Con el Mundial de España, del que este mes de junio se cumplen 40 años (y nosotros lo celebramos con este número especial), nació una tradición: la de entregar distinciones individuales al mejor futbolista y al máximo goleador del torneo. Repasamos cómo se han distribuido estos reconocimientos en las siguientes ediciones de la Copa del Mundo y hasta qué punto han generado -como cualquier premio individual en un deporte colectivo- controversia. España’82 no solo nos descubrió a Naranjito; también nos familiarizó con el Balón de Oro y la Bota de Oro mundialistas. Pasen y vean.

Paolo Rossi no dejó ni las migajas. Además del Mundial, el atacante de la Juventus se llevó para Italia el Balón de Oro y la Bota de Oro de España’82. Aunque parezca mentira, nunca más ha vuelto a ocurrir. Desde entonces, ningún otro ganador del torneo ha sido máximo goleador y mejor jugador a la vez. Cabe decir que, meses después, el delantero recibiría otro galardón dorado, el Balón de Oro de France Football al mejor jugador del año. Con seis tantos, tres de ellos a la gran favorita para llevarse la Copa del Mundo, Brasil, en un duelo épico disputado en Sarrià, Rossi fue una pieza fundamental para el tercer título mundialista de la ‘Azzurra‘. Hasta el hat-trick a la ‘Canarinha‘ en el último partido de la segunda fase de grupos, Rossi no había visto puerta. Tras aquella actuación, un doblete en semifinales para derrotar a Polonia y un tanto para abrir el marcador en la final ante la RFA. Nadie marcó más que él, pero sobre todo nadie eligió tan bien cuándo hacerlo.

No vamos a perder ni un segundo en explicar por qué Diego Armando Maradona conquistó el Balón de Oro de México’86. Pero sí queremos recordar que aquel año, el otro Balón de Oro, el de ‘verdad’, el de France Football, se lo llevó Igor Belanov. Tan desconcertante fue la elección del atacante del Dinamo de Kiev -campeón, eso sí, de la Recopa en una gran final ante el Atlético- como mejor jugador del año que no hay ni una sola foto en la que salga sonriendo con el galardón. Hay que decirlo todo: por aquel entonces al Balón de Oro solo optaban jugadores europeos, por lo que el año de Diego no tuvo su traslación en forma de distinciones individuales. El inglés Gary Lineker, segundo en el listado anual de la revista francesa, se adjudicó, con seis goles, uno más de los que marcó Maradona, la Bota de Oro de México’86. Por cierto, la historia del Balón de Oro del Diego todavía nos dejó otro giro: unos ladrones lo robaron años después de la casa de Maradona en Nápoles y ya nunca apareció. Se dice que lo fundieron.

Los premios individuales de Italia’90 estuvieron a la altura de un torneo que hizo méritos más que suficientes para ser considerado uno de los más aburridos de siempre, pues todavía hoy mantiene el récord de menos goles por partido. Por eso a nadie le extrañó que el máximo anotador del mismo, para más inri un futbolista de la selección anfitriona, se llevara el trofeo al mejor jugador del Mundial. Hubo consenso en escoger al ‘Toto’ Schillaci como la estrella del torneo, pues marcó en seis de los siete partidos que disputó la ‘Azzurra‘, que se quedó a las puertas de la final tras perder en los penaltis ante la vigente campeona, Argentina. Nunca más de un gol por partido, marcó en dos de los tres choques de la fase de grupos para seguir la racha en octavos, cuartos, semis… y el partido por el tercer puesto. El delantero de Palermo venía de firmar una gran temporada con la Juventus, logrando la Coppa y la UEFA.

Una final de un Mundial sin goles y solventada en los penaltis. ¿Puede haber algo más triste? Sí, que la estrella indiscutible del torneo, Roberto Baggio, sea el que acabe fallando el disparo decisivo. A la coleta más famosa del fútbol mundial le penalizó tanto aquel error que perdió, además del título, la carrera por ser el mejor jugador de la Copa del Mundo de los Estados Unidos. Por el contrario, el brasileño Romário, poco inspirado en la final aunque exitoso en la tanda, se llevó el Balón de Oro tras haber sido decisivo en octavos, ante los Países Bajos, y en semifinales, ante Suecia. La Bota de Oro acabó por primera vez en empate: se la repartieron el ruso Salenko -con cinco goles, todos ante un mismo rival, Camerún, récord histórico del torneo- y el compañero de ‘O Baixinho‘ en el Barça, el búlgaro Stoichkov -que repartió mejor sus tantos y mojó en octavos, cuartos y semis-.

Una final donde Francia, la anfitriona, goleó a Brasil por 3-0 debería ser capaz de ofrecerle el título de mejor futbolista del torneo a un integrante de la selección campeona. Y ya si el autor de los dos primeros goles fue Zinédine Zidane… Pero no. A pesar de jugar un partido memorable, ‘Zizou’ no fue escogido mejor jugador del torneo. En parte, claro, porque el resto de campeonato no fue tan brillante. Antes del ‘doblete’ de la final no había marcado ni asistido. Y lo que es peor, ni siquiera lo había jugado todo, habiéndose perdido dos partidos -el último de la fase de grupos y el de octavos- por sanción, tras ser expulsado con roja directa ante Arabia Saudita. Todo esto creó el caldo de cultivo perfecto para que la mayor distinción individual de Francia’98 recayera en Ronaldo, el por entonces mejor jugador del mundo que, no obstante, tuvo que disputar la final en unas condiciones físicas y psicológicas malísimas. El hombre-gol del torneo, y por lo tanto el merecedor de la Bota de Oro, fue Davor Suker, semifinalista de la competición con Croacia, la selección revelación, y autor de seis tantos.

La elección al mejor jugador del primer Mundial disputado en tierras asiáticas generó mucha polémica. Y no porque su demarcación fuera la de portero, algo inédito en este tipo de reconocimientos. O al menos no solamente. Oliver Kahn, guardameta de la selección alemana, realizó un campeonato soberbio, tanto como que la ‘Mannschaft‘ se plantó en la final con un único gol en contra, pero su distinción acabó chirriando porque en el partido decisivo, ante Brasil, falló en el primero de los dos goles que le marcó Ronaldo, el Bota de Oro del torneo. El brasileño, con ocho goles, una cifra que nadie ha logrado igualar en este siglo, hizo méritos para ser también el mejor jugador del campeonato, algo que ya había logrado en 1998. Quién sabe si justamente el hecho de haber conseguido ya aquel premio en la edición anterior decantó los votos hacia el ogro alemán.

Hay algo extrañísimo en esta edición que, sin embargo, se normalizará en el futuro: la selección campeona no tendrá en sus filas ni al Balón de Oro ni al Bota de Oro. Raro, ¿verdad? Pues esto es lo que ocurrió en Alemania, donde el máximo goleador fue Miroslav Klose (iniciando una carrera anotadora que lo convertiría, en 2014, en el máximo goleador histórico de los Campeonatos del Mundo) y el mejor jugador fue, por unanimidad, Zinédine Zidane, que se despidió del certamen -y de la selección, y del fútbol profesional- con una agresión inadmisible a Materazzi en la gran final disputada en el Olympiastadion de Berlín. No obstante, el torneo del capitán de Francia, a sus 34 años, fue muchísimo más completo que el de 1998, dejando clases magistrales en cada choque y siendo, hasta la fecha, el más veterano en adjudicarse esta distinción. En esta edición, por cierto, nacería un nuevo premio individual, el de Mejor Jugador Joven (menor de 21 años). Estrenó el palmarés el alemán Lukas Podolski.

La España de la primera estrella. La España de Vicente del Bosque. La España que, al fin, hizo valer el papel de favorita. La España que conquistó el Mundial de Sudáfrica fue un bloque cargado de talento que, sin embargo, no destacó por tener una individualidad superlativa. Brilló el portero, Casillas; los defensas, Piqué y Puyol; los medios, Xavi, Alonso e Iniesta; y los atacantes, de David Villa a David Silva. Por eso los premios individuales -no solo los del torneo en sí- pasaron de largo en el vestuario de la ‘Roja’. Y eso que en la categoría de máximo goleador hubo triple empate: cinco goles marcaron Thomas Müller, Villa y Sneijder, igualdad que se desenredaría sumando las asistencias de cada uno. El alemán realizó tres pases de gol por uno de sus competidores así que para él fue la Bota de Oro. No fue el único galardón que se llevaría a casa el atacante del Bayern; también conquistó el premio al Mejor Jugador Joven del torneo. Por su parte, el Balón de Oro fue a parar a manos de Diego Forlán. El uruguayo realizó un campeonato impresionante, con participaciones decisivas en cada una de las eliminatorias… pero quedándose a las puertas de la gran final. De nuevo, la polémica: ¿cómo se come que el MVP del Mundial no juegue la final del torneo?

La espina que siempre tendrá clavada Messi -perder la final del Mundial y, por lo tanto, no ser capaz de igualar a Maradona- dejó una herida que ni siquiera el Balón de Oro al mejor jugador del campeonato fue capaz de curar. El argentino, que lideró a Argentina de una forma más práctica que espectacular, fue lo más destacado de la final ante Alemania, mucho más efectiva en la prórroga y con un héroe inesperado, Mario Gotze, capaz de romper la igualada. A los alemanes, que destrozaron a Brasil en semifinales, les sucedió algo parecido a la selección española cuatro años antes: el suyo fue un éxito coral y, por lo tanto, exento de gloria individual. La Bota de Oro fue para James Rodríguez, líder de la estimulante selección de Colombia y autor de seis tantos. Marcó en todos los partidos que jugó y el que le metió a Uruguay en octavos fue galardonado con el premio Puskás al mejor gol del año. Su experiencia mundialista terminó en cuartos, pero el torneo realmente catapultó su carrera: ficharía poco después por el Real Madrid. El internacional francés Paul Pogba, por aquel entonces en la Juventus, fue el más votado en la categoría de Joven Revelación.

El último Mundial celebrado hasta la fecha elevó, por sexta edición consecutiva, a un no campeón como mejor futbolista del torneo. Entraba en escena Luka Modric, que con tres Champions seguidas y a las puertas de los 33 años, capitaneó a la sorprendente Croacia para que, contra todo pronóstico, alcanzara su primera final. El Balón de Oro de Rusia’18 tendría continuidad con la adjudicación del Balón de Oro de France Football a finales de aquel mismo año, un trofeo con el que se rompería la hegemonía que durante la última década habían ejercido Cristiano Ronaldo y Messi. El delantero inglés Harry Kane, emulando a su compatriota Gary Lineker en México’86, se llevó la Bota de Oro con seis dianas. Y de la campeona Francia salió el Mejor Joven del Mundial, un Kylian Mbappé que, con 19 años, se convirtió en el segundo jugador de menor edad en marcar en una final. El primero, por si alguien se lo pregunta, sigue siendo Pelé.