Hace 16 años se jugó la última edición de la Intertoto, una competición que para algunos fue como un amor veraniego: intenso, pasajero, pero inolvidable.
Rooney se retiró y cometió el peor de los pecados: ganar peso. Podemos reírnos de alguien por su torpeza o por su vestimenta, pero nada supera la tentación de burlarnos de alguien por su aspecto físico.
Hace 100 años André Breton publicó su ‘Manifiesto del surrealismo’, acta fundacional de un movimiento artístico que quiso sobreponerse a lo racional. También el fútbol ha ofrecido momentos decididamente surrealistas.
Hay quienes dicen que los buenos futbolistas nunca son guapos. De hecho es, hasta cierto punto, un hándicap. Es como si a los guapos se les exigiese más por el mero hecho de serlo.
Rafa Nadal se retira. Como tenista, lo ha conseguido absolutamente todo. Pero son tantos los vínculos que lo unen al fútbol que se hace imposible no preguntarse qué habría sido de él como jugador.
Sigue y seguirá habiendo jugadores extraordinarios, pero estamos un poco más lejos de reencontrarnos con la sensación de que un solo futbolista puede ser dueño de un partido y el juego en su totalidad.
Hay muchos aficionados al fútbol que, cuando hay partido, necesitan ir al campo, al bar, juntarse con los amigos. Luego están los que eligen la soledad, ya sea para celebrar un gol o llorar una derrota