20 de mayo de 2019. El último partido de Xavi Hernández Creus. De él dijo Pelé que “este es el bueno, este es del que hay que hablar”. Y mucho se ha hablado de Xavi a lo largo de las más de dos décadas que ha durado su carrera. Tantísimos compañeros han destacado las facilidades que les daba el menudo centrocampista cuando se sentían acorralados por el rival, todos sus técnicos habrán pensado una y mil veces aquello de “este y diez más”, miles de aficionados se habrán comprado su camiseta por ser la del número y el nombre que, más allá de ser la de un jugador, represente una manera de entender el fútbol. Pero, ¿qué se ve desde el otro lado del río? ¿Cómo valorar a Xavi desde el padecimiento? ¿Qué dirán los rivales a los que les ha dado una vuelta entera en la sala de máquinas sin ver por dónde se iría?

Xavi, por su estilo, por sus éxitos y por su relevancia en el juego, es de esos futbolistas que trasciende sin importar el color de su camiseta. Si para Ander Herrera, que tantas veces lo sufrió con el Zaragoza y el Athletic Club, era “único” y “no habrá otro como él”, para Iker Casillas, ídolo al lado opuesto del puente aéreo, hubiera sido el hombre indicado para cambiar Barcelona por Madrid: “La gente me pregunta siempre a quién me llevaría del Barcelona para tener más oportunidades de ganar y cada año les digo lo mismo: Xavi. Su control y manejo del balón lo convierten en su mejor jugador”.

Si se tuviera que destacar una de las tantísimas exhibiciones de Xavi Hernández sobre un terreno de juego nos volveríamos locos para tomar una decisión unánime. Pero quizá no haya mejor escaparate que una final continental para sacar a relucir las mejores cualidades de uno mismo. Y fue un 28 de mayo de 2011, en Wembley, algo así como la basílica de San Pedro del fútbol, cuando los pupilos de Pep Guardiola firmaron una de las mejores actuaciones corales que se hayan visto en una final de la Champions League. Tras el partido, después de un rotundo 3-1 -con goles de Pedro Rodríguez, Leo Messi y David Villa-, Sir Alex Ferguson apuntó que la clave del éxito de aquel equipo no era el ’10’ azulgrana, quien volvió loca a la defensa y la medular del Manchester United buscando sus cosquillas entre líneas. Para el técnico escocés, “no fue realmente Messi el problema; fueron Iniesta y Xavi”. Dos futbolistas capaces de monopolizar el juego y tener el dominio del balón hasta el punto que Sir Alex tiró de ironía diciendo que podrían “mantener la pelota toda la noche”. Aquello fue lo que mató a los ‘red devils’, no rascar el balón durante 90 minutos. Es lo que decía el ex del Liverpool Jamie Carragher, que el ‘6’ del Barcelona “no es atlético, no es físicamente imponente y no marca goles espectaculares. Pero cuando decide a qué tempo se jugará un partido, eso es todo, no verás la pelota”.

 

“Otros pueden mover a su equipo, pero solo he visto a un jugador que pueda mover a los 22 jugadores en el campo como desee, a su ritmo. Y ese es él”

 

Y si ataviado con la camiseta del Barcelona fue, principalmente, el Manchester United de Ferguson el equipo que más tuvo que sufrir la plenitud futbolística de Xavi Hernández en las grandes citas, a nivel de selecciones, cuando entre 2008 y 2012 la selección española mantuvo una tiranía que permitió al combinado nacional encadenar dos Eurocopas y un Mundial sin que nadie les atosigara, la sorprendente Italia dirigida por Cesare Prandelli también tuvo que vivir en sus propias carnes cómo la ‘Roja’ les endosaba un 4-0 en la final de la Euro’12. Después de una sensacional actuación de Xavi, con dos asistencias de gol a Jordi Alba y Fernando Torres, desde el vestuario de la ‘azzurra’, Daniele De Rossi cayó rendido a su fútbol. “Me encanta su estilo de juego. Es el futbolista que más me ha gustado en los últimos cuatro años”, apuntó el centrocampista romano.

Hablar de Xavi Hernández es, “sin duda”, hablar de “uno de los futbolistas más influyentes que ha habido en el fútbol en los últimos años”, aseguró en su momento Xabi Alonso, con quien compartió éxitos en la selección y rivalidad en tantísimos Clásicos. Por esa misma línea, destacando la influencia del centrocampista catalán sobre el césped, Joseba Etxeberria hacía énfasis en que “otros pueden mover a su equipo”, llevar la batuta, dirigir y guiar a los diez que llevan su mismo escudo en el pecho; “pero solo he visto a un jugador que pueda mover a los 22 jugadores en el campo como desee, a su ritmo. Y ese es él”.

Quién sabe si el fútbol volverá a regalarnos un director de orquesta de su nivel. De hecho, es posible que la de Xavi sea una especie en extinción que con el paso del tiempo irá muriendo lentamente hasta que solo las grabaciones y nuestros recuerdos sean capaces de filmar su fútbol. Por suerte, si es que realmente es una suerte y no un parche para que a los nostálgicos no se les caiga la lagrimilla, la idea del, en breves, ya exfutbolista -qué doloroso- catalán pasa por sentarse en los banquillos. A boca de Míchel González, Xavi “es uno de los pocos futbolistas que quedan que están realmente interesados en el fútbol en su más pura esencia. Y es por eso que quiere seguir contribuyendo en el juego, trabajando para el fútbol”.

He aquí la única esperanza a la que nos podemos agarrar por el momento: la ilusión porque pueda dibujar el fútbol desde el otro lado de la línea de cal tan bien como lo hacía desde la sala de máquinas. Desgraciadamente, ahora toca despedirse del Xavi futbolista. Pero, parafraseando a Sergio Ramos el día en que el de Terrassa decidió abandonar el Camp Nou, nunca deberemos olvidar que el ‘6’ era el “fútbol en estado puro”. Si hay suerte, pronto volveremos a ver esa pureza proyectada en sus pupilos.