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Una extraña criatura llamada Michael Olise

Olise es un misterio. Una extrañeza. Y está bien que sea así. Por fin, alguien que le da la vuelta a las cosas: los raros de la clase son los que molan

Olise
FOXBOROUGH, MASSACHUSETTS - JULY 09: Michael Olise #11 of France looks on during the FIFA World Cup 2026 Quarter Final match between France and Morocco at Boston Stadium on July 09, 2026 in Foxborough, Massachusetts. (Photo by Lars Baron/Getty Images)

Siempre que subía a un escenario, Miles Davis dejaba boquiabierto a todo el mundo por dos motivos: tocaba la trompeta como los putos ángeles y lo hacía en una posición nada convencional para una estrella de la música, dándole la espalda al público. Algunos decían que se colocaba así para comunicarse mejor con su banda, pero era inevitable pensar que, con aquel gesto, el genio del jazz lanzaba al mismo tiempo otro mensaje: no estaba ahí para ganarse el aplauso de nadie, sino para disfrutar como un gorrino de aquello que le daba sentido a la vida, su arte. Sientes algo parecido cada vez que una cámara enfoca a Michael Olise sobre un campo de fútbol. No es la cara, precisamente, de alguien que esté muy pendiente de lo que sucede a su alrededor. Mirada distante, ceño fruncido, pose apática. Parece un marciano recién aterrizado en la sección de congelados del supermercado. Podrías llegar a suponer que por ese cuerpo no circula ni una sola gota de sangre, sino fuera porque, en cuanto la pelota le toca un pie, zas, todo salta por los aires. De repente, ese chaval taciturno se convierte en un látigo que suelta ocho azotes por segundo, intentando toda clase de controles, regates y disparos. Hay algo que atrae más que el talento asalvajado de Olise, ya de por sí deslumbrante: su personalidad. Lo imprevisto de su carácter. Le persiguen los periodistas, le persiguen los admiradores, le persiguen los rivales, le persiguen, incluso, sus compañeros, conscientes que un pase suyo es un billete a la luna en clase business y gastos pagados. Pero él sigue a lo suyo, ni media sonrisa regala, un niño que no entiende por qué todo Dios quiere abrazarle y complacerle, si se está mucho mejor jugando solo en el cuarto. Olise es un misterio. Una extrañeza. Y está bien que sea así. Por fin, alguien que le da la vuelta a las cosas: los raros de la clase son los que molan de verdad.

 


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Fotografía de Getty Images.