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Y el Everton volvió a empezar

El conjunto 'toffee' se medirá en unos días al Liverpool en medio de una reconstrucción que ha pasado por una mudanza y un ilusionante mercado de fichajes

Adoro el mes de septiembre. Yo sé que mucha gente me llevará la contraria, pero lo cierto que estos treinta días hablan de algo más que del final del verano. Acabar con algo casi siempre significa empezar algo nuevo. Un poco como lo que está viviendo un Everton que, lejos de derrumbarse por dejar una casa tan preciada como Goodison Park, está logrando hacerse fuerte, en esta 25-26, en una nueva guarida en Bramley-Moore.

El azul de las camisetas del Everton nada tiene que ver con las aguas del Mersey a las que ahora se asoma el Hill Dickinson Stadium. Lo que antes era el Stanley Park, hoy es un río que sirve como escaparate a una casa mejorada, radicalmente distinta, que permite al Everton soñar en grande y aumentar notablemente el espacio para que, cada quince días, un mayor número de seguidores se agolpen en torno a los partidos del equipo. El nuevo feudo no tiene la mística del anterior, pero sirve, como el mes de septiembre.

Septiembre es empezar de nuevo. Y, para mayor placer de muchos, el primer día de septiembre de este año fue lunes. Un comienzo dentro de otro comienzo, en el que poder disfrutar de ese orden preciso que, a tantos, les genera calma y sosiego. En el Everton, en cambio, esos comienzos les hacen romper con un pasado reciente complejo, en el que los recuerdos que se agolpan en torno a sus últimas temporadas hablan más de resistencia que de vanguardia.

En el presente curso, en cambio, parece que quiere pasar página. Es por eso que septiembre y el Hill Dickinson sirven de excusa. También haber cerrado un mercado ilusionante en el que la pieza más llamativa es un huido de Mánchester que se ha querido acercar al jolgorio de una ciudad costera y viva como Liverpool. Jack Grealish ya se está metiendo al público en el bolsillo a fuerza de fintas, regates, ocasiones… y hasta asistencias. Le ha dado tiempo a todo.

 

Grealish ya se está metiendo al público en el bolsillo a fuerza de fintas, regates, ocasiones… y hasta asistencias. Le ha dado tiempo a todo

 

Grealish como pieza clave del cambio

Y es que el bueno de ‘Jackie’ también necesitaba recomenzar su vida. En septiembre, en agosto o en febrero, pero necesitaba volver a sentirse importante y libre en un contexto futbolístico para seguir creciendo. Una realidad palpable dentro de este Everton, que parece haberse encomendado al talento innegable de este muchacho de Birmingham que quiere, a toda costa, volver a emocionarnos con su fútbol tras un año difícil en un City que se olvidó de por qué quiso ficharlo por cien millones de libras hace cuatro campañas.

Grealish, a sus 30 años, ha entendido que los trenes no pasan siempre que uno quiere y que la camiseta del Everton puede ser un salvoconducto a poder brillar de nuevo en la Premier. De momento, son cuatro los goles que han cocinado sus botas, en un equipo ‘blue‘ que quiere seguir aferrado a esa ilusión de ocupar la parte de arriba de la tabla.

David Moyes como palanca

La libertad de Grealish se la está dando un David Moyes que ha vuelto también a comenzar. En su caso, desde inicios de año, en enero de 2025, cuando volvió a coger las riendas del equipo ‘toffee‘ (tras su etapa de 2002 a 2013) para evitar una hecatombe: dejar Goodison Park y empezar la nueva etapa de la entidad en Championship. Lejos de decepcionar, ha generado una idea de juego que, de momento, está solventando las necesidades de un Everton que este verano se reforzó para ser más de lo que estábamos acostumbrados a ver en Goodison Park. 

Las llegadas de Grealish, Dibling, Barry, Dewsbury-Hall o Aznou hablan de proyecto más allá de la actualidad. El Everton quiere más y puede ir a más en una temporada en la que Moyes quiere convencer de su propio nivel y del techo que tiene un grupo en reconstrucción. Los argumentos, de momento, parecen claros, con 7 puntos de 12 posibles en una Premier que ya le ha juntado con Leeds, Brighton, Wolves y Aston Villa, perdiendo solo en esa primera jornada en Elland Road.

 

Moyes ha generado una idea de juego que, de momento, está solventando las necesidades de un Everton que este verano se reforzó para ser más de lo que estábamos acostumbrados

 

Enemigos íntimos

La siguiente jornada no mira a las pistas del John Lennon Airport ni a las vías de Lime Street, puesto que a los pupilos de Moyes les bastaría un agradable paseo de una hora por las calles de Liverpool. Una ciudad que, pronto, vivirá un nuevo Merseyside Derby con el estímulo de enfrentar de nuevo a dos enemigos íntimos. El paseo ahora es más largo entre el templo de uno y de otro, pero las ganas de ganar a los vecinos no cesan.

Ante el Liverpool de Arne Slot, el Everton de Moyes deberá, como poco, dar la cara en Anfield para demostrar que su comienzo de curso es, de verdad, esperanzador. Un equipo que quiere renacer y volver a enamorar frente a un coloso que va a por todas tras romper el mercado este mismo verano, pocos meses después de haberse llevado la Premier un año más. Difícil tarea en un estadio que sabe lo que es morder el polvo frente a unos vecinos azules que, una vez más, pretenderán dejar clara la siempre lógica pretensión de partir en dos la pasión de toda una ciudad.

 


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Fotografía de portada de Getty Images.