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Matchday, la serie documental que retrató desde dentro la temporada 2018-19 del FC Barcelona, aterrizó justo antes de la cuarentena en muchos países de América de la mano de Netflix y ahora ha comenzado a emitirse en China. Con su impactante estreno en España todavía fresco en el recuerdo, está viviendo una segunda oleada de popularidad. Oriol Querol, su director, atiende estos días por teléfono a varios periodistas de Argentina, Chile, Colombia o Brasil, después de que la producción haya escalado hasta las primeras posiciones de las listas de series más vistas al otro lado del Atlántico.

La carrera de Querol, desde que rodó Matchday, ha dado un vuelco. Conversa con Panenka a los pocos meses de estrenar nuevo puesto de trabajo. Ahora es Director General de Kosmos Studios, empresa de producción audiovisual fundada y presidida por Gerard Piqué, a quien conoció durante el rodaje con el conjunto azulgrana. Por su experiencia con la cámara -también formó parte durante años del equipo de Salvados-, es una voz autorizada para hablarnos de esa supernova comunicativa, la de los documentales sobre fútbol, que parece que ha estallado definitivamente.

 

El boom del documental futbolístico, con la apuesta de las grandes plataformas por muchas producciones, es una realidad. Tú llevas más de 15 años trabajando en el mundo de la comunicación. ¿Lo veías a venir?

Que pasara concretamente con el fútbol, no. Lo que era evidente, desde hacía ya algunos años, es que los documentales deportivos estaban en auge. Yo llego al formato específico de Matchday por los trabajos de All or nothing, que es una franquicia propiedad de la NFL, la liga de fútbol americano. En su momento vi una serie sobre los Arizona Cardinals, que fue una de las primeras que se hicieron, y ya me pareció muy rompedora. Aquello se basa en una forma de entender el show business muy americana, están 40 pantallas por delante. Será una tontería, pero solo gracias a la vestimenta que llevan los jugadores de fútbol americano, ya es mucho más sencillo que vayan microfonados. No he visto los brutos de esos proyectos, pero puedo imaginar lo potentes que serían. Además: los deportistas profesionales de allí ya tienen muy puesto el chip de cómo tienen que actuar cuando hay una cámara delante, de cómo pueden ayudar en los rodajes, de cómo entender el conflicto, que al final es de lo que vivimos los que intentamos contar historias… Y no pasa solo con el deporte. En cualquier documental del mundo anglosajón, todos hablan bien. Todos acaban las frases. ¡Todos tienen metáforas de puta madre!

Fue la misma All or nothing la que decidió dar el salto al fútbol europeo, con la serie sobre el Manchester City.

Sí, era normal que el deporte más grande acabase encontrando también su sitio. Aunque yo me interesé por lo que hacían antes de ese desembarco. Cuando tuvimos la idea el documental del City todavía no se había estrenado, pero sabíamos que con ese primer precedente se abriría un campo por recorrer en Europa. En aquel entonces, yo estaba en Producciones del Barrio, y con Jordi Évole ya habíamos hablado del tema. Fue un momento mucho más concreto, en el verano de 2018, cuando le dije que esto era muy probable que explotara a un cierto nivel, y que molaría que hiciéramos algo de ese estilo.

Dentro del género, hay otro, más concreto, como el de esos trabajos que comentas, que se basa en el acceso exclusivo a fuentes muy conocidas, y que permite al espectador seguir las temporadas de los protagonistas casi como si estuviera sentado a su lado en el vestuario. Este tipo de propuestas sí son las más novedosas.

Sí, porque aportan cosas que las producciones sobre fútbol, hasta ahora, no podían garantizar siempre. Pero no basta con esa cercanía, para que funcione un inside también necesitas que las historias sean buenas. Con todas las imágenes que grabamos el año pasado para Matchday, yo podría montarte 30 horas de video con un cierto sentido sobre el día a día de los jugadores del Barça, pero eso no tendría ningún valor. De lo que se trata es de aprovechar ese acceso para explicar historias. Tú te inventas un relato y lo sobrepones a la realidad. Quiero decir: tú vas a rodar el partido que el año pasado juega el Barça en Old Trafford, pero no te centras en si Gerard Piqué ha jugado bien o no, que al final eso es algo que ya pueden saber todos los que sigan el encuentro, sino que tratas de contar lo que no ve nadie. Y lo que no veía nadie era que ese chico, con 16 años, se fue a Mánchester solo, que allí las dificultades le obligaron a madurar, que hizo una relación muy fuerte con un entrenador que era una leyenda del club, y que ahora regresaba a aquella ciudad y a aquel campo para intentar ganar con el equipo de su vida. Eso ya es otra cosa. Con cada jugador, la idea era obtener un relato único, que partiese de una propuesta nuestra.

¿Y os la compraban?

Aquí ya entra una cuestión más de oficio, que es la siguiente: ¿hasta qué punto el personaje entiende lo que estás haciendo? Mi sensación es que eso en Estados Unidos lo consiguen cerrar con cinco minutos de conversación, porque el protagonista ya está muy familiarizado con esa forma de trabajar. En el fondo siempre es lo mismo: existe un reto, y en el camino por intentar superarlo aparecen una serie de obstáculos. Coutinho, por ejemplo: un brasileño que llega al primer equipo del Barcelona, al que no le están saliendo las cosas, y que quiere imponerse a la sombra gigante que otros compatriotas suyos como Romário, Ronaldinho o Neymar han dejado en el Camp Nou. Aquí, para tejer ese relato, el curro lo tienes que hacer tú. El jugador no está tan acostumbrado, y tienes que poner más de tu parte.

Mientras que el estadounidense, en cambio, lo entiende a la primera.

Es que ese tío seguro que ha tenido toda su vida una cámara dentro del vestuario… También el consumo del espectáculo allí va mucho más en esa dirección, y los deportistas lo saben. Entienden que ser deportista de élite implica eso por narices, te guste o no. Que no solo es el juego, que también tienen peso la imagen que proyectas y lo que tú comunicas. Aquí, aunque sean minoría, hay jugadores que ya lo han comprendido. Griezmann lo tiene súper claro, por poner un caso. Él mismo se puso una cámara detrás hace años y empezó a moverse. Y luego hay gente que es todo lo contrario, como Sergio Busquets: para él, su profesión es la que es, darle bien a la pelota, y el resto…

 

“En cualquier documental del mundo anglosajón, todos hablan bien. Todos acaban las frases. ¡Todos tienen metáforas de puta madre! Están 40 pantallas por delante”

 

En este sentido, está el caso reciente de The Last Dance, con Michael Jordan y sus Chicago Bulls como protagonistas. Más allá de su éxito abrumador, ¿qué es lo que más te ha sorprendido de la serie?

El material inédito, que estuvo guardado durante más de 20 años en un cajón, y que de repente han podido explotar. Me hace pensar en qué hubiera pasado si por culpa de algún imprevisto no se hubiese emitido Matchday cuando se emitió, y dentro de un tiempo, con Messi ya retirado, hubieran salido las imágenes… También me gustó la apuesta del formato, el no hacer simplemente un documental sobre esa temporada, sino aprovechar para contar la historia del equipo durante los ocho años anteriores. Ese viaje constante en el tiempo, que puede ser bastante exigente para el espectador, lo salvan muy bien. Es muy complicado llevar a alguien al pasado y conseguir que lo viva como si fuera otra vez el presente. De la misma manera que estos últimos tiempos se ha producido un boom con los insides, es bastante probable que gracias a The Last Dance, próximamente, crezca otra vez la apuesta por los documentales históricos deportivos.

Le comentaste a Edu Polo en una entrevista para Mundo Deportivo que, cuando le presentasteis la propuesta de Matchday al Barça, tanto tú como Évole teníais claro que debía ser un formato en el que no intervinierais, algo mucho más cinematográfico, sin presencia de los que están detrás. Es más difícil, pero si sale es maravilloso.

Hay dos decisiones que tuvimos que tomar al principio de la serie que luego nos hicieron sudar. Una es que la figura de los creadores no estaría presente, es decir, que no apareceríamos. Y otra, que todos los futbolistas hablarían en su lengua materna, que es una cosa muy chula para el espectador, pero un puto infierno a la hora de rodar, porque a los franceses o a los brasileños puedes entenderlos, pero luego hay un tío que habla alemán, otro croata, otro holandés… Pero acabamos contentos. Ese detalle del idioma te acerca al jugador, porque si tuviera que pensar cada respuesta en un idioma que no es el suyo, perdería espontaneidad.

¿Y cómo se consigue que tanto el que aparece en las imágenes como el que las está viendo se olviden de que hay una cámara en medio grabando?

Cuesta el doble. Si lo conseguimos fue porque los jugadores comprendieron lo que queríamos. Una de las escenas de las que estoy más orgulloso es la que abre la serie, con Messi y Suárez en el coche, yendo al estadio. Yo estaba ahí dentro, llevábamos un rato de viaje, y simplemente les dije que hablaran de sus hijos, y me aparté. Cuesta que arranquen, pero cuando lo hacen, y se olvidan de que estás con ellos, ya es la conversación entre dos amigos, que además tiene un valor brutal, porque son las dos grandes estrellas del club. En esa secuencia, además, pasa algo muy chulo. Cuando llegamos a la Diagonal, comienzan a aparecer los fans, y Messi, que es el que conduce, detiene el auto. Eso es un impacto. Porque tú vienes de una conversación íntima y de repente vuelves a lo esperado, a esa imagen que tienes de ellos, firmando autógrafos con la ventanilla bajada. Con la diferencia que siempre has estado al otro lado, pero nunca sabes qué pasa dentro de ese coche antes de bajar la ventanilla y después de subirla. Nosotros teníamos ese momento.

Otra singularidad del documental es que los futbolistas, en las entrevistas, hablan mirando a cámara.

Sí, todas las hicimos con espejos, de manera que cualquier cosa que decían, aunque ellos nos mirasen a través del cristal, conseguíamos que pareciera que se lo estaban diciendo directamente al espectador. Si Suárez te está contando lo dura que fue su infancia, que juega para que sus hijos no tengan que pasar por lo mismo, y de repente se rompe… Entonces, si no te emocionas, es que directamente eres de piedra.

Volviendo a lo de antes, a los ejemplos dispares de Griezmann y Busquets. ¿De qué forma los jugadores van siendo más conscientes de la importancia de cuidar su imagen?

Llegan a esa conclusión de varias maneras. Algunos porque se dan cuenta que es un negocio. Me han preguntado mucho en las entrevistas por el hecho de que los jugadores cobrasen por aparecer en el documental. Pero, ¿por qué lo tendrían que hacer sino? Vamos hacia ese modelo. Es decir, una cosa es que tú solo los grabes dentro del vestuario, o en el campo de entrenamiento, que ahí los derechos los va a tener el club; pero entrar en sus casas, en sus coches… Todo eso, ¿por qué tendrían que hacerlo si no quisieran sacarle partido? También está el caso más extremo del jugador que comprende cómo funciona el relato público, y que de alguna manera quiere controlarlo. Ter Stegen, por ejemplo, es un tipo lo suficientemente inteligente como para entender de qué va esto. Él quiere que la gente sepa que es un chico que está enamorado de Barcelona y de Catalunya, que se quiere quedar a vivir aquí, que por eso se ha esforzado tanto para conseguir el rol que ahora mismo tiene en el primer equipo. Todo esto es lo que él quiere transmitir. Y al final, la forma más clara de darlo a entender es mostrando que te estás construyendo una casa, y que te graben reuniéndote con el arquitecto, como hicimos en Matchday.

¿Y a Busquets? ¿Cómo lo convencisteis?

Un día Piqué vino a la productora para ver algunas secuencias que todavía no habíamos montado, y, cuando acabamos, me dijo: ‘Hostia, esto tenemos que enseñárselo a la plantilla’. Entonces, en un entrenamiento en la Ciudad Deportiva, entré con él en el vestuario y les pusimos a todos clips de secuencias que teníamos en bruto. Acabaron aplaudiendo. Les pude decir que si les pedíamos tantas horas, tanto acceso, era para eso, para que quedara algo bien hecho. Y al salir de ese entreno, Busquets fue a Gerard y le dijo que sí, que fuéramos a su casa y grabáramos. Pero yo puedo entender sus dudas del principio, ¿eh? Imagínate estar trabajando y tener todo el rato a una persona encima con una cámara… Puede llegar a ser muy molesto. Y encima tuvimos que entrar a saco, porque teníamos muy poco tiempo. Todo nos podía servir. Solo renunciamos a un escenario: la charla técnica de antes de los partidos. Valverde nos lo pidió y lo entendimos. Pero el resto… Comedores, vestuarios, buses, aviones. Pusimos micros en todas partes. Fue muy, muy intenso.

Para hacer eso, hubo que llegar previamente a acuerdos con el equipo, entiendo.

La respuesta es clara: Gerard Piqué. Matchday es un ejemplo de lo básico que es para un documental de esas características que un jugador con un peso fuerte en el grupo haga de productor ejecutivo. Él habló con sus compañeros y nos aseguró ese acceso.

¿Pidieron el club o los jugadores tener la última palabra sobra las imágenes antes de que se emitieran?

Todo se basaba en la confianza que tenían con Gerard, pero sí, digamos que se reservaron el derecho a, como mínimo, poder opinar. Hay que tener en cuenta que muchas de las conversaciones que grabábamos no las queríamos sacar, porque directamente no nos interesaban. Hay charlas que son muy privadas y que nadie tiene que hacer nada con ellas. Nosotros a lo que íbamos era a contar historias que nada tenían que ver con esas cuestiones íntimas o más morbosas. Y lo que acabó pasando es que, cuando la serie estuvo lista, ningún miembro de la plantilla dijo nada. Ni un solo comentario. Al revés, les gustó. Es cuestión de ponerlo todo en una balanza. Si tú no les garantizas que las imágenes que se mostrarán serán respetuosas con sus temas personales, ellos no dejarán que entres. Y entonces no existirá nunca una serie desde dentro del vestuario del Barça. ¿Tú puedes aceptar que, al final, cuando ya lo tengas todo montado, algún jugador te pida que saques una cosa? Pues sí, yo lo puedo aceptar. Pero porque sigo ganando mucho más de lo que pierdo.

¿Y con el club también fue todo tan sencillo? Al final, por circunstancias, acabasteis siendo una producción suya.

El momento en el que yo temí que podríamos no llegar a entendernos fue cuando pasó lo de Anfield. Porque esa temporada es imposible de explicar sin tener en cuenta lo que sucedió esa noche. No es que sea imposible, es que es absurdo. Esa derrota es el instante más importante, no ya de la temporada, sino probablemente de los últimos años de este equipo. Digamos, por resumir, que esta serie tenía tres actores detrás. El club, los jugadores y, finalmente, nosotros, la productora. Esa es una alineación muy difícil de poner de acuerdo. ¿Se tiene que permitir que el club o los jugadores tengan cierto control sobre el producto? Entiendo el debate. Pero hay que tener en cuenta lo difícil que es que todo se alinee y que estas cosas se hagan.

 

“Matchday es un ejemplo de lo básico que es para un documental de esas características que un jugador con un peso fuerte en el vestuario haga de productor ejecutivo”

 

Centrémonos ahora en la reacción de los espectadores: ¿tenías miedo de que os acusaran de haber hecho un documental demasiado corporativo?

Lo primero que teníamos claro era que no estábamos haciendo periodismo. Estábamos haciendo un producto de entretenimiento. Que aunque se toquen, porque en las dos te basas en contar historias, son dos cosas diferentes. Todo el personal de contenidos de Matchday viene de Salvados. Es decir, somos gente que venimos del periodismo. Y eso nos llevó a manejarnos con algunas de sus herramientas, claro, como por ejemplo el rigor a la hora de comprobar los datos. Pero el producto que estábamos haciendo no perseguía el objetivo de informar, perseguía el objetivo de entretener. ¿Que eso tampoco quiere decir que vayas a aceptar todo lo que te impongan, eh? A todos nos preocupaba, por ejemplo, que en verano, cuando ya tuviéramos muchos capítulos montados, algo saliese mal con el club y acabásemos fuera del proyecto, sin firmar la serie. Esas dudas estuvieron ahí hasta el día después de la final de Copa, con la derrota contra el Valencia. El último día de rodaje, vamos. Entonces vi muy claro que la historia de lo que había pasado en ese partido y de la caída en Anfield eran la misma. Porque eran unos días muy concretos en los que todo se había ido a la mierda. Y desde el club no me discutieron ese enfoque. Fue el punto de inflexión. Yo pensaba: ‘Si llego a la reunión y me dicen que de Anfield no se habla, me tengo que ir a casa, porque eso sí que no es honesto, no tiene sentido’. Pero no sucedió. Al revés. El séptimo capítulo, el de Liverpool, que para mí es el mejor de la serie, es exactamente el capítulo que nosotros queríamos hacer.

Con lo que acabasteis satisfechos con el resultado final de la serie.

El formato que acaba teniendo Matchday se corresponde exactamente con la primera propuesta que le hacemos llegar al Barça para que crea en el proyecto y nos deje entrar. La segunda propuesta que habíamos pensado, mucho más arriesgada, era hacer la serie de toda la temporada desde los ojos de Carles Aleñá: el chaval que por primera vez llega al primer equipo e intenta consumar su sueño. Todo desde su punto de vista, convirtiéndolo en el narrador. Pero eso, como digo, tenía muchos riesgos, porque con un único futbolista te puede pasar de todo.

Eso de que tu historia no dependa de tu imaginación, o de un hecho que ya esté cerrado, sino de lo que va sucediendo en vivo, mientras ruedas, ¿qué tal se lleva?

Mira, el otro día estaba ordenando papeles, y encontré algunos con los que flipé. Escribimos mil documentos antes de empezar a rodar. Y uno de ellos era una lista con siete posibles escenarios que podían darse, para saber cómo acabaría siendo la serie en cada uno de esos casos. Si el equipo ganaba el triplete, una trama; si ganaba la Champions pero perdía la Liga, otra; si perdía la Champions y la Liga pero ganaba la Copa, otra. Intentábamos adelantarnos a los acontecimientos para que luego nada nos pillara desprevenidos. Pero todo eso no nos sirvió de nada, claro. Al final el relato de la temporada te lo da la propia temporada. Y eso es incontrolable hasta que acaba.

El relato se va construyendo sobre la marcha.

Sí. Y no solo el relato, o los capítulos, también el protagonismo de los personajes. La entrevista con Jordi Alba, por ejemplo, la tuvimos muy al principio, pero la fuimos moviendo, hasta que al final la dejamos en un episodio en el que da una asistencia. A Sergi Roberto o Ter Stegen también los fuimos cambiando de sitio. O a Malcom, que lo íbamos a descartar porque no podía competir con otras historias, pero de repente va y te marca un gol contra el Madrid… Vas moviendo piezas y probando si funcionan. Y luego ya está la forma de trabajar de cada uno: nosotros utilizábamos un sistema de visionados permanentes sobre todos los capítulos. Los mirábamos 25 veces cada uno hasta que los teníamos muy pulidos y los dábamos por buenos.

¿Hasta qué punto la derrota en Anfield hizo mejor a la serie?

Buf, claro, ahora te contestaría una cosa muy diferente de la que pensaba en mayo del año pasado. Recuerdo que en la ida de las semifinales, después del 3-0, salimos del Camp Nou con Raúl, el subdirector, y nos dijimos: ‘Hostia, el año en el que hacemos esto, y ganaremos el triplete, ¡qué suerte más grande poder contarlo!’. Es más: llegué a mandar un audio al grupo de Whatsapp de los de producción para que empezáramos a mirar billetes para ir a la final de Madrid, que luego iban a ponerse más caros, etc… ¡Madre mía! [Risas]

La grandísima suerte es que, cuando fuimos a Liverpool para la vuelta, decidimos no ir simplemente a cubrir el trámite de grabar una clasificación sencilla a la final. Fuimos cuatro o cinco equipos, veintipico personas. Fuimos a full. Y además con todo muy planificado. Pensábamos que, como mínimo, si eliminábamos al Liverpool sería muy elegante que hiciéramos un homenaje a ese gran templo del fútbol que es Anfield. Y acabó pasando lo que pasó. Recuerdo que aquella noche, al acabar el partido, me quedé bloqueado en el túnel del campo, preguntándome qué cojones acababa de ocurrir. Y es verdad que si lo miras con perspectiva… A ver, ganar el triplete te regala muchas cosas, como los contenidos de algo histórico, una celebración por Barcelona, que también hubiese sido chula… Pero perder ese partido, te desbloquea una serie de factores que yo no me hubiese esperado nunca encontrar. Imágenes de jugadores, días después de esa noche, pasando por el set de entrevistas casi llorando… Bueno, momentos muy potentes narrativamente.

Para mí, la dos mejores series que se han hecho de todo esto que estamos hablando son Take Us Home: Leeds United y Sunderland ’Til I Die. Y ninguna de las dos se basa, precisamente, en equipos vencedores. Sobre todo la segunda, en la que te esperas que el Sunderland regrese a la Premier, y acaba bajando. Pero al final, es lo que te decía: esto va de contar historias.

 


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