Todo empieza de forma confusa, como de costumbre en la India. Alguien que dice ser un agente de allí me envía un mensaje diciendo que tiene una propuesta para mí. Al principio no le creo, y después de hablar con él, me queda una sensación indeterminada, contradictoria. No sé si creérmelo a medias o del todo, pero la idea de volver me tira tanto que no puedo evitar sentir un deseo de que sea verdad. Las negociaciones empiezan y, también siguiendo el guión esperado, son complicadas, tan complicadas que a mediados de mayo se rompen. El acuerdo con el Goa FC ya no es posible. El club declina mis condiciones y desaparece la oportunidad de ir allí a jugar. Aún me queda la opción de volver al Atlético de Calcuta, que me retuvo en febrero para que otros equipos no pudieran ficharme, aunque desde entonces no me han dicho nada y no sé qué intenciones tienen.

En junio me entero de que volver a Calcuta tampoco será posible, buscan otras opciones. Mantengo el contacto con agentes por si saliera la oportunidad aunque se adivina complicado volver a la Indian Super League (ISL). Pero la luz vuelve a hacerse un hueco cuando recibo de nuevo un mensaje del agente desconocido de Goa. Me propone que, si no he firmado aún con nadie, podría intentar volver a proponer mi fichaje al club para ver que opciones hay. Y resulta que sí las hay, o al menos eso dice él. Así que recibo una nueva propuesta, pero esta vez tengo miedo de volver a perder la ocasión y menos fuerza para negociar. Con lo cual, si normalmente ya es difícil llegar a un acuerdo, este caso se planteó algo así como “o lo tomas o lo dejas”.

Mi experiencia el pasado año compitiendo en la primera edición de la ISL con el Atlético en una ciudad como Calcuta me ayuda a tomarme las cosas con la paciencia que requiere cualquier situación allí, así que me lo tomo con calma

A los pocos días cerramos el contrato, concretamente el 19 de junio, cuando yo lo devuelvo firmado de mi puño y letra. Ya solo me queda esperar instrucciones. Mi experiencia el pasado año compitiendo en la primera edición de la ISL con el Atlético en una ciudad como Calcuta me ayuda a tomarme las cosas con la paciencia que requiere cualquier situación allí, así que me lo tomo con calma. La temporada pasada no supe que me iba hasta mediados de agosto, y todo empezaba a principios de octubre, así que me decía a mí mismo: “Calma Jofre, que ya dirán algo”. Julio sin noticias, ninguna, de nadie. Agosto avanza y tampoco. Ya sé que se lo toman con calma. Y cuando digo calma es calma, no lo que nosotros entendemos como calma. Pero se van acercando fechas que empiezan a preocuparme. La gente me pregunta “¿Cuándo te vas?”; y no sé qué responder. “Pero si empieza pronto ¿no?”“¡Sí, pero no me dicen nada! Yo tengo el contrato firmado así que cuento con ir”.

A través del agente desconocido, con el que mantengo cierto contacto y me invita a estar tranquilo, conozco las fechas de la pretemporada. Primero me dijo que debería estar en Goa a mediados de agosto para pasar revisión médica. Luego, a finales. Y entre medio yo intentaba planear las vacaciones. Finalmente me informa de que se hará en Dubai del 2 al 22 de septiembre, pero por parte del club sigo sin recibir nada. Silencio absoluto. Así que decido buscar on my own los contactos para ver si me entero de a dónde va a ir el equipo. Me imagino presentándome allí y diciendo: “Hola, vengo a jugar con vosotros ¿Puedo?”. Consigo un par de contactos a través de amigos que hice el año pasado allí.

jofreA finales de agosto ya tengo fechas y hotel. Los billetes llegan, por fin, la última semana, y el día 2 de septiembre cojo el avión en dirección a Dubai. En un principio, desde el club me dicen que al llegar coja un taxi y me vaya al hotel, on my own again, con todo mi desconocimiento del país y mi equipaje para cuatro meses. Tras subir el tono en las peticiones como única vía de conseguir algo, finalmente consigo que alguien venga a recogerme. Mucho me temo que al llegar no habrá nadie, más teniendo en cuenta que la hora prevista de llegada son las 7:20 de la mañana. Pero mis dudas vuelven a ser sólo cosa mía: un chófer del hotel, con su Jaguar de gama media de la flota hotelera, espera a mi llegada con su cartel y se encarga del equipaje para llevarme hasta allí.

¡Así que ya está! Ya estoy en el sitio. Basta de preveer lo que pueda venir porque es inútil. Ahora toca currar. Y con todo el verano de bagaje para recuperar esas sensaciones y conversaciones con uno mismo que me esperan en este caótico y seductor país que es la India, a la que volaré a finales de un largo y caluroso septiembre.