Cuenta la leyenda que William Webb Ellis inició una escisión cuando, indiferente ante la normativa, decidió agarrar el balón por los céspedes de la Rugby School y echó a correr hacia delante para anotar, hacer historia y cambiar el devenir de dos deportes que hasta aquel entonces siempre habían caminado de la mano. Después vino la famosa reunión en la Freemason’s Tavern, en 1863, y acabó por formarse la brecha definitiva. Fútbol y rugby no volverían a viajar juntos, sus historias se separaban para siempre. Aunque, en el fondo, uno siempre mirará al otro de reojo, no se puede renunciar tan fácil a los orígenes.

Y en una de esas miradas al pasado, Sir Matt Busby cambiaría el futuro del Manchester United a inicios de los 70. Para llegar a ese momento en la historia del club, primero hay que viajar al extrarradio mancuniano de los años 30. Por aquel entonces, a las afueras de Mánchester habitaba uno de los grandes dominadores del rugby inglés de principios del siglo XX: el Salford. Tal era el caché de aquel equipo, que en Francia, con motivo de la inauguración de su liga doméstica en 1934, quisieron promocionar el rugby estatal invitando al Salford a realizar una gira por tierras galas.

La expedición cogió el ferry en Folkestone, un 20 de octubre, horas después de batir al Wigan en la final de la Lancashire Cup y atracaron en Dunquerque para iniciar un viaje que marcaría para siempre la nomenclatura del club -ahora conocidos como Salford Red Devils-. Seis ciudades francesas disfrutaron de las exhibiciones del Salford. París, Lyon, Béziers, Albi, Perpiñán y Villeneuve-sur-Lot quedaron embobados con el juego de aquel equipo. Nunca habían viso nada igual ante sus ojos y los diarios franceses, encandilados, rendían pleitesía a aquel conjunto. Su vestimenta, roja con detalles blancos, propició que se les vendiera como Les Diables Rouges (Los Diablos Rojos) a lo largo y ancho del país del hexágono. Gustó la idea en Salford y lo adoptaron como apodo del club para, ya en el siglo XXI, incluirlo en su nombre oficial.

 

Sir Matt Busby mutó el sobrenombre de los suyos a Red Devils, recordando a aquel feroz equipo que dejó huella por los campos franceses jugando al deporte hermano

 

Once años después de aquella mediática gira del Salford, en 1945, Sir Matt Busby se instalaría en el banquillo del Manchester United para cambiar el rumbo de una entidad que aún no había hecho méritos para ser considerada, ni mucho menos, entre las grandes del país. Miró hacia abajo y se encontró con una camada de jóvenes talentos a los que pulir. Les otorgó confianza, galones, y ellos, encabezados por Bobby Charlton y Duncan Edwards, respondieron con la primera época gloriosa para el club al dominar el fútbol inglés a finales de los 50. Pero aquellas promesas del United conocieron tan pronto el éxito como la desgracia, que llegó en forma de tragedia aérea un 6 de febrero de 1958 en el aeropuerto de Múnich.

La generación de los Busby Babes quedó maltrecha por la pérdida de ocho integrantes de la plantilla. El luto se instaló en Old Trafford y aquel apodo con el que se conocía al equipo, en referencia a algunos de los jóvenes que se dejaron la vida en Múnich, le chirriaba a Sir Matt hasta el punto de pedir a la prensa que no les nombrasen de tal manera. Fue así como uno de los entrenadores más legendarios que hayan pasado por el Teatro de los Sueños mutó el sobrenombre de los suyos a Red Devils, recordando a aquel feroz equipo que dejó huella por los campos franceses jugando al deporte hermano.

La cosa no quedó ahí. Si a finales de los 60 Sir Matt decidió romper con el pasado para causar un mayor temor a los rivales con su nuevo mote, el Manchester United también quiso evolucionar dándole un giro radical al escudo del club en 1970, siguiendo con un patrón similar al emblema anterior, pero dejando de lado el blanco para darle paso al amarillo. Solo duró tres años, pues la cabezonería de Busby provocó que eso de ser conocidos como Diablos Rojos no quedara solo como un sobrenombre. El United volvió a rediseñar su escudo, quitó las tres rayas amarillas situadas en el centro -símbolo del Irwell, el Irk y el Medlock, los tres ríos que bañan la ciudad- para incluir un diablo -rojo, por supuesto- que aún hoy luce en el pecho de sus jugadores.

Así fue como una gira de un club de rugby del extrarradio de Mánchester para promocionar una nueva competición en tierras francesas acabó influyendo en el escudo de la entidad deportiva más importante de la ciudad.

Evolución del escudo del Manchester United a lo largo de su historia.