Ha llegado el momento de ponernos serios, de hablar del fútbol de verdad, de ese que se respira en las calles, los descampados, los jardines, los colegios… ese fútbol dónde solo hace falta un balón, dos porterías y un grupo de amigos para vivir la emoción al 200% del deporte rey.

Madres y padres de todo el mundo, no saquéis la cabeza por la ventana y nos llaméis para cenar, porque está a punto de empezar el partido más importante de nuestras vidas, lo vamos a jugar a cara perro, y solo pararemos de correr, soñar y meterlas por la escuadra cuando la noche se nos venga encima y no distingamos si el balón ha pasado entre palos.

Para empezar el partido es necesario ser conocedor de las reglas, y aquí amigos míos, no tiene cabida ni el VAR, ni la FIFA, ni el comité internacional de árbitros, la ley de la calle es una biblia intocable, un código de honor que aquellos que lo juran lo respetan hasta el final de sus días de infancia y lo transmiten de generación en generación para que las costumbres de verdad nunca se pierdan. Vamos a imaginarnos que tus padres se acaban de mudar a un nuevo barrio y que después de pensártelo mucho, has decidido colgarte el 10 a la espalda y bajar a hacer amigos. Si es así, lo mejor que puedes hacer es llevarte ese balón que te acaban de regalar por el cumpleaños, será pura criptonita para romper esa barrera social que los del barrio de toda la vida pondrán recelosos al verte en su territorio.

Claves para montar el equipo ganador 

Lo primero que debes hacer cuando llegues es localizar al cabecilla, todos los grupos de amigos tienen uno, sin duda ganarte su confianza será lo más difícil, pero no te preocupes es humano y tiene corazón. Llegar a ser cabecilla es un trabajo de actitud, de iniciativa y de ser dueño del balón (indispensable para ser capitán del equipo). Debes de ofrecerle el control de tu nuevo balón para tu debut como símbolo de que no ostentas su posición, solo pides su aprobación para poder jugar con los demás.

El otro capitán es el que ha nacido para ser una estrella del fútbol mundial, el que tiene habilidades con el balón que no habías visto antes, y que no es el jefe de la pandilla porque vive por y para el balón, los problemas “del pueblo” no son de su incumbencia. Tu sitio está con todos los demás, arropados en un corrillo frente a los capitanes esperando ser elegidos uno a uno. Vamos con la alineación.

El portero: Aquí tenemos dos posibilidades, la primera es que haya nacido para llevar guantes, la segunda, es que sea tan patoso y descoordinado que la única opción que tenga de parar un balón es que le de en la cara.
La defensa: El matón de la pandilla, el que saca de los marrones al capitán cuando le pierde la boca y al que todos respetan por su fuerza y sus pocas palabras, una versión infantil del indio Toro Sentado.
Las bandas: Para las ratillas, lo más bajitos escurridizos y rápidos, capaces de meterse por cualquier lado cuando el balón roza los límites del “por ahí no vale”.

El medio centro: Aquí juega el hombre de confianza del capi, su mano derecha, su extensión, el que pone la pausa y le suministra balones con ventaja para que sea el quien los meta entre las mochilas y se siga llevando los méritos, lleva el mediapuntismo en la sangre y empatizarás con el antes que con nadie por su inteligencia emocional. Será el encargado de convencer jefe de que ya formas parte de la pandilla.

El capi: Juega entre el mediocentro y la portería rival, pero la verdad es que puede ponerse hasta los guantes en el medio del partido si hay que parar un penalti decisivo y el de las gafas se caga de miedo.
Saca las faltas, los penalties, los corners e incluso de centro. Es el único con potestad para coger el balón con la mano y pitar una falta y solo cuando su madre saca la cabeza por la ventana, el partido se acaba, porque el balón es de el y se lo lleva.

Dimensiones y características del terreno de juego

Lo único que se necita para hacer un campo son cuatro mochilas, dos para cada portería, que deben de medir aproximadamente dos pasos como mínimo, más, si los porteros han nacido para serlo. Las bandas se extienden hasta el ancho de la calle, y por supuesto, todo lo que se vaya más allá de la línea de fondo es balón para el portero o corner. Se jugará a lo ancho o a lo largo de la calle dependiendo del número de jugadores que hayan bajado esa tarde, los coches o las ventanas más cercanas.

Normas del partido: Aquí empieza el código de honor del que hablábamos al principio, la biblia que se firma cuando se entra al campo y que se lleva grabado a fuego juegues en el barrio que juegues y sea quien sea el rival.

Vamos a destacar las más comunes: Dos mochilas dos porterías: Ya lo explicábamos antes, salir de clase, dos mochilas al suelo y que ruede la pelota.

No vale furar: A una distancia considerada relativamente cercana (dentro del área) no vale pegarle al balón con todas tus fuerzas. Es probable (muy probable) que el portero use gafas , y todos sabemos que nunca pone las manos a tiempo y las gafas a todas las familias les cuesta pagarlas.

Si no hay sangre no hay falta: Las probabilidades de que se pite falta en un balón dividido son escasas, lo único que evidencia que haya sido infracción es una rodilla o un codo sangrando.

La ley de la botella: Si el portero se cansa de ir a buscar el balón cada vez que se chute a portería, entra en juego la ley de la botella “el que la tira va a por ella”.

No ha sido nadie: En caso de que se haya roto algo, no ha sido nadie, todos se cubren, si hay un chivato, el acabará siendo el culpable por fuerza de todos los demás.

Quién marque gana: Da igual quién haya sido superior o favorito en los pronósticos y las apuestas deportivas hasta ese momento, cuando en casa amenazan con el castigo hay que irse pitando, y el que marca el último gol de la tarde, gana.