Este mercado de invierno va a ser recordado durante años por la gran cantidad y calidad de sus operaciones. Los clubes, más acostumbrados a soltarse la melena en los meses de julio y agosto, han visto en esta ventana una oportunidad única para redefinir sus proyectos, y sin importar que estemos en el ecuador de la temporada, han sacado el talonario del cajón y han descolgado el teléfono tantas veces como ha sido necesario. Un frenesí que enlaza en cierta forma con la dinámica que ya se vio en verano, histórica por la multimillonaria mudanza de Neymar a París, y que cuadra perfectamente con la nueva lógica que rige el negocio futbolístico, articulada en torno a las cifras desorbitantes y al tráfico constante de jugadores, que encadenan destinos como quien se cambia de calcetines. A nadie le interesa que se acabe la marcha. Ni a los que venden ni a los que compran. Y así se entiende cómo hemos asistido a esta nueva fiesta del derroche, en esta ocasión en pleno mes de enero, con las notas finales del curso aún por definir. Un nuevo desmadre financiero que, más allá de titulares, encierra varias lecturas interesantes.

1 / CIFRAS RÉCORD

Si hace un año nos tirábamos de los pelos por los 60 millones de euros que provocaron la fuga de Oscar al fútbol chino, este mercado de invierno ha vuelto a romper los moldes. El fichaje del que fuera futbolista del Chelsea por el Shanghai SIPG era, hasta el momento, la transferencia más cara de la historia efectuada en temporada invernal, pero este año se ha visto superada hasta en tres ocasiones, siendo relegada hasta el cuarto puesto de la tabla. Cuando Fernando Torres abandonó Liverpool a cambio de 58 millones para jugar en Stamford Bridge parecía que el mercado se había vuelto loco. Los fichajes de Alex Teixeira o Jackson Martínez, por 50 y 42 ‘kilos’, respectivamente, hacían presagiar que el fútbol chino estaba despertando a principios del año 2016. Pero este 2018 ha marcado un punto de inflexión: China ha apartado el pie del acelerador -solo destaca el fichaje de Cédric Bakambu a cambio de 40 millones más tasas- y las cifras que se han pagado por Philippe Coutinho, Virgil van Dijk y Aymeric Laporte han superado en un mismo año todos los registros anteriores.

2 / EL VERANO SE HIZO CORTO PARA ALGUNOS

Lo ocurrido a nivel de transferencias durante este mes de enero mantiene una relación directa con lo que aconteció durante el último periodo de contrataciones. Son vasos comunicantes. Como ya ha quedado expuesto, la macroperación que llevó a Neymar a firmar un nuevo contrato con el PSG hace unos meses sentó un precedente. Pero no solo eso, sino que, al tratarse de una incorporación que movió una cantidad tan considerable de dinero, también actuó a modo de terremoto para el resto de clubes. Un movimiento sísmico cuyas consecuencias no se han hecho del todo palpables hasta hoy. Especialmente ilustrativo es el caso del propio Barcelona, que pese a hacerse con los servicios de Ousmane Dembélé por 105 millones de euros antes de arrancar la campaña, no dio por cubierta la baja del brasileño hasta que desembolsó recientemente otros 120 ‘kilos’ por Philippe Coutinho. Los ‘culés’ estuvieron apretando por la estrella del Liverpool hasta el último suspiro del mercado pasado, pero finalmente tuvieron que esperar un tiempo más para cerrar su compra, que a su vez, como veremos más adelante, ha propiciado que el conjunto ‘red’, con los bolsillos llenos, haya sido otro de los grandes animadores invernales en materia de fichajes. También responde a un contexto parecido la marcha de Alexis Sánchez del Arsenal, ‘cantada’ desde que acabó la última temporada. El chileno aclaró entonces a los directivos ‘gunners’ que no renovaría con la entidad londinense (tenía firmado hasta junio de 2018), y durante todo el verano se estuvo especulando con su aterrizaje al Manchester City.  Aun así, Arsène Wenger no dio su brazo a torcer, y el delantero no pudo sellar su destino hasta hace algunas semanas, cuando saltó la sorpresa de que su nuevo equipo sería el United. 

 

3 / LOS ZAGUEROS, PROTAGONISTAS

Julio de 2017 quedó marcado por ser el mes en el que se ficharon a dos de los defensas más caros de la historia (Benjamin Mendy y Kyle Walker recalaron en el City a cambio de 57,5 y 51 millones de euros, respectivamente). Una tendencia que también se ha seguido consolidando en este mercado de invierno (entre los 10 traspasos más elevados aparecen los nombres de tres centrales). Bueno, algo más que eso: se ha agudizado, puesto que el Liverpool ha convertido al holandés Virgil Van Dijk en el nuevo líder de esta remozada categoría. 84 millones han ‘bastado’ para arrebatárselo al Southampton. Pep Guardiola, por su parte, ha seguido apuntalando su retaguardia pagando la cláusula de Aymeric Laporte (65M), una operación que ha desbloqueado otros dos movimientos: Iñigo Martínez al Athletic (32M) y Héctor Moreno a la Real (6M). El desembarco de Javier Mascherano a la liga china (5,5M), la llegada de Yerry Mina al Camp Nou para reemplazarlo (11,8M), la apuesta del Betis por Marc Bartra (10,5 M) o el fichaje del prometedor Manuel Akanji por el Dortmund (21,5M) son otros casos que confirman la nueva costumbre que han adquirido los clubes de priorizar a los zagueros en sus agendas y, sobre todo, de perder el miedo a aflojar guita por ellos. Lo que parecía impensable hace algunas décadas ha terminado sucediendo. Ya no solo se pagan cantidades importantes por aquellos futbolistas que aseguran goles; ahora también se hacen esfuerzos muy destacables por aquellos que ayudan a evitarlos.

4 / FICHAR PARA REACCIONAR

En esta loca ventana de transferencias invernal, algunos de los clubes más poderosos del continente se han movido por el mercado cual niño en el patio del colegio intentando completar el álbum de cromos de la actual temporada. Si alguien me arrebata a mi futbolista/cromo más preciado, tengo que moverme como pez en el agua para llenar su ausencia de la manera más rápida posible. Solo así se entiende la velocidad en las negociaciones del Athletic. Casi ni habíamos visto a Aymeric Laporte vestido de azul celeste, e Iñigo Martínez ya sorprendía a propios y extraños dejando San Sebastián para empezar una nueva etapa en Bilbao. Más de lo mismo sucedía en las Islas Británicas con el deseado Alexis Sánchez. Arsenal y Manchester United volvieron atrás en el tiempo, se dejaron de números, e hicieron un trueque a la antigua usanza para que el chileno se fuera a Old Trafford y Henrikh Mkhitaryan hiciera el camino contrario hacia el Emirates Stadium. Los ‘gunners’, para cubrir el vacío, también ficharon a Pierre-Emerick Aubameyang. Y aquí se rizó el rizo de manera perfecta. El gabonés dejaba Dortmund para irse al Arsenal y a este club pasaba a sobrarle Olivier Giroud; entonces, el Chelsea estuvo rápido y reforzó su delantera con el fichaje del francés; Michy Batshuayi, la última pieza del rompecabezas, volaba hacia Dortmund para completar el triángulo perfecto. Lo de este mes de enero ha sido un acción-reacción en toda regla.

5 / NO DEJES PARA MAÑANA LO QUE PUEDAS HACER HOY

El fútbol ya no es solo imprevisible como juego; ahora también lo es como negocio. De la misma manera que hace diez años nadie hubiera podido asegurar que se acabarían pagando más de 200 millones de euros por un jugador, tampoco ahora hay quien se atreva a pronosticar cuánto más se encresparán los precios durante los siguientes cursos. Esta incertidumbre (o miedo) con la que se contempla el futuro empuja a los clubes a actuar con ciertas prisas: más vale atar a un futbolista hoy por 100 (que son los 40 de ayer), antes de que mañana cueste 250 o 300. La estrategia de aquellos que decidieron esperar a un hipotético pinchazo de la burbuja, por el momento, se ha demostrado fallida. Las cifras crecen y crecen. No hay límite a la vista. Y eso está provocando que algunas entidades aceleren en la toma decisiones. Solo así puede entenderse que Barcelona, United o Arsenal, por ejemplo, hayan decidido abordar este mismo invierno los fichajes de Coutinho, Alexis o Aubameyang, aun a sabiendas de que no podrán alinear a ninguno de los tres atacantes en competición europea, puesto que ya han participado en ella esta misma edición con sus anteriores equipos. ¿Por qué esos tres clubes no decidieron aplazar las operaciones de cara al verano? Pues porque ni ellos mismos son capaces de calibrar cuál será el valor que tendrán esos jugadores dentro de unos meses, o cuánto se habrá endurecido la competencia para adquirirlos. Esta nueva tendencia encaja a la perfección con las teorías modernas del marketing: no basta con satisfacer necesidades, conviene generarlas. Precipitar el consumo. El fútbol, de nuevo, como metáfora de lo que sucede en la sociedad. 

6 / MEJORAR LO QUE YA FUNCIONA

El mercado de invierno, tal y como lo conocíamos hasta no hace tanto, era ese mes que rescataba de algún apuro a los equipos que necesitaban reforzar algunas posiciones en su equipo para cumplir con los objetivos al finalizar el curso. Si una plantilla se veía justa de efectivos atrás, ahí estaba el mercado de invierno; si los delanteros no marcaban ni a puerta vacía, bendito mercado de fichajes de enero; y si la portería llevaba medio curso siendo un coladero, el mercado invernal lo podía solucionar. Esa función parece ser ya historia, y el mes enero es cada vez más semejante a julio en cuanto a fichajes se refiere. Los dos casos más visibles de esta nueva interpretación de la ventana son los del Manchester City y el Barcelona. Ambos lideran sus ligas de manera apabullante, nadie les atosiga, nadie les estorba en su camino hacia la conquista del título liguero y, aun así, no han dudado en reforzar sus plantillas con operaciones de alto coste. Mientras los mancunianos han seguido apuntalando una defensa de muchos quilates con la llegada de Laporte y desde Inglaterra se especulaba con un posible interés por vestir a Eden Hazard de ‘Sky Blue’ a cambio de unos 220 millones de euros; en Barcelona han visto por fin realizado el sueño de verano con el fichaje de Philippe Coutinho y han cubierto el vacío dejado por Javier Mascherano con la contratación de Yerry Mina. Dos clubes que ya funcionan casi a la perfección, pero que siguen buscando la excelencia en sus plantillas echando mano del talonario.

7 / OPERACIÓN BLINDAJE

Las altas cifras que se manejan actualmente en el trasvase de futbolistas han cambiado las reglas del juego. En consecuencia, la manera de negociar la prolongación de los contratos y también el número de ceros a fijar en la cláusula de rescisión han adquirido nuevos tintes. Si antes una cláusula se pactaba teniendo en cuenta factores como el valor de un futbolista o su ficha salarial, ahora son el temor y la autoprotección los que marcan el camino para acordar la cantidad necesaria para que un jugador abandone su club. El motivo, o uno de los principales, es que los jeques o cualquier magnate del mundo balompédico ya no se andan con tonterías. Si toca pagar más de lo que realmente deberían, pagan sin problemas, y si no que se lo pregunten al Barcelona, a Neymar y a Al-Khelaifi. Ante esta situación, se entiende que el Athletic se cubra las espaldas marcando en 80 ‘kilos’ la salida de Iñaki Williams y Kepa Arrizabalaga. Tampoco sorprende que el Barcelona no quiera un nuevo ‘caso Neymar’ y blinde a Sergi Roberto con una cláusula de 400 millones. Y que el Betis suba hasta los 30 millones de euros la cláusula de uno de sus proyectos de futuro como es Fabián Ruiz no debería impresionar a nadie. Aunque no solo las cláusulas de rescisión han cobrado una nueva dimensión en la vida de los protagonistas del deporte rey, porque sus fichas, sus primas y los años de duración de los contratos también están viviendo cambios significativos. El City cerró la renovación de David Silva, Kevin De Bruyne y Fernandinho para que sigan capitaneando el juego de los ‘Sky Blues’ y la de Nicolás Otamendi, hasta 2022, asegurándose de que la zaga aguante en buenas manos por muchos años; el Real Madrid blindó su futuro también hasta 2022 con las renovaciones de Isco Alarcón, Dani Carvajal, Raphael Varane y Marco Asensio -un año más que el resto-; y, por su parte, el Manchester United no quiso desprenderse de dos futbolistas -Juan Mata y Ander Herrera- que acababan contrato el próximo mes de julio. Las reglas han cambiado y los participantes empiezan a asumir que aquí solo se sobrevive si te adaptas a ellas.

8 / LOS HAY QUE SE CONTIENEN

Por puro contraste, también adquieren cierta relevancia en el análisis de este último mercado de invierno los equipos que han dejado pasar la ola y no han protagonizado ninguna transferencia remarcable. El caso más paradigmático es el del Real Madrid, que, en contra de su propia tradición contemporánea, se ha apartado últimamente de la corriente de las contrataciones rimbombantes y ha elegido permanecer agazapado entre el pasto mientras el resto de depredadores se pelean por el ganado. Sin ir más lejos, ha sido el único conjunto español que no ha registrado ni altas ni bajas durante el mes de enero. La clave de esa ‘calma tensa’ que se respira en el despacho de Florentino Pérez radica en las posibilidades ofrecidas por el propio equipo: sin exigir ningún retoque de peso, la plantilla blanca viene de levantar la Liga y la Champions, los dos máximos trofeos a los que aspira. Zinédine Zidane, artífice principal de esos éxitos, se ha enrocado en su posición de garante del grupo, y de ahí nadie ha conseguido moverle, algo que se le está girando en su contra ahora que los buenos resultados no le acompañan con la misma fluidez que antaño. Otro ‘grande’ que está optando por contenerse es el Bayern; afianzado como líder de la Bundesliga y dispuesto a escalar hasta el tramo final del cuadro en Europa, los bávaros de momento ya tienen suficiente con seguir dominando su mercado local (han pagado 13 millones al Hoffenheim por Sandro Wagner y han dejado atado el fichaje de Leon Goretzka, estandarte del Schalke, para el verano que viene). Y mención aparte merecen los representantes italianos, inmersos en un sueño profundo. Cuando se cerró hace unos días la ventana de traspasos, ninguno de los 25 movimientos más caros presentaba como destino la Serie A. La novedad más atractiva es la de Rafinha, y eso que llega al Inter en condición de cedido por el Barça. Una parálisis colectiva que algunos atribuyen a la pérdida de atractivo que ha sufrido de forma gradual la competición en los últimos tiempos, y que otros prefieren justificar a partir de lo muy apretada que está este curso la tabla por arriba, circunstancia que impide a los equipos saber si el año que viene podrán contar con el ingreso extra que aseguran los torneos continentales.