Atiende el teléfono solo unos minutos antes de salir hacia el aeropuerto, mientras acaba de cerrar la maleta para regresar a casa. “La medalla la he puesto en el equipaje de mano, y no la llevo colgada en el cuello porque pesa como cuatro quilos”, asiente, feliz, radiante, un Hernán Santana (Breña Baja, Las Palmas; 1990) que este fin de semana se coronó campeón de la Indian Super League con el Mumbay City, entrenado por el aragonés Sergio Lobera y parte del City Football Group. El exfutbolista de la Unión Deportiva Las Palmas, cedido en la India por el Sporting de Gijón, ha participado en 19 de los 23 partidos jugados y desde la posición de central ha sido el jugador con un mejor porcentaje de acierto en el pase (89,6%).

La apuesta no era fácil, pero ha salido bien.

Era una decisión difícil, después de haber jugado siempre en España, y por la situación que vive el mundo, pero lo tenía clarísimo. Y ha merecido la pena con creces. Venía de un año difícil en Gijón y en cuanto salió esta oportunidad no me lo pensé. Tardé una conversación con el míster en decidirme. Era realista y sabía que después de no tener minutos en Gijón sería complicado encontrar un equipo que aspirara a más que a luchar por la parte de abajo en Segunda y el Mumbay me ofrecía la oportunidad de aspirar a pelear por todo. Fue bastante fácil decidirse. Es un proyecto nuevo. Ambicioso, en una liga que está en crecimiento, y, además, también ha supuesto entrar en el grupo del City, que es un apoyo muy fuerte para el club y garantiza éxitos y que, a nivel individual, te abre un abanico de posibilidades enorme, muy amplio.

Centrocampista de vocación, has jugado casi toda la temporada como central.

Cuando hablé con el míster me dijo que lo que buscaban era un central, pero nuestra filosofía es la misma que la del Manchester City y la de Guardiola, y esa apuesta por querer tener el balón ha hecho que ese pequeño invento de ponerme atrás haya salido bien. Disfruto con el balón en los pies y en Las Palmas ya jugué varios encuentros como central con Setién, en Primera. Para un mediocentro de toda la vida que está acostumbrado a ver el fútbol siempre de cara casi diría que es más simple, más fácil, dar ese paso atrás y jugar como central en un equipo que quiere tener la posesión, porque no debes preocuparte nunca de tus espaldas. Es más fácil, creo, la adaptación de mediocentro a central que al revés.

La Super League india sigue creciendo.

Va creciendo año a año. Cuando se creó la liga, hace siete años, los clubes decidieron traer jugadores muy reconocidos para intentar hacerla más atractiva. Aquí, por ejemplo, jugaron Anelka o Ljungberg. Eran jugadores muy contrastados a nivel europeo, pero ya estaban en la etapa final de su carrera y venían aquí y les pagaban una millonada. Hasta que los clubes se dieron cuenta de que era un error, y de que si querían hacer que el nivel de la liga creciera y que, a la vez, creciera el nivel del jugador indio era mejor traer jugadores con hambre de continuar creciendo. Porque así el futbolista indio tiene ese tipo de jugador como referente, y no a uno que, por mucho que sea reconocido mundialmente, viene aquí de vacaciones.

Esta temporada la liga ha tenido hasta 22 jugadores españoles, y casi un tercio de los extranjeros de la competición proceden de España; al igual que cuatro de los once entrenadores. ¿Por qué?

Lo que busca cualquier jugador es sentirse valorado, e India, pese a que yo he vivido una situación excepcional en mi primer año porque no he podido estar en contacto con la gente, porque vivimos en una burbuja, te ofrece esa posibilidad de sentirte valorado, de volver a sentirte con confianza, importante; aunque no sea el deporte principal porque en esa posición está el cricket. En España, el objetivo del 90% de los jugadores españoles, quitando los de los equipos top, es ascender o no descender, y ya no te mueves de ahí, y aquí tenemos la opción de luchar por algo que ahí sería imposible, que es ganar un título o clasificarse para la Champions. El nivel no es el mismo, es evidente, pero aquí también hay que trabajar y competir para ganar, y las sensaciones, los nervios y la presión son exactamente iguales. El fútbol se vive y se añora con la misma intensidad en todo el mundo.

Tras este primer año, ¿tu objetivo es seguir en la India?

Dar este paso me ha cambiado totalmente y, habiendo dado el primer paso y por lo que he visto y lo que he hablado con extranjeros que ya llevan un tiempo aquí, me pica la curiosidad de seguir un año más. Mi idea y la de la gente de arriba es seguir caminando juntos. Ahora toca disfrutar y desconectar, pero será fácil ponernos de acuerdo cuando llegue el momento. Me haría mucha ilusión poder jugar la Champions asiática. No lo puede decir cualquiera, y sería una cosita más que añadir en mi humilde currículum.

En ese currículum sobresale, brilla con luz propia, el ascenso a Primera con Las Palmas (2015).

Ascender con el club de mi tierra, de mi familia, de mis amigos, de compañeros con los que crecimos jugando juntos desde juveniles, con el club que he visto y mamado desde niño, y los años que vivimos en Primera División, es un tesoro impagable. No tiene valor económico porque no se puede pagar con dinero. Fueron tres años seguidos haciendo play-off. Y lo conseguimos al tercero, después de que el año anterior lo tuviéramos en la palma de la mano y se nos escapara en el último minuto de ese dichoso partido contra el Córdoba. Pero el equipo se recompuso, y lo consiguió el año siguiente, y esos momentos los guardo en el corazón.

Recomponerse y levantarse. Esa ha sido, según parece, tu receta; desde que debutaste en Segunda cayendo por 5-0 en Alcorcón. Las cosas cuestan.

Si de algo puedo presumir es que a mí nunca nadie me ha regalado nada. He trabajado como el que más. Nunca he perdido la fe. Nunca he perdido la esperanza. Nunca. Siempre he seguido creyendo. La grandeza, pienso, no recae en ganar muchísimos títulos, sino en levantarse rápidamente después de cada caída. La vida es llevarte una hostia que te tumba, y cuando esto pasa tienes dos opciones: lamentarte durante un mes, un año o una vida o entender que caer forma parte del juego, de la vida, y seguir. Esa es mi filosofía, y la ilusión es la mismita que cuando empecé en el Club Deportivo San Juan Tres Palmas. Me siento un privilegiado, porque la vida me ha dado el mejor regalo que me podía dar, que es cumplir el sueño que yo tenía desde pequeño. Siempre quise ser futbolista y, al final, lo logré. Y hoy, cuando voy a entrenar o a jugar, cuando piso el césped, siento el mismo gusanillo que entonces. Es mi gasolina para seguir.

 


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Fotografías cedidas por Hernán Santana.