Este artículo está extraído del #Panenka157, un número dedicado al fútbol escocés
Terminaba el mes de junio de 1882 cuando un barco de vapor dejó en el puerto de Portsmouth a un médico escocés. Llevaba apenas diez libras en los bolsillos pero las ideas le bullían en las sienes. Había conocido mundo -de África occidental al Ártico- y ahora, a sus 23 años recién cumplidos, tocaba sentar la cabeza. En esa localidad costera del sur de Inglaterra podría abrir una consulta, formar una familia y, tal vez, dar rienda suelta a un personaje literario que llevaba tiempo merodeándole la imaginación. En Portsmouth, Arthur Conan Doyle aspiraba a todo eso y, como buen burgués británico de finales del siglo XIX, también a seguir cultivando su afición por el deporte: boxeo, críquet, bolos y, cómo no, fútbol.
El doctor Doyle solo tardó unas semanas en instalarse en un piso del barrio de Southsea. Algo más necesitaría para que acudieran sus primeros pacientes. Ante la falta de clientela, ocuparía las horas muertas escuchando conferencias de la Sociedad Literaria y Científica local o asistiendo a debates sobre el conflicto de Irlanda. Nacido en Edimburgo, Doyle era un católico de raíces irlandesas. Sin embargo, nunca se mostró muy cercano al nacionalismo de la isla verde. Las desventuras políticas, de todas maneras, no eran las que le quitaban el sueño. En el Southern Daily Mail le describían así: “Nuestro talentoso vecino aspira a ser escritor mientras mantiene sus músculos en forma practicando el críquet y aterrorizando a sus oponentes en los campos de fútbol”.
Uno de los escritores de ficción detectivesca más importantes del mundo también jugó a fútbol. Sus paradas estuvieron bajo lupa
Aunque ya había redactado algunos relatos, en 1883 lograría publicar El Capitán de la estrella Polar, un novelado refrito de sus experiencias como cirujano a bordo de un ballenero. Ese mismo año conoció a la hermana de uno de sus escasos pacientes, con la que contraería matrimonio. Y aún tendría tiempo de trabar amistad con el arquitecto Arthur Edward Cogswell, quien ese mismo 1883 acababa de fundar el Portsmouth Association Football Club. Durante el siguente lustro, el equipo no jugaría un partido sin que Doyle anduviera cerca, ya fuera como portero, defensa o directivo…



