Los medios de comunicación estadounidenses le conocen como el ‘Tío Sam’. Y lo cierto es que hay pocas figuras más representativas que él para explicar el crecimiento que vivió el soccer en la década de los 90. Mano derecha del mítico Bora Milutinovic en USA’94, tuvo la oportunidad más tarde de entrenar él mismo a la selección de Estados Unidos en Francia’98. Esta es nuestra charla con Steve Sampson, que no llegó a tiempo para integrar el dossier dedicado al fútbol estadounidense publicado en el #Panenka28 y que podéis comprar en este enlace.

¿Cómo recuerda el momento en el que, en 1993, entró a formar parte de la selección nacional de USA como asistente de Bora Milutinovic?
Para mí fue un gran honor ser parte de la selección de los EEUU, especialmente al lado de un entrenador con tanta experiencia en el futbol internacional. Cuando no había una liga profesional en los EEUU, una oportunidad así era lo mejor que podías esperar. En 1992, yo estaba como vicepresidente del comité organizador del Mundial de los EEUU, aunque extrañaba mucho la cancha. Mi pasión siempre ha sido entrenar y estar a pie de campo, así que cuando Bora me ofreció el reto supe que no podía desaprovecharlo.

¿Cómo le definiría?
Es uno de los mejores entrenadores del mundo. Una persona con mucha experiencia, que entiende mucho sobre fútbol internacional y que sabe perfectamente cómo manejar un grupo. Es muy pasional y eso consigue traspasárselo a sus jugadores. Todo el mundo debería reconocer a Bora por el gran impacto que ha causado en el fútbol moderno.

Sin duda ha desempeñado un papel trascendental en el desarrollo del soccer en los Estados Unidos…
Totalmente de acuerdo. Él profesionalizó el jugador norteamericano, le enseñó el compromiso de trabajar duro y la necesidad de tener la mentalidad y la confianza adecuadas para enfrentarse y competir contra cualquiera.

¿Considera que el Mundial de USA’94 fue el acontecimiento que impulsó definitivamente al soccer como deporte de masas en su país?
Sí, fue la operación perfecta para promocionar nuestro fútbol. Por un lado queríamos demostrar que éramos capaces de organizar un Mundial exitoso. Y por otro, aprovechamos la ocasión para crear una liga profesional que pudiera llegar a competir algún día con los mejores torneos del mundo. Estamos en ello y creo que hemos progresado mucho más en poco tiempo que algunos países que juegan a este deporte desde hace 100 años.

Teniendo en cuenta que estaba también en los despachos del comité organizador de la competición, nadie como usted debe saber lo difícil que es organizar un Mundial.
Para mí fue una tarea muy complicada, sobre todo por qué me tocó trabajar con gente que no era tan apasionada al fútbol como yo. Para la mayoría de ejecutivos el Mundial solo era un negocio. Al final logramos nuestros objetivos y pasamos a la historia, pero eché en falta más sentimiento por parte de las empresas organizadoras, algo que seguramente no hubiera pasado en otros países. Por suerte esto ha cambiado mucho y hoy se intentan combinar los intereses comerciales con la pasión deportiva. Ojalá no retrocedamos en el tiempo nunca más.

¿Cuáles son los principales cambios que observa hoy en día en el fútbol de Estados Unidos a nivel organizativo y competitivo si lo compara con cómo era todo en 1994?

“El Mundial de USA’94, para algunos, fue solo un negocio. Conseguimos los objetivos, pero eché en falta más sentimiento y pasión en las empresas organizadoras”

No hay comparación posible. Actualmente, por ejemplo, tenemos a más gente jugando en ligas de alto nivel en Europa. Y contamos con un torneo profesional muy consistente, que tiene asegurado el futuro gracias a las inversiones de muchos dueños multimillonarios. También las infraestructuras han evolucionado mucho. Tenemos estadios específicamente de fútbol, con un promedio de asistencia de 22.000 espectadores que ya les gustaría tener a muchos otros países del mundo.

Fue usted el encargado de dirigir a la selección en la Copa del Mundo de Francia. ¿Qué momentos guarda de su experiencia en el banquillo desde 1995 a 1998?
Ganamos a México por 4 a 0 en 1995 y la Copa USA. También conseguimos vencer claramente a Argentina durante la Copa América, aunque perdimos las semifinales ante Brasil. Otro encuentro que recuerdo especialmente ante el conjunto azteca fue un 0 a 0 que le arrancamos en su cancha pese a jugar con un hombre menos durante 60 minutos. Nos clasificamos para el Mundial perdiendo solo dos partidos, algo que fue histórico, y durante este periodo también le ganamos por primera vez a Brasil durante la Gold Cup. Cambiamos la dinámica de la selección; en vez de competir para no perder, jugábamos para ganar.

¿El hecho de ganarle a Argentina en la Copa América de 1995 y a Brasil en la Gold Cup de 1998 puso las expectativas demasiado altas en torno al papel que aquella selección podía hacer en el Mundial de Francia?
Seguro. Jugamos contra Alemania, la campeona de Europa, en el primer partido. Y pese a que mostramos crecimiento sobre el césped, acabamos perdiendo. Aunque en EEUU, la imagen o la forma de hacer las cosas importan poco. Te juzgan únicamente por los resultados que consigues.

¿Qué influencia tuvo el asunto Harkes-Wynalda en el rendimiento de la selección en aquel Mundial? ¿Afectó moralmente al equipo?
Si te soy sincero, creo que ese percance destruyó la química de todo el grupo. Nos afectó mucho más de lo que nadie hubiera podido imaginar.

¿Qué diferencias a nivel técnico y táctico observa entre aquella selección a la que usted dirigió y el combinado USA que Jürgen Klinsmann entrenará durante este verano en Brasil?
Técnicamente no hay mucha diferencia. Tácticamente el equipo de Jürgen tiene un poco más de paciencia en el ataque y psicológicamente quizás están un poco mejor preparados. El grupo que nos ha tocado es increíblemente difícil. Pero con los norteamericanos nunca se sabe. Aquí siempre tendemos a pensar que podemos con todo, somos de mentalidad muy fuerte. A ver si damos la sorpresa.

¿Cree posible que el equipo nacional de Estados Unidos pueda convertirse en un candidato claro a la conquista de la Copa del Mundo a medio plazo, por ejemplo en el Mundial de 2018 o en el de 2022?
Yo creo que esto depende totalmente de la calidad que tengan los jugadores, las ligas en las que se desarrollen y de las condiciones con las que el grupo se prepare para jugar una competición tan exigente como un Mundial. Pero las fechas que me citas todavía me parecen prematuras si no surge de repente un jugador realmente desequilibrante.

¿Qué le falta al jugador norteamericano y a su selección, a nivel general, para estar a la altura de españoles, brasileños, alemanes, argentinos u otras potencias futbolísticas mundiales?
Tácticamente y físicamente, creo que estamos bastante equiparados a todos ellos. Pero para alcanzar su nivel necesitamos jugadores especiales, que puedan meter goles en momentos claves ante los mejores equipos.

La oportunidad de que surja un futbolista de estas características ha aumentado con el nacimiento y el crecimiento de la MLS…

“La MLS acabará compitiendo con los grandes torneos. Los norteamericanos no entendemos otra forma de pelear por nuestros objetivos que no sea creer en que vamos a conseguirlos”

Un paso importantísimo, sí. Sin una liga profesional no podemos pensar en lograr nuestro objetivo de ganar un Mundial. La MLS ha permitido a miles de jugadores perfeccionar su oficio. Esta liga será nuestra salvación. La MLS podrá competir con los grandes torneos si los dueños de los equipos se convencen para invertir en contratar a los mejores jugadores del mundo cuando estén en su mejor momento. Nuestros chicos necesitan jugar con y contra los mejores para aumentar su nivel.

¿Qué evolución ha visto en la MLS y en su nivel como campeonato desde su etapa como entrenador de LA Galaxy hasta hoy?
En general hay más talento y más igualdad entre los equipos. También hay más dinero para contratar jugadores franquicia y mejores salarios para los futbolistas más jóvenes. Estamos incluso demostrando un nivel más alto que nuestros rivales mejicanos, así que no me resulta descabellado imaginar pronto a alguno de nuestros equipos competiendo en un Mundialito de Clubes.

¿Y qué opina sobre el hecho de que figuras europeas como David Beckham, Robbie Keane o Thierry Henry finalicen sus carreras en la MLS?
La participación de jugadores como estos no solamente ayuda dentro de la cancha, sino sobre todo en la promoción de nuestro fútbol y en la credibilidad de la liga. Sin embargo, una inyección de jugadores europeos menos famosos per más jóvenes ayudaría enormemente.

Aparte de entrenar y coordinar, usted también fundó y dirige una prestigiosa academia de formación de futbolistas. Me imagino que no debe ser fácil captar la atención de los chicos por el soccer con la competencia feroz de otros deportes como el football, el baseball o el baloncesto.
Aquí los chicos generalmente esperan hasta los 15 años para decidir cuál es el deporte que quieren que complete sus vidas. La mayoría de ellos siempre han pensado que es más fácil encontrar buenas oportunidades y labrarse una carrera como profesional en otras disciplinas. Aunque poco a poco la tendencia ha ido cambiando. La clave está en el mejoramiento de los salarios de la MLS. Quizás en veinte años el mejor jugador del mundo sea un estadounidense.

¿Cómo se imagina que será el fútbol en los Estados Unidos dentro de 10 años, cuando celebremos el 30º aniversario del Mundial 1994?
Los Estados Unidos y su fútbol seguirán progresando en todos los aspectos. Necesitamos mejor asistencia en los estadios, desarrollar jugadores ‘top’, contratar europeos en el cenit de su carrera y conseguir que el aficionado general nos tome en serio y se enganche a ver la MLS también en la televisión. Pero como ya he dicho antes, los norteamericanos no entendemos otra forma de pelear por nuestros objetivos que no sea creer en que vamos a conseguirlos.