Nadie encendía la emoción en el corazón de los aficionados como el ‘Turu’: cuando estaba en el área, el tiempo parecía detenerse y cualquier cosa podía pasar, desde un toque sutil hasta el más potente de los disparos… y sus goles desataban la locura en la grada.


Hay jugadores que cuentan con una magia especial con la afición de los equipos en los que militan. Suelen ser futbolistas diferentes en el campo, con una forma de entender y vivir el fútbol que despierta una emoción incontenible en la hinchada, que va más allá de los resultados o su rendimiento. En esta lista podríamos encontrar al ‘Mágico’ González, Romario, Valerón y al ‘Turu’ Flores.

José Óscar Flores fue un delantero argentino fuera de la norma. Goleador nato, su físico estaba muy lejos de los cuerpos esculpidos al detalle a los que nos ha acostumbrado el fútbol contemporáneo, pero de sus botas brotaban regates en corto que parecían físicamente imposibles. Los primeros en disfrutar con el fútbol del ‘Turu’ fueron los aficionados del Vélez Sársfield, club en el que ingresó de pequeño y que le vio jugar en el primer equipo de 1990 a 1996. En estos seis años disputó 153 encuentros, en los que anotó 45 goles. Fueron unos años repletos de éxitos, tanto personales como colectivos: una Copa Libertadores (1994), una Copa Intercontinental (1994), un Campeonato de Apertura (1995), dos de Clausura (1993 y 1996) y una Copa Interamericana (1996). En Vélez todavía se recuerda con nostalgia el Campeonato de Clausura de 1995, en el que anotó 14 dianas en 17 encuentros.

Flores llamó la atención de los ojeadores de la Unión Deportiva Las Palmas, y en 1996, con el club en Segunda División, se convirtió en el fichaje más caro en la historia del equipo, que desembolsó 550 millones de pesetas. El ‘Turu’, con 25 años, marcó 14 goles en su primera temporada, demostrando que su fútbol se podía adaptar sin problemas a la exigencia del estilo europeo. No fue suficiente para lograr el tan ansiado ascenso (finalizaron en séptima posición y no superaron los play-offs), pero sí para enamorar a una afición que ya no dejaría de corear su nombre en cada encuentro.

La siguiente temporada, el ‘Turu’ mejoró su registro anotador hasta alcanzar las 21 dianas. El equipo finalizó tercero en la liga, muy cerca de las dos plazas de ascenso directo, pero tampoco pudo conseguir la tan ansiada promoción a Primera, tras perder contra el Oviedo en las eliminatorias por el ascenso. A Flores se le empezaba a quedar pequeña la Segunda española y el club encontró un comprador para él, para tristeza de una afición que lo había elevado ya a la categoría de ídolo. El Deportivo de La Coruña abonó cerca de 800 millones de pesetas (casi cinco millones de euros) por su traspaso; llegaba después de haber marcado 35 goles en 68 partidos.

La afición del Deportivo de La Coruña, donde estuvo desde 1998 hasta 2001, también sucumbió a los encantos de su juego. Su calidad se sumó a la de una plantilla que sorprendía a propios y extraños por su fútbol sin complejos. El año de su llegada, el Depor quedó sexto en la competición liguera, lo que le permitió jugar la Copa de la UEFA la siguiente temporada. La calidad de ‘Turu’, su excepcional forma de detener el tiempo sobre la cancha, se demostraba más que suficiente para destacar en una de las ligas más importantes del fútbol europeo.

En la temporada 1999/00 se desató la locura en la ciudad herculina. El equipo blanquiazul alcanzó los cuartos de final de la Copa de la UEFA (perdió frente al Arsenal), pero, de la mano de Irureta en el banquillo y con un Roy Makaay en estado de gracia, llegó a la última jornada con opciones de hacerse con el título liguero. La fiebre del fútbol se apoderó de A Coruña, y ya sabemos que, cuando se desata, es capaz de llegar a todos los rincones, desde series de anime a distintos tipos de campeonatos de póker, cartas tipo Magic o incluso coches. Decenas de miles de gargantas llevaron a su equipo a la consecución del primer y, hasta ahora, único, título de liga, con el ‘Turu’ como pieza clave en su consecución.

En su tercera temporada, en la que jugó la Champions (alcanzó los cuartos, donde perdería contra el Leeds) y ganó la Supercopa, su juego se resintió y perdió parte de la confianza que en él había depositado su entrenador. Sin minutos, pero sintiendo que todavía atesoraba mucho fútbol en sus botas, decidió cambiar de aires al acabar el ejercicio. Se despidió de la afición deportivista después de haber jugado 83 partidos, con un balance de 22 goles en su cuenta anotadora.

Tras su salida del Deportivo, no volvería a recuperar el estado de forma y la puntería de temporadas anteriores, y lo vimos pasar por el Valladolid (ocho partidos, una diana), el Mallorca (12 partidos, ningún tanto), el Ciudad de Murcia (22 partidos, tres goles), el Independiente (19 partidos, cuatro goles), el Aldosivi (15 partidos, cinco goles) y se despidió del fútbol en el FC Lyn de Oslo, donde apenas disputó 45 minutos de juego. Flores decía adiós al deporte profesional, pero su huella permanecería en las retinas de todos los que tuvieron la suerte de disfrutar con su juego.