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Hemos llegado a la mitad de la competición. Aún no es momento de sacar grandes conclusiones, pero sí han pasado suficientes cosas como para escribir diez libros. Así que un breve reconocimiento de la situación no será muy precipitado.

La tabla de la clasificación está muy reñida y, como era de esperar, los equipos están separados por muy pocos puntos. Se han jugado siete partidos por equipo, muchos o pocos según se mire. Pero es que al final de la liga serán catorce, lo cual ya deja entrever que las distancias no serán mucho mayores y que las cosas no acabarán de manera muy distinta a como están salvo debacle de algún equipo. Una debacle que no sería una gran sorpresa, pues el calendario, con partidos tan seguidos, ya se empieza a notar y en este mes que queda por delante se hace aún más notorio.

Los jugadores franquicia –marquee players– de cada equipo siguen en su mayoría la línea de los de la anterior temporada. Mutu, Anelka, Roberto Carlos, Simao, Lucio y Marchena han disputado menos minutos de los que se esperaban. Solo Elano, el brasileño que juega en Chennain, ha estado disponible en todos los encuentros. Helder Postiga, del Atlético de Calcuta, jugó el primer partido y se lesionó. Ahora está en Portugal haciendo la recuperación y no se sabe con seguridad si dará para que pueda volver a jugar aquí.

El espectáculo y todo lo que rodea a los partidos despiertan tanto o más interés aún. Recuerdo que el año anterior, en las dos ocasiones en las que vine a jugar contra el Goa, en la liga regular y en la semifinal, la afición nos pareció muy entusiasta y volcada con su equipo. Pero creo que este año se han superado. Todas las entradas disponibles a la venta para los siete partidos como local de la liga regular estaban vendidas antes de empezar el campeonato. La región se paraliza el día de partido. Se forman colas eternas para entrar al estadio y la única carretera de acceso queda totalmente colapsada. Y me consta, por compañeros de otros equipos, como Carlos Marchena, en Kerala, que en su estadio meten unos 60.000, o Bruno Herrero en Northeast, donde también ocurre lo mismo aunque con menos capacidad.

En el anecdotario no puede faltar la mención a los arbitrajes, tan pésimos e/o inverosímiles como cabía esperar tras la experiencia de la temporada pasada. Los premios que se otorgan después de cada partido al Man of the Match, Swift Moment o Emerging Player son una auténtica lotería. No es de extrañar que le den el jugador más en forma a uno que ha jugado cojo, y no es una forma de hablar. Es así. Y en las tribunas de los partidos los circos que se montan son una película de Bollywood. Y tampoco es una forma de hablar. Lo que menos importa es el partido. Ya se sabe que los palcos son para hacer relaciones sociales, eso no es cosa solo de la ISL. Pero aquí no se disimula lo más mínimo. Lo importante es sentarse al lado del que van a enfocar,  sonreír, hacerse fotos. Si puede ser hay que estar de pie durante todo el tiempo que se pueda, bien visible, poco importa que los de detrás no vean nada. Si se ha venido a por fotos, el partido ya lo verán en diferido. Que al final lo que importan son las fotos, muchas fotos. Siempre.