Todo el mundo tiene canciones para cada momento. Hay gente que desayuna con Chopin, luego se ducha con CHVRCHES y se viste con Alt-J. Para ir al trabajo canta con Iggy Pop y cuando se sienta en el escritorio le da al play a Alphaville para recordar que siempre hubiese querido ser el joven despreocupado que no tenía obligaciones. Ya por la tarde, se pone a Billy Joel para volver a casa mientras cree que otra vida es posible. Si tenemos canciones para cada hora, minuto y segundo, ¿cómo no íbamos a tenerla para años enteros?

Pero hay gente a la que no le gusta tanto el eclecticismo musical. Hay gente que prefiere a Eminem, Jay-Z, Nas o Ice Cube. Hay gente que ha nacido para ser rapero pero no lo ha logrado. Y hay otra gente que ha nacido para ser rapero pero ha tenido que tirar para lo que le daba de comer, es decir, el fútbol. Y este es Royston Ricky Drenthe.

Su vida en el mundo del fútbol ha sido bastante caótica. Caótica y con pinceladas de suerte. Este jugador, sobrino de Edgar Davids, el pitbull más feroz de los últimos tiempos, y primo de Georgino Wijnaldum, ahora en el Liverpool, no podía acabar en otro sitio que no fuera en un campo de fútbol. Pero si la gente dice que relaciones palabras con su persona, lo primero que te viene a la mente es ‘noche’, ‘fiesta’ y ‘música’. Y anarquía. Nacido en la Manhattan del Mosa y tras pasarse toda su infancia alternando las categorías inferiores del Feyenoord y del Excelsior, Erwin Koeman, hermano mayor de Ronald Koeman, lo hacía debutar para la ‘Het Legioen’ ante el Vitesse en el Gelredome un 15 de enero. Ese equipo no destacaba por su calidad ya que apenas tenía a un jovencísimo Salomon Kalou recién llegado del ASEC Mimosas y a un algo experimentado Dirk Kuyt que aterrizaba desde el FC Utrecht. Con todo, quedaban terceros a final de temporada.

Su carta de presentación fue un auténtico golazo al Sevilla en la Supercopa de España.

Ya en la siguiente temporada, y con un contrato profesional bajo el brazo, logró un hueco en el once titular y su peso en el equipo aumentaba con el paso de los partidos. Llegaba la Eurocopa Sub-21 de 2007. Roy iba a dejar claro quién era y qué quería hacer en Holanda durante el mes de junio: campeonar. Con un físico que es una mezcla entre Predator, su tío Edgar Davids y Whoopi Goldberg, la prensa se deshacía en elogios hacia el veloz interior zurdo que, con una destreza inusitada con el balón en los pies, se erigía como una de las grandes figuras del torneo, llevando a Holanda a ser campeona con una diferencia abismal sobre sus rivales. Nombrado MVP del torneo, Drenthe pasó a ser la perla que querían todos los grandes del viejo continente. Y claro, entre su notable temporada en el Feyenoord (aunque quedaron séptimos) y su inmaculada actuación en el Europeo, hacía que Ramón Calderón solo desembolsase 14 millones por la perla holandesa. Y digo solo porque, según los pronósticos, este chaval solo podía ir a mejor. Quién iba a decir que ante unos músicos como Beckham, Raúl, Heinze y los jóvenes Marcelo, Gago y Soldado, el niño de Rotterdam iba a preferir hacerse más amigo del Trap más duro con Robinho, Baptista y Guti.

Dicho y hecho, el presidente descubría a Drenthe al madridismo como el jugador “llamado a ser una gran figura del fútbol mundial”. Y el propio jugador también lo dejaba claro desde el primer partido, tanto dentro como fuera del campo. Su carta de presentación fue un auténtico golazo al Sevilla en la Supercopa de España que no sirvió para evitar que el equipo de Kanouté, Luis Fabiano y compañía se alzase con el trofeo. Tan solo nueve días después de este golazo, Roy estampó un Q7 contra un coche de policía en la calle Alcalá. Empezaba la fiesta en la capital. Su vida, en estos momentos, iba tomando el cariz de Juicy, la canción de Notorius BIG, donde rodeado de mujeres, coches lujosos y mucho champán, nada podía ir mejor. No podía ser tan cierto.

Si Eminem se tiñó de rubio para presentar álbum, Drenthe no iba a ser menos. Roy se deshacía de sus rastas para iniciar su nueva etapa en Goodison Park.

Tras una temporada muy irregular, la situación de Roy era muy complicada. La parroquia blanca, tan exigente como siempre, empezó a silbar al joven holandés, que llegó a pedirle a su entrenador por entonces, Juande Ramos, de no jugar en el Bernabéu por los continuos silbidos que recibía. A esa manera de esconderse, seguido a que tras derrotas tan dolorosas como la del 2-6 el jugador holandés prefería salir de fiesta antes que pasar el duelo en casa, el extremo pasó del banquillo a la grada durante la temporada siguiente. Así pues, el Real Madrid lo cedió el verano de 2010 al Hércules. Y empezó bien. Muy bien, de hecho, pues debutó con victoria en el Camp Nou. El recién ascendido Hércules ganaba los tres primeros puntos de la temporada en Barcelona tras perder la primera jornada en casa ante el Athletic. Parecía que, aunque solo jugó 43 minutos, el Hércules tenía otra cara con la presencia de Roy en el equipo. Drenthe dejó entrever su mejor versión en los primeros compases de la temporada con el equipo de Esteban Vigo, pero era tan solo un espejismo. La intención del Madrid, que era dejar que volviera a recuperar sensaciones, quedó en nada. El jugador volvió a las andadas cuando el retraso en el pago por parte del Hércules hacía que el chico de Rotterdam se negar a entrenar. Desde entonces, carreras a 300 kilómetros por hora por Alicante, irse de vacaciones antes que el resto de compañeros, falsas lesiones o fiestas en discotecas por valor de 6.000 euros hacían que el Hércules y su afición no viviera tranquila. El jugador estaba más pendiente de amigas suyas que del balón. El club, por su parte, imponía multas al jugador que iban a ayudar a la entidad alicantina a rebajar la deuda que tenía con Roy. Ellos felices. Drenthe, parecía que también. Roy parecía que se vestía de Kanye West y se ponía a cantar, con sus gestos y actitud, Runaway. Decía con su indisciplina lo que West cantaba a sus mujeres: “Idos, que no os convengo”.

Así pues, si Eminem se tiñó de rubio para presentar álbum, Drenthe no iba a ser menos. Roy se deshacía de su melena con rastas para iniciar su nueva etapa en Goodison Park. Prometió al Everton que con su nuevo corte de pelo se había centrado y quería demostrar que podía volver a ser el que un día pudo. David Moyes se lo creyó. Tanto, que le entregó el 10. Sí, el 10. Y otra vez volvía a pasar lo mismo: comenzó honrando el número de Maradona, Pelé o Platini hasta Navidad. Todos sabemos que por Pascuas la Premier, gracias a Dios, no descansa. Pues parece que el bueno de Drenthe quería descanso para ir con su familia, y lo pidió. Moyes, ni corto ni perezoso, no solo le denegó el permiso sino que lo puso de titular en todos los partidos para que, una vez pasada la Natividad, dejara de contar con él y, en mayo, quedase apartado del equipo por indisciplina. Quién lo iba a decir. Tras quedarse en paro y sin equipo, no volvería a saltar al verde hasta enero de 2013, cuando el Alania Vladikiavkaz ruso se hacía con sus servicios. Se vistió de corto seis veces con el conjunto oseta, lo que ayudó al equipo a descender. Así como Eminem tornó otra vez en castaño el rubio platino, Roy volvía a las andadas. Ahora interpretaba a B-Rabbit cantando Bad Guy, cuando lo único que necesitaba para triunfar era “una canción en la radio” o, en su caso, verde y cuero.

Tras la pérdida de categoría, Roy dio un paso atrás fichando por el Reading, que militaba en la Championship inglesa. Estuvo una temporada, ya que como no tenía oportunidades en el equipo, puso rumbo al Sheffield Wednesday, donde estaría seis meses y anotaría un gol para las ‘Lechuzas’. Pero tampoco le valió para mantenerse en el equipo, así que se fue al Kayseri Erciyesspor en el mercado invernal de 2015. La idea del equipo era mantener categoría y, aunque no lo consiguió, Drenthe tuvo alguna que otra actuación destacada. Al descender, fichó por el Baniyas SC de la Liga de los Emiratos Árabes Unidos, cuyo entrenador era Luis García Plaza. No sabemos qué vio exactamente en él, pero al acabar la temporada Roy se quedaba sin equipo y, tras una temporada pensándoselo bien, se iba a retirar. Podemos decir que Roy es un trotamundos que se ha divertido jugando al fútbol en 9 equipos distintos y en 7 países diferentes. Tras esto, decidió pasarse a su verdadera vocación: el rap. Así pues, se puso manos a la obra y bajo el pseudónimo de Roya2Faces, ha publicado su primera canción: Paranoia. Quizá su carrera resumida en una primera canción, quién sabe, pero no será de fútbol de lo que se hable en un futuro cuando se hable de Roy. Ya lo decía Dr. Dre, “seamos de donde seamos, prevalecen nuestros actos”. Y precisamente el fútbol no es que estuviera muy presente.