PUBLICIDAD

Fútbol bajo la esvástica

Historiadores y cada vez más aficionados se han preocupado por saber qué papel ejercieron los clubes en el periodo de nazificación del fútbol alemán

fútbol

Este reportaje está extraído del #Panenka72, un número especial sobre el III Reich que se publicó en marzo de 2018

 

Cuando el Partido Nacionalista Obrero Alemán (NSDAP) alcanzó el poder, el deporte en el Reich alemán estaba conformado y dividido en distintos grupos políticos y sociales. Existían asociaciones deportivas de carácter político cercanas al Partido Socialdemócrata y al Partido Comunista, así como asociaciones eclesiásticas y judías. Eran agrupaciones en las que también se jugaba al fútbol. Entre 1933 y 1935, el deporte político y eclesiástico, sin embargo, fue liquidado por los nuevos gobernantes. Aunque en un inicio, con el fin de impedir un boicot de los Juegos Olímpicos de Verano de 1936, los nazis dejaron intactas las asociaciones deportivas judías, luego pasaron a martirizarlas en todos los aspectos hasta eliminarlas en 1938. Mejor suerte corrieron al principio la Federación Alemana de Fútbol y sus clubes deportivos. Particularmente los grandes clubes de fútbol pudieron pelear hasta comienzos de la guerra por puntos, títulos y copas sin limitaciones notables. El Eintracht de Frankfurt y el Bayern de Múnich disputaron en 1932 la final del campeonato alemán. Los bávaros ganaron entonces el título por primera vez. Ambos equipos estaban considerados ya desde 1933 como ‘clubes de judíos’; al fin y al cabo, para ambos equipos tanto los funcionarios como los patrocinadores judíos eran considerados un pieza importante en su organización y su financiación. A pesar de todo, ambos clubes acabaron por excluir –del mismo modo que muchas otras asociaciones deportivas– a todos los socios considerados no “arios”: del Bayern, ya en el año 1935, aunque en el Eintracht aún podían encontrarse socios judíos hasta 1938 de manera aislada. Mientras que el balance deportivo de ambos clubes durante el nazismo fue regresivo, otros fueron entretanto más exitosos. En la constelación futbolística del III Reich apareció una nueva estrella: el FC Schalke 04. Los ‘Azules Reales’ ganaron entre 1934 y 1942 seis campeonatos y una final de copa. Hasta hoy no existe ninguna prueba de que dicho éxito fuese favorecido mediante algún tipo de intervención política; más bien fue el excelente trabajo con los jóvenes desde los años 20 el que acabó dando sus frutos en los años 30. En 1945, con los jugadores del Schalke ya entrados en años, el 1.FC Kaiserslautern pasó a convertirse en el club grande de Alemania. Muchos jugadores del once formado en torno a Fritz Walter habían sido socializados en términos deportivos en las juventudes hitlerianas, caracterizadas por su rendimiento, y formarían parte del armazón del victorioso equipo de los años 50.

Tras 1933 se vislumbró otra novedad en la historia deportiva alemana: políticos del NSDAP descubrieron en el fútbol un instrumento para promocionar la ciudad y el escenario ideal para presentarse a los medios de comunicación. Escribían saludos en sus programas de actos, se dejaban fotografiar con clubes de éxito ante la prensa, promovían a los clubes de sus pueblos con los medios disponibles, creaban copas para competiciones que llevaban sus nombres… Existieron incluso copas con los nombres de Hitler y Goebbels. Para no hacer peligrar la existencia de los clubes deportivos, así como multiplicar éxitos financieros y deportivos y aprovecharse de las relaciones de poder, los funcionarios se adaptaban a las expectativas del III Reich. Las asociaciones deportivas introducían el denominado como Führerprinzip o ‘principio de supremacía del líder’, iniciaban y acababan los encuentros con el saludo hitleriano y declaraban su lealtad al régimen. Este comportamiento estaba menos motivado por un entusiasmo político o ideológico por el nacionalsocialismo que por puro oportunismo. Si bien actualmente se conocen pocos equipos de la Federación Alemana de Fútbol que mostrasen alguna oposición política, quienes sí lo hicieron tuvieron que pagar con ello el precio de su disolución.

 

Los clubes alemanes de élite vivieron en connivencia con el nazismo durante el III Reich. Hoy la mayoría de ellos miran a su pasado sin tapujos

 

Tras los Juegos Olímpicos de 1936 empezaron a estrecharse los espacios libres también para los equipos civiles. Cada vez más clubes fueron fusionados forzosamente. Los medianos y pequeños pasaron a ser dirigidos por políticos nazis. El deporte en el seno de las organizaciones del partido, como las SA o las SS, surgió como una competencia feroz contra los clubes deportivos civiles, cuyas cifras de socios se redujeron drásticamente. Las categorías inferiores de los clubes fueron disueltas y traspasadas a las Juventudes Hitlerianas. El deporte perdía así su juventud frente al partido. La Federación Alemana de Fútbol vio acrecentada la reducción de sus competencias y fue formalmente liquidada en 1940. Los partidos de fútbol de los Länder pasaron a ser organizados por la Dirección de Deporte del Reich. Se acercaba el fin del deporte a nivel civil. En 1938 todo el deporte quedó subordinado con la creación de la Federación Nacionalsocialista para Clases de Gimnasia. Una resolución redactada en 1939 preveía disolver todas las asociaciones deportivas y, de acuerdo con el modelo de las agrupaciones locales del Partido Nazi, reemplazarlas por Comunidades de Deporte Locales. Si ese plan no llegó a llevarse nunca a cabo fue a causa del cambio de prioridades como consecuencia del comienzo del conflicto. Si echamos la vista atrás, durante los años de guerra bajo el nacionalsocialismo, en algunas tablas de liga pueden encontrarse equipos que no habían existido nunca antes, como el LSV Hamburgo, el MSV Brünn, el HSV Gross Born. LSV significa, en sus siglas alemanas, Asociación deportiva de las Fuerzas Aéreas; MSV, por su parte, significa Asociación Deportiva Militar, mientras que HSV significa Asociación Deportiva del Ejército. Se trataba directamente de equipos de soldados. Para las asociaciones civiles tradicionales, la existencia de estos equipos suponía un gran escándalo, pues con el apoyo de los militares podían hacerse a gran escala con muchos grandes futbolistas de la competencia, entre ellos jugadores de la selección nacional, y debilitar así a los clubes ya existentes previamente. El LSV Hamburgo logró jugar la Copa de Alemania en 1943 y, en 1944, la final de la Grossdeutsche Meisterschaft. Aunque perdió ambos partidos, logró dar una impresionante muestra de la fuerza de ese equipo de soldados. Además de esto, también tuvieron lugar infinidad de amistosos en los que tomaban parte los mencionados conjuntos de militares. Estos encuentros tenían lugar ante una grada con hasta 40.000 personas. Se trataba de eventos comerciales que muchas veces recibían más atención de los medios que los partidos de liga. Especialmente atrayentes para los espectadores eran el Pariser Soldatenelf (el Once de los soldados parisinos) y los Roten Jäger (los Cazadores Rojos), siendo este último un equipo de soldados de la Luftwaffe entre los que se contaba como delantero el jugador de la selección nacional Fritz Walter. Aunque por aquel entonces se trataba de equipos importantes, pues servían de entretenimiento tanto a la población civil como a la militar, salvo en el mundo de la investigación, hoy son apenas recordados.

fútbol
Adolf Hitler saluda a la estrella del Schalke 04 Fritz Szepan, también capitán de Alemania, en una recepción en la Cancillería del Reich (1937).

LA MIRADA AL PASADO

No hay ninguna época de la historia del fútbol alemán sobre la que estemos tan informados como la de los años del nacionalsocialismo. En la actualidad, los clubes afrontan la cuestión de un modo abierto y franco. Tras el estudio de Nils Havemanns sobre la Federación Alemana de Fútbol (2005) aparecieron varios libros sobre los clubes de fútbol bajo la esvástica: por ejemplo, el Schalke 04, el 1.FC Kaiserslautern, el Eintracht de Frankfurt, el TSV 1860 Múnich, el Hertha de Berlín, el FC St Pauli o el SK Rapid. Todos ellos han sido escritos sobre la base de investigaciones minuciosas. Solo el Bayern de Múnich constituye en ese aspecto una excepción, pues aunque se han publicado muchos y extensos libros sobre el Rekordmeister alemán, sus autores han fallado siempre al analizar las fuentes importantes. En lugar de eso, se han apoyado sobre las narraciones embellecedoras de testigos y publicaciones de la época, sin llegar a cuestionarlas. Trabajos de investigación de mala calidad, wishfulthinking y relaciones públicas exitosas han llevado a que gran parte de la opinión pública acabara convencida de que el Bayern fue “desfavorecido sistemáticamente” durante el III Reich –debido a su antiguo presidente judío, Kurt Landauer– y que es poseedor de una ‘historia de héroes’. Un papel importante en la mencionada difusión de desinformación lo desempeña también el museo del equipo en el Allianz Arena, junto a una exposición itinerante y crónicas del equipo. El equipo, plagado de récords, reivindica haber sido un club de “gente decente e íntegra” durante el nazismo y haber opuesto resistencia mientras le fue posible, aludiendo a hechos como que hasta 1943 su junta directiva no contara con ningún miembro nacionalsocialista. Sin embargo, en 1930 tuvo lugar una Junta General en la que un nazi fue escogido como presidente en funciones. Ya en abril de 1933, el club anunció la exclusión de los socios no arios, un ‘plan’ llevado a cabo en 1935. Estos ejemplos constituyen una muestra de por qué que el Bayern no puede reivindicar una posición excepcional durante el nazismo, aunque sí que resulte un ejemplo de excepcionalidad lamentable el hecho que aún hoy siga empeñándose en lo contrario.

 

En el periodo del III Reich, apareció una nueva estrella: el Schalke 04. No hay evidencias que demuestren que fuera gracias a favores políticos, sino por el trabajo de base en la década de los 20

 

A raíz de intensivas investigaciones de archivo, publicadas por la revista Der Spiegel en mayo de 2016, el Bayern se vio tan presionado que se vio obligado a revisar su pasado y le encargó al Instituto de Historia Contemporánea de Múnich llevar a cabo una investigación sobre su historia durante el III Reich. La decisión llega, sin embargo, tarde, pues otros clubes de fútbol ya han afrontado su historia respecto al nacionalsocialismo con más profesionalidad y seguridad en sí mismos. Durante mucho tiempo han dejado que se estudiara su papel en la época nazi más allá de los intereses del club. Se trata de una profesionalidad que hoy puede comprobarse también en los propios museos de los clubes. A diferencia del Bayern, tanto el Schalke 04 como el Eintracht de Frankfurt se han dejado asesorar por historiadores competentes, con lo que muestran sin maquillar la evolución del club durante el nazismo, sin silenciar hechos incómodos ni lastimarse como víctimas de la dictadura o erigirse en héroes.

En el siglo XXI la historia de los clubes de fútbol alemanes ha pasado de atraer el interés de la ciencia aplicada a ser objeto de los fans. Muchos museos de clubes son a menudo fundados a iniciativa de los seguidores, que se dedican también a escrutar estadísticas con diligencia, mientras los grupos ultras recuerdan mediante coreografías en los estadios a antiguos presidentes o jugadores.

Cuanto menos se identifiquen los seguidores de un equipo con sus jugadores –mientras estos van siendo transferidos con una velocidad pasmosa a otros equipos– más importante se vuelve la historia y la identidad corporativa para lograr que los aficionados se sientan parte de sus clubes.