Cuando despertó, el dinosaurio seguía ahí. Este microrelato de Augusto Monterroso puede reflejar bien la actitud de un Alavés que, con los resultados que está logrando esta temporada, tiene derecho a soñar con Europa. A pesar de ver como se van marchando los jugadores que más destacan cada temporada, siempre que se ‘despierta’ el equipo vitoriano sigue ahí, lejos del descenso y con las competiciones europeas en su horizonte. Un club de fútbol que nos da una lección de vida.

Experto en despedidas

El equipo de Vitoria cumple con esta su tercera temporada consecutiva en Primera División. Pero en cada una de esas campañas se ha dado el mismo común denominador: la marcha al final de curso (o en el mercado de invierno) de jugadores que destacan por su buen rendimiento. Como en las despedidas de una relación amorosa, el Alavés ha tenido que saber quedarse con lo bueno del pasado, porque aunque en el preciso momento pueda doler ver marchar a alguien importante, es necesario pasar por eso para poder mirar al futuro con esperanza.

Pasó en la temporada 2016-17 con Theo Hernández, que llegó como un buen lateral y se marchó como algo más que en un defensor del carril izquierdo. Marcos Llorente llegó siendo el niño mimado de ‘La Fabrica’ al que le quedaba grande la indumentaria de la plantilla del primer equipo del Real Madrid, y ahora ya muchas veces le discute la titularidad a Casemiro. Como también sucedió con Kiko Femenía y Victor Camarassa. El primero llegaba para disfrutar de una segunda oportunidad en Primera División, después de haber sido una apuesta fallida en el Barça, y al final encandiló a la Premier League. Y el segundo, tras temporadas en el Levante con una faceta poco brillante en el aspecto ofensivo, explotó en Vitoria y atrajo a un Real Betis Balompié que buscaba ser la nueva bandera del fútbol de ataque en España.

En el siguiente curso el mismo proceso se repitió con casos como el de Alfonso Pedraza y Munir El Haddadi. El de la cantera del Villareal se fue a Vitoria a demostrar que ya era futbolista profesional. El hispano-marroquí escogió el mismo destino con un objetivo muy similar, aunque una exigencia más alta. Munir debía convencer al Barcelona que tenía la capacidad goleadora para llevar parte de la responsabilidad de la delantera azulgrana. Ambos lo hicieron tan bien que al final de curso volvieron a casa.

Y cómo no, este año se ha vuelto a repetir esta tendencia con Ibai Gómez y Rubén Sobrino, dos pilares del ataque de Abelardo que se han marchado. El vasco, que goza de una envidiosa relación ojos-pies porque allí donde pone la mirada cae la pelota, era el comandante general de todos los balones parados. Por otro lado, el delantero de Daimiel era siempre el complemento perfecto para el ataque, por su versatilidad y las diversas funciones que le podía ofrecer al ‘Pitu’. Los dos han destacado, los dos se han marchado.

Es cierto que muchos de estos jugadores son futbolistas cedidos, salidas previstas, relaciones con una fecha de caducidad conocida. Invertir en cesiones se ha convertido en la principal política de incorporaciones del Alavés, sobre todo al tener la entidad un bajo presupuesto para fichar. Es por eso que los albiazules rompen un poco con esa idea de que los éxitos deportivos vienen tras acumular jugadores año tras año, para así fortalecer un proyecto.

El club albiazul cree que la vida siempre te brinda una segunda oportunidad. El Alavés tiene hasta siete cedidos en su plantilla: Borja Bastón, Jonathan Calleri, Jonny, Diego Rolán, Alex Blanco, Darko Brasanac y Takashi Inui. La gran mayoría están siendo muy utilizados en los esquemas del ‘Pitu’, pero también, casi todos tienen una historia de fracaso o poca fortuna en su trayectoria reciente. Calleri pasó con poca gloria por la Premier League, donde solo metió un gol con el West Ham, y al cambiar de aires y recalar en Las Palmas encontró más goles, pero el equipo descendió. Jonny, a pesar de su calidad y sus exhibiciones en el Sporting de Gijon, en su segunda temporada en el Málaga no gozó de minutos y el equipo además también bajó. Un conjunto andaluz en el que también estaban Diego Rolán, que había aterrizado procedente de la liga francesa, y Borja Bastón, que tras romperla en el Eibar con 18 goles, no encontró acierto de cara a porteria en la liga inglesa con el Swansea y trato de reencontrarse de nuevo en La Liga, con la camiseta del Alavés. Y por último, los casos de Brasanac y Takashi Inui, a los que al parecer la exigencia del Betis de Quique Setién se les quedó grande.

Si encontrar jugadores con potencial y que quieran más minutos o demostrar su valía en la liga española puede que sea una de las claves del éxito del Alavés, el otro aspecto a destacar indudablemente es el encaje entre la plantilla y el estilo de juego por el que apuesta Abelardo.

Potenciar virtudes, esconder debilidades

Desde que Abelardo cogió las riendas del Alavés, el equipo albiazul se le ha identificado con unas ideas muy claras, tanto para defender, como para atacar. Con un 4-4-2 o también el reciente utilizado 4-3-3, en el cual los extremos están en su banda natural (por ejemplo: Jony, zurdo, por la izquierda; Inui, diestro, por la derecha) y Calleri en punta, al cual siempre le acaban acompañando en segunda linea jugadores con llegada como Wakaso o Manu Garcia. Y en la línea de atrás a minimizar riesgos, con dos capos contundentes como Maripan y Laguardia. Dos posibles esquemas que siguen representando el mismo estilo de juego directo. De hecho, según Whoscored, el de Mendizorroza es el tercer equipo con menos posesión de balón y el segundo que menos pases cortos realiza de la competición regular española. Una receta que lo ha empujado a la parte alta de la tabla, luchando por una plaza europea.

Así pues, el Alavés nos da una lección. Nunca sabemos cuando se puede ir alguien importante o que nos haya dado mucho en nuestra vida, muchas veces ni si quiera los motivos. De todos modos, qué más da. Lo sustancial es quedarse con lo bueno de cada experiencia, y encajarlo, lo mucho o poco que tengas, de la mejor manera, para que tu presente ilusione a tu futuro. Porque al final todos tenemos que ‘seguir ahí’.