer gritar “Torres” ahora? ¿Qué tontería es esta? ¿En qué momento decidimos que esto es mejor que lo que había antes?

Antes había un speaker que cantaba la alineación, y nada más.

Exacto. Manel Vich, que era la voz que anunciaba la alineación del Barça, y ya está. Hacías “uee” con cada nombre y, con el de los rivales, silbabas. Eso era todo. Todo esto de la kiss cam y demás tonterías solo lo hacen cuando lo que pasa en el campo es aburrido. Entonces intentan disimularlo, y se les ocurre poner alitas de pollo a dos euros y Pepsi de litro.

Los clubes tratan de ganar dinero con este tipo de cosas.

Sí, lo de ganar dinero vendiendo nuggets lo entiendo. Pero el videomarcador no te hace ganar más o menos dinero. Cuando fui a EE. UU., fui a ver un partido de los Yankees sin saberme las normas. Me di cuenta de que a nadie le importaba el deporte; íbamos a hacernos selfies, a tomarnos una Pepsi de litro y a cantar YMCA de Village People. Yo no quiero eso para el Barça. Sería el final del fútbol. Entonces dejaré de ir. No pagaré 600 pavos por cantar la Macarena y comerme un frankfurt frío.

Por si fuera poco, te meten actuaciones musicales en el descano. (Risas)

Para eso voy a un concierto. Prefiero escuchar la radio, a ver qué dicen de la táctica. Lo de la radio molaba mucho y se ha perdido. Me acuerdo de muchas tardes en el Camp Nou cuando había muchos partidos a la vez y escuchabas: “Ha marcado el Athletic” o gritos de “¿Qué ha pasado? ¡Penalti a favor del Madrid, hostia puta!”.

¿Qué me dices de Cat, la nueva mascota del Barça?

Mira, esto me gusta, la mascota me hace gracia y me compraré el peluche. Ah, otra cosa que no me gusta, ya que estamos, es lo de que venga gente a interpretar el himno. Ponme el clásico, cojones. (Risas) Ponme la grabación de los señores que ya llevan muertos hace años. He venido a esto. Esta modernidad, como la peña que viene a grabarse TikToks, la odio.

Pues con la muerte del fútbol, Ignasi, terminamos. ¿Qué te parece? 

(Risas) Sí, yo creo que es el mejor momento.


SUSCRÍBETE A LA REVISTA PANENKA


Fotografías de Lluís Inarejos.