“Como en la historia de Astérix y los galos. En un extremo de la península, hay un pueblo que los tiene muy bien puestos. Contra los imperios no tiene miedo de luchar. Tenemos valores, tenemos humildad. Tenemos un reto, ir paso a paso desde el esfuerzo y la lucha constante. Hay historias que parecen irreales, hay ilusiones que son inverosímiles, hay cosas que si no las ves no te las crees. Hay un club de fútbol que no tiene ni techo ni límite ni miedo de nada; un equipo que viste de azulgrana. Som-hi, força Llagostera. Si lo soñamos, lo hacemos. No daremos un paso atrás, Llagostera eterno”. Así canta el precioso himno de la Unió Esportiva Llagostera, con unos versos que quizás son la mejor forma de definir la proeza que completó su juvenil A en la 18ª Mediterranean International Cup (MIC), el prestigioso torneo internacional de fútbol base que se disputó la semana pasada en la Costa Brava y que contó con la presencia de 372 equipos de todo el mundo y de más de 7.000 futbolistas.

Como en todas las buenas historias, para comprender su magnitud hay que desplazarse un tiempo atrás. Y es que lo cierto es que, a los jugadores del Llagostera, el modesto equipo de un pequeño municipio de la provincia de Girona de apenas 8.000 habitantes que hizo historia al ascender desde Segunda Regional hasta Segunda División en tan solo diez años de la mano de Oriol Alsina, no les hacía especial ilusión acudir al MIC. “Una semana antes del torneo lo hablábamos y no queríamos ir. De hecho, hay algunos jugadores que no vinieron y que ahora se están arrepintiendo mucho. Yo no quería ir, pero la verdad es que suerte que al final dije que sí…”, reconoce, entre resoplos y sonrisas, el centrocampista Pau Juvanteny, el pulmón del conjunto que dirige Salvador Jaspe, que tan solo tuvo dos o tres días para confeccionar el equipo porque no sabía de qué futbolistas iba a poder disponer.

 

“Una semana antes del torneo lo hablábamos y no queríamos ir”

 

Con todo, la organización del MIC decidió que el encuentro de la primera jornada que tenía que enfrentar a los azulgranas con el Málaga, vencedor del torneo en la categoría juvenil en tres de las últimas cinco ediciones, fuera el encuentro inaugural de la competición. Así pues, después del desfile de todos los equipos participantes, el Llagostera se dispuso a saltar al césped del Municipal de Vilatenim (Figueres) bajo la atenta mirada de las 10.000 almas que llenaron las graderías de un estadio que antaño fue escenario de Segunda División. ¡Buah!, es que fue una pasada. Salimos de los vestuarios y, cuando subimos por las escaleras, dijimos: ‘Hostia, cuanta gente…’. Hacia la derecha, gente; hacia la izquierda, gente; hacia adelante, gente; hacia atrás, gente. Sí, sí… Fue como un sueño”, rememora el arquero Sergio Gómez. “Para la gran mayoría de ellos era el último torneo como juveniles, y además nunca habían jugado en un campo tan lleno. Era una experiencia que se tenían que llevar para toda la vida, así que les dije: ‘Disfrutadlo, que no sabemos si podremos volver a jugar contra rivales de esta entidad y si vais a poder volver a vivir algo así'”, sentencia Salvador Jaspe, que vio como sus futbolistas caían por un claro 2-0 ante el cuadro malacitano.

Tras caer contra el Samaya libanés por 1-0 en un encuentro en el que el equipo pecó de exceso de confianza, el Llagostera llegó al partido contra la Kaptiva Sports Academy de Barcelona, el último de la fase de grupos, obligado a ganar para tener opciones de pasar a la siguiente ronda. “Siendo conscientes de nuestras limitaciones y de la calidad de los rivales, teníamos que intentar hacerles ver que podíamos y teníamos que hacer algo más de lo que estábamos haciendo. Llevas un escudo que te exige dar una buena imagen, no te puedes ir a casa en la primera ronda sabiendo que hay equipos peores que tú. Les dije: ‘Bueno, de vosotros depende… Aquí sois vosotros los que jugáis, nosotros no podemos hacer nada más’. Entonces intentaron hacer un cambio psicológicamente, y jugaron un buen partido”, asegura el técnico azulgrana. Y Sergio Gómez añade: “Estábamos prácticamente fuera y el entrenador nos dijo: ‘Tenéis que ganar sí o sí para pasar, vosotros mismos. Es la última vez que podéis jugar el MIC, así que ya sabéis lo que tenéis que hacer’. Al descanso ya ganábamos por 2-0”.

 

“Es la última vez que podéis jugar el MIC, así que ya sabéis lo que tenéis que hacer”

 

El duelo acabó con clara victoria para los gerundenses (3-0), que salieron vencedores de un triple empate a tres puntos y obtuvieron uno de los últimos billetes para los dieciseisavos de final. Allí se cruzaron con el Odder IGF danés, al que doblegaron por un ajustado 2-1 en la que fue la segunda y última victoria conseguida en los 50 minutos del tiempo reglamentario en todo el torneo para una Unió Esportiva Llagostera que, a partir de los octavos, empezó a construir un extraordinario idilio con los penaltis.

El primero en sufrir el increíble acierto de los futbolistas de Salvador Jaspe en las penas máximas fue el Atlas, uno de los clubes de México con un fútbol base más potente. Los aztecas se avanzaron en el minuto 11 del segundo tiempo al aprovechar un contraataque, pero cuando todo parecía perdido Gerard Mercader, personificando el carácter luchador e incansable del conjunto azulgrana, apareció en el último suspiro para recoger un balón dividido y forzar una tanda de penaltis en la que brilló Toni Pascual, el compañero de Sergio Gómez en la portería, que atajó dos lanzamientos del cuadro mexicano e hizo que el Llagostera accediera a los cuartos de final, donde ya le esperaba el Athletic Club.

“Ellos flotaban, pero yo…”, admite un sonriente Salvador Jaspe. Y se justifica: “Antes del partido contra el Bilbao les comenté: ‘Bueno, ya… Si nos eliminan tampoco pasa nada, porque ya hemos hecho los deberes y el fin de semana que viene nos toca el Reus en liga y vamos muy justos de jugadores…’. Y ellos, al revés: ‘No, no y no. Ni de broma. Hemos llegado hasta aquí, y ahora vamos a por el torneo'”. Así pues, los jóvenes futbolistas del Llagostera saltaron al césped del estadio de Tossa de Mar completamente convencidos de que, a pesar de que el cuadro bilbaíno era el gran favorito de la eliminatoria, iban a vencer. El Athletic golpeó primero, pero los gerundenses volvieron a empatar el encuentro rápidamente. “1-1, penaltis y volvemos a pasar”, sintetiza Pau Juvanteny, uno de los nombres clave de un vestuario que se convirtió en una auténtica fiesta al certificarse el histórico pase a las semifinales.

 

El cuadro del torneo deparó que el rival del Llagostera en las semifinales no fuera otro que el Futbol Club Barcelona, el incontestable favorito de la competición. “Dijimos: ‘Ya está’. Si es que estábamos preparando la fiesta del sábado por la noche ya… Pero jugamos de puta madre y pudimos empatar”, recuerda el centrocampista del equipo gerundense, que hace unas semanas ya se había impuesto al Barça por 1-4 en la Liga Nacional juvenil. Llegaron los penaltis, y ahí emergió la figura de Sergio Gómez. “Es que yo flotaba. Llega un momento que ya dejas que las cosas pasen, que no te pones nervioso por nada. Al contrario, estaba muy motivado. Sabía que mi equipo marcaría y que yo pararía un penalti como mínimo. Y, sobre todo, lo que me llevo de este MIC es la sensación del equipo haciendo piña. Escuchar al capitán diciendo: ‘Meted los penaltis, que Sergio ya parará los suyos’. Esta confianza del equipo es una sensación única que aún me pone la piel de gallina, que aún me emociona. Todos me decían: ‘Venga Sergio, que los paras’. Y yo les respondía: ‘Hermano, los paro seguro. Estoy enchufadísimo’. El secreto está en creértelo, en confiar en uno mismo. Siempre hay que tener un poco de suerte, pero la suerte también se tiene que buscar”, subraya el guardameta de Lloret de Mar, uno de los grandes artífices de la impensable gesta que logró el Llagostera al eliminar al Barcelona. “Todos tenían su rol dentro del grupo, todos creían que podían tener ese día de protagonismo. Y es algo que no se lo puedes quitar. Cuando un jugador te dice ‘voy a pararlos’, tienes que contestarle: ‘Ahí tienes la portería, disfrútalo'”, apunta Salvador Jaspe, el entrenador de un equipo humilde que, sin hacer demasiado ruido y basándose en un impecable trabajo defensivo, había conseguido alcanzar la final del MIC, el coto privado de las grandes canteras del fútbol internacional.

Con todo, la final de la categoría juvenil, el último encuentro de los más de 900 que acogieron las 37 sedes del torneo durante los cinco días que duró la competición, ofreció un derbi histórico entre el juvenil A del Llagostera y el juvenil C del Girona. Y, por si fuera poco, el encuentro se disputó ante 4.000 espectadores en el imponente Nou Estadi de Palamós, el campo del decano del fútbol catalán, otro de los grandes equipos del fútbol gerundense, y que acogió al conjunto azulgrana en las dos temporadas (14-15 y 15-16) que estuvo en Segunda División.

 

“A ganar, hijos de puta”

 

Finalmente, poco antes de la una del mediodía, llegó el momento de la charla. “Entré en el vestuario y mis únicas palabras fueron: ‘Estáis aquí porque lo habéis merecido, así que salid ahí y comeos al Girona. No tengo que deciros nada más, ahí tenéis colgada la estrategia’. No hacía falta motivarles, ellos ya sabían lo que se jugaban y donde estaban”, remarca Salvador Jaspe. “Solo recuerdo una cosa de lo que nos dijo: ‘A ganar, hijos de puta'”, añade Pau Juvanteny, recordando cómo vivieron los instantes previos al inicio del choque: “Nos decíamos los unos a los otros: ‘Esta la ganamos seguro, sí o sí’. Veíamos la copa ahí delante, pero nos repetíamos: ‘Ni se mira ni se toca'”. Y, en la misma línea, Sergio Gómez señala que: “Era la segunda vez que la veíamos. En el partido inaugural ni la miré, pero en la final sí que tenía ese gusanito de ‘va, la miro de reojo… No, que da mala suerte…’. No sabía qué hacer, pero ahora la copa es nuestra. La copa es nuestra, y ya está en casa”.

Ciertamente, la Unió Esportiva Llagostera, el equipo revelación de la competición, acabó ganando el MIC contra todo pronóstico e inscribió su nombre con letras de oro al lado de los de las selecciones de Brasil y de México, del Málaga, del Espanyol, del Barcelona, del Villarreal, del Manchester United y del Aspire Football Dreams; pero conseguirlo no fue nada fácil. Y es que, desde el primer minuto de la final, el encuentro fue tremendamente competido e igualado, con mucha intensidad e incluso una pizca de dureza en algunos tramos del choque. Sabedores de lo que les había costado llegar hasta ahí y centrados en no cometer ningún error para no echar a perder sus opciones, los dos conjuntos saltaron al verde con el miedo en el cuerpo, mostrando un desmedido respeto por el rival. A pesar de que el favoritismo teóricamente recaía en el Llagostera porque la mayoría de sus jugadores son juveniles de tercer año y compiten en una categoría superior, fue el Girona, un club que se ha revitalizado con el ascenso a Primera División del primer equipo, quien trató de dominar el encuentro desde el centro del campo.

MIC/Sergi Roel

Los rojiblancos tuvieron muchas dificultades para superar los férreos engranajes defensivos del Llagostera, pero acabaron encontrando el premio a su insistencia en el minuto 13 de la segunda mitad, cuando Mateo Enríquez, el ’10’ del Girona, aprovechó un grave error defensivo para anotar el 1-0, un tanto que parecía sentenciar la final y condenar cruelmente a la derrota los futbolistas de Salvador Jaspe, incapaces de acercarse con peligro al área de los de Montilivi durante la mayor parte del duelo. Sin embargo, más con el corazón que con la cabeza, el conjunto azulgrana consiguió despertar súbitamente en el último suspiro.

Como si quisiera emular al Carles Puyol que decidió la semifinal del Mundial de Sudáfrica contra Alemania, Aleix Pla, el más contundente de los contundentes centrales del Llagostera, se levantó de forma imperial en el área para cabecear de forma magistral una falta lateral, concediendo a la final las siempre necesarias dosis de emoción y sorpresa, hundiendo a los jugadores del Girona y provocando la catarsis colectiva en un Nou Estadi de Palamós que en aquel preciso instante descubrió quien iba a ganar el torneo.

Sergio Gómez, Pau Juvanteny y Salvador Jaspe celebran el 1-1. Marcador Internacional/Tomás Martínez

Justo antes de que el colegiado decretara el final del tiempo reglamentario, Salvador Jaspe decidió dar entrada a Sergio Gómez, que volvería a ser protagonista en la que fue la cuarta eliminatoria consecutiva que el Llagostera ganó en la tanda de penaltis al detener otras dos penas máximas. “Ya habíamos ganado tres, así que piensas que esta se te va a girar… Pero siempre te queda ese punto de: ‘Vamos a sacarlo. ¿Por qué no?’. Los chavales se lo curraron, se lo merecían, y era su oportunidad”, asevera el técnico de Olot. Y, emocionado, el portero azulgrana rememora que “cuando paré el primer penalti, que lo bloqué, me levanté y me quedé como dos segundos en shock. Pensé: ‘Hostia, tío, ¿qué he hecho? ¡qué he hecho!'”.

Finalmente, Abel Fàbregas transformó el cuarto penalti del Llagostera y certificó una victoria tan increíble como inolvidable. Y, mientras el ‘8’ se abrazaba con Sergio Gómez y desaparecía entre una nube azulgrana, las cámaras corrían por el césped intentando inmortalizar las inefables escenas de felicidad que ese equipo humilde, el heroico ganador de la decimoctava edición del MIC, le estaba regalando al impredecible mundo del fútbol.

Tal y como escribía Tomás Martínez en Marcador Internacional, “el choque no fue brillante, ni tampoco espectacular, pero sí mantuvo la emoción hasta el último suspiro”. Y, conscientes de que habían tocado la gloria, los futbolistas del Llagostera, eufóricos, completamente superados por una realidad que no se habían imaginado ni en el mejor de sus sueños, explotaron y se dejaron llevar por la alegría del momento. “Quién nos lo iba a decir hace unos días… Nos lo hemos creído hasta el final y hemos sabido luchar. Y aquí estamos, levantando la copa. Es un subidón que sinceramente es increíble. Hoy nadie duerme hasta las cinco. Es que ganar el MIC es increíble. Es una sensación…”, afirmaba justo después del partido el capitán del equipo, Monsif Khttar El Yousfi, buscando las palabras para definir una situación indefinible mientras sus compañeros aparecían por detrás para mantearle.

Y, cinco días después, la emoción aún corre por las venas de los protagonistas de una de las mayores sorpresas que se han visto nunca en el torneo. “Pasan los días y aún no me lo creo”, escribía el martes en Twitter Christian Duran, uno de los titulares en el eje de la defensa. “Íbamos a cada partido pensando que era el último. Y como íbamos así, sin tener nada que perder, fuimos pasando. Es lo más bonito que he vivido en el mundo del fútbol. Tengo guardadas todas las fotos de la celebración, fue un momento muy guapo”, concluye Pau Juvanteny. “El domingo salimos con los compañeros y el día siguiente, cuando me desperté, me levanté y me pellizqué como diciendo: ‘Hostia, ¿hemos ganado?’. Y sí, sí. Buscar la medalla, encontrarla y decir: ‘Sí, sí, es mía…’. Es algo impresionante, algo que recordaremos siempre”, sentencia Sergio Gómez, verbalizando la emoción de un equipo que, una vez finalizado el MIC, tiene que volver a tocar con los pies en el suelo para continuar persiguiendo su principal objetivo: mantenerse un año más en la Liga Nacional juvenil, el segundo escalón más alto de la categoría.

MIC/Sergi Roel

“Ahora toca seguir trabajando, seguir peleando para salvar la categoría. Yo creo que lo vamos a hacer, porque el MIC nos ha hecho una familia. Nos queremos más todos, y nos puede venir muy bien anímicamente. Si esto nos da el punch para creérnoslo y para sumar los puntos que necesitamos para salvarnos sería la hostia”, subraya Salvador Jaspe, antes de reconocer que haberse hecho con el título “es para recordarlo toda la vida. La gente me manda mensajes diciendo: ‘Oye, tú no sabes lo que has hecho…’. Y tú en principio sí que eres consciente de ello, pero nunca esperas poderlo ganar. Siempre trabajamos con el discurso de la humildad porque es en lo que creemos, pero también es verdad que nos lo merecíamos porque llevamos mucho tiempo trabajando. No solo tienes que estar sufriendo en todos los partidos, a veces también te tiene que llegar algún premio”.

Ciertamente, nadie puede saber si la Unió Esportiva Llagostera acabará consiguiendo la permanencia ni si alguno de los 17 futbolistas azulgranas que triunfaron en el MIC podrán consolidarse en la elite del deporte rey. Sin embargo, lo que es indudable es que ninguno de ellos olvidará jamás el 1 de abril de 2018, el día en el que se convirtieron en gigantes, el día en el que hicieron real una historia que parecía irreal. Lo soñaron, y lo hicieron.