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A finales de abril de 2016, el Bengalaru F.C. celebraba la obtención de su segundo título de liga consecutivo. Tras una temporada muy disputada –en la que fueron derrotados por sus rivales más directos-, habían conseguido conquistar el trofeo de la I-League, la primera división del fútbol en la India. Todo eran júbilos y celebraciones en la ciudad de Bangalore.

Por su parte, en una región montañosa en el Noreste de la India, una ciudad se encontraba de luto. Aizawl es la capital de Mizoram, el segundo estado menos poblado del país asiático – enclavado entre Birmania y Bangladesh con una población ligeramente superior a un millón de habitantes-. Hacía unos días, la Federación del Fútbol de la India (AIFF) había emitido un comunicado en el que certificaba el descenso administrativo del Aizawl F.C. El modesto equipo del Noreste de la India había terminado en penúltima posición de la tabla, sacándole un punto de ventaja al último clasificado, el DSK Shivajians F.C. En principio, eso era suficiente para salvar la categoría. No obstante, es la India. Un país donde las decisiones se toman cuando tienen que tomarse. No antes. ¿A quién narices le importa la seguridad jurídica? ¿Para qué prever el futuro de una realidad tan cambiante? En este país, el fútbol también es negocio. Los intereses económicos van por delante de todo. Y es que resulta que el zaguero de la I-League tenía inmunidad administrativa. Durante un período de tres años, la AIFF le había concedido el privilegio de poder jugar en la máxima categoría con independencia de sus resultados. Vamos… que no podían descender. Habían salvado la categoría en los despachos. Y consecuentemente, habían condenado al descenso al Aizawl F.C.

Por eso la ciudad se encontraba de luto. Por eso lloraban los habitantes de Aizawl. Por eso el equipo estaba destrozado. La impotencia de haberse dejado la piel en el campo y descender por razones ajenas al deporte. La importancia del poder. El poder del dinero.

Sin embargo, el destino, siempre caprichoso, le tenía reservada otra empresa bien distinta al modesto club de esta localidad en el Noreste de la India.

Resulta que por razones extra deportivas y disputas con la AIFF, dos de los equipos con mayor tradición futbolística en el país, el Salgaocar FC y el Sporting Clube de Goa –ambos en el estado de Goa, antigua colonia portuguesa, donde el fútbol destapa pasiones, incluso por encima del deporte nacional, el cricket-, habían decidido renunciar a su plaza en la I-League y retirarse de la competición. A partir de ahora, solo jugarían en la liga estatal de Goa.

Ello permitió que, prácticamente en la última campanada, el Aizawl F.C. recuperase su plaza en la I-League y un año más tuviera el derecho de competir en la máxima categoría del fútbol indio. Un regalo caído del cielo. Una segunda oportunidad que sin dudas tenían que aprovechar.

Y así comienza esta quijotesca historia, en un país donde el escenario futbolístico está cambiando, en un continente donde el fútbol mueve masas, donde la competición cada vez es más intensa, pero donde el fútbol poco a poco es menos deporte y más negocio.

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¿Quién podría imaginar que un equipo con un presupuesto veinte veces inferior al de los equipos más potentes de la liga podría conseguir hacerse con el título?

Una gesta sin precedentes que jamás aparecerá en la televisión, ni en la radio, ni en los libros de historia. La gesta más grande del fútbol en Asia. La gesta del Aizawl F.C. o cómo un equipo marginal de las montañas conquistó la Liga India.

Sin dudas se trata de una historia con mucha fuerza, que guarda ciertas similitudes con una gesta similar ocurrida recientemente en Inglaterra. Evidentemente, nos referimos la hazaña conseguida por el Leicester City el año pasado.

Al igual que entonces, el escenario a principios de temporada era poco esperanzador. Un club modesto con pretensiones de permanencia. Un presupuesto reducido. Una plantilla sin estrellas, formada por canteranos y desconocidos. Un equipo de descartes.

El entrenador de este equipo se llama Khamil Jamil, nacido en Kuwait, de padres indios. La temporada pasada había sido despedido por el Mumbai FC tras siete temporadas al mando del equipo. El club sostenía que el entrenador no disponía de la ambición necesaria para conquistar el título. Parece ser que se equivocaron. Y para más inri, el club que le despidió por falta de ambición terminó esta última temporada en el último puesto de la clasificación. Puede que la culpa no fuera tanto del entrenador, como de sus dirigentes. Puede que todo haya sido una casualidad.

“Este ha sido el triunfo más importante de mi carrera. Siempre he querido ganar el título de la I-Leage. Cada año, a principio de temporada solía decirme a mí mismo que este iba a ser mi año, que iba a ganar. He tenido que esperar muchos años. Y ahora, por fin, lo hemos conseguido”, confiesa un aliviado y sereno Jamil.

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Entre otros jugadores, que han sobresalido sorprendentemente a lo largo de esta temporada, al igual que lo hicieron Mahrez y Vardi en el Leicester City, nos encontramos con Mahmoud al Amnah y Alfred Jaryan.

Mahmoud al Amnah es originario de Aleppo, una ciudad devastada por la guerra en Siria. Este mediocentro de 34 años venía procedente del Sporting Clube de Goa, un club donde no tuvo la oportunidad de demostrar su valía. Debido a disyuntivas con la federación de fútbol de la India, el Sporting Clube de Goa abandonó la máxima categoría del fútbol indio en el 2016. Amnah no tuvo otra que buscarse un equipo nuevo. La única oferta, la de un pequeño equipo del Noreste de la India. Le gustó el proyecto y no se lo pensó dos veces. Rumbo a Aizawl.

A lo largo de la temporada, no era raro que Amnah recibiera noticias sobre ataques suicidas en su ciudad natal. Tampoco que le comunicaran el fallecimiento de varios amigos y/o conocidos. Así, por ejemplo, el día en que se produjo el ataque químico en Siria que acabó con la vida de al menos 74 personas, Amnah estaba preparándose para uno de los partidos más importantes del año – contra el vigente campeón, el Bengaluru FC. No obstante, su comportamiento siempre ha sido ejemplar. A lo largo de la temporada ha tenido la mente fría y no ha dejado que las malas noticias afectaran ni a su juego ni al espíritu del equipo.

Sin ninguna duda, el internacional sirio, ha sido uno de los pilares fundamentales del equipo esta temporada. Sim embargo, el jugador sobre el que se articuló el equipo y que recientemente ha sido nombrado mejor medio centro de la temporada es su capitán, Alfred Kemah Jaryan.

Jaryan tiene 28 años y es de Liberia. Juega en el Aizawl FC desde 2015. Hasta este año desempeñaba la posición de delantero, pero con la llegada de Khamil todo cambió para él. El nuevo entrenador pronto se dio cuenta de que además de potencia física, Jaryan tenía cualidades técnicas y tácticas que podría aprovechar para darle más verticalidad al equipo, si éste se situaba en una posición un poco más retrasada. En cuestión de semanas, reconvirtió a Jaryan en centrocampista. Con ello, el equipo ganó en posicionamiento, velocidad y fluidez en la circulación del balón. De esta manera, las transiciones defensa-ataque eran más ordenadas y se conseguían generar muchas más oportunidades de gol.

Y en un principio, pocos creían que este experimento saldría bien. Sin embargo, se hizo la prueba en el segundo partido de la temporada contra el Churchull Brothers. El resultado fue victoria por 3-1 con un estilo de juego ofensivo en el que generaron muchas ocasiones de gol. Jaryan estaba cómodo en su nueva posición y el esquema parecía que funcionaba.

El entrenador apostó por el juego vertical y lo acompañó con una defensa muy sólida y bien posicionada. Poco a poco fueron llegando las victorias y pronto ocuparían las primeras posiciones de la tabla. El estilo de juego se basaba mucho en el balón largo y con un querencia natural al contraataque y las jugadas de estrategia. Era vistoso y efectivo.

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Durante meses, el Aizawl F.C. se convirtió en un repentino Leicester City: un equipo modesto que jugaba bien al fútbol y que inesperadamente se encontraba en lo alto de la clasificación, un equipo del que de repente todos se convertirían en admiradores por una mera cuestión de narrativa. El equipo del pueblo, de los humildes, de los sueños.

Y pasaron las semanas y con un estilo de juego propio y el apoyo de cientos de miles de aficionados en todo el país, el club terminaría la temporada igual que lo hizo el Leicester City, empatando 1-1 y proclamándose campeón. Un cuento de cenicienta que se repite a más de 8.000 kilómetros de distancia. Un cuento que le hace a uno soñar que por muy mal que vayan las cosas, todo es posible; uno de esos cuentos que nos hace disfrutar y que todos necesitamos escuchar de vez en cuando. Uno de esos que nos recuerdan que el fútbol sigue siendo deporte.