El pasado fin de semana la Ligue 1 nos regaló uno de los momentos más anecdóticos de la jornada futbolística. El Olympique de Marsella y el Toulouse se enfrentaban en la séptima fecha del campeonato en el Stade Vélodrome. Y ninguno de los 22 futbolistas que saltaron al campo fueron los protagonistas del día. Ni el primer gol de Florian Thauvin ni el segundo de Lucas Ocampos para sentenciar la victoria marsellesa importaron en exceso. Es más, la imagen que ha recorrido el mundo entero tampoco tiene nada que ver con los 90 minutos de juego. Fue Kamel Zaroual el centro de todas las miradas antes de iniciarse el encuentro. Cogió el balón en el centro del campo y, decidido, protagonizó un saque de honor poco tradicional. Arrancó a correr hacia la portería rival y desde la frontal, con más corazón que calidad, envió el balón al fondo de las mallas con la colaboración de Alban Lafont —portero del Toulouse— y su estéril estirada para redondear la jugada. Después, sus lágrimas festejando el gol resumen el sueño de cualquier aficionado. Marcar un gol en tu casa, ante tu afición y que te vitoreen como tantas noches habías imaginado en tu infancia.

La pregunta es: ¿qué hizo Kamel para realizar el saque de honor en un partido del Olympique de Marsella? La respuesta la tienen una bicicleta, más de 1.800 kilómetros de distancia y una lucha para recaudar fondos en ayuda a personas discapacitadas.

Esta historia comenzó hace ahora un año. Por circunstancias de la vida, Kamel Zaroual se cruzó con un adolescente en silla de ruedas. Era aficionado del Olympique de Marsella, como él, y le contó que su sueño era poder acudir al estadio para ver jugar a su equipo. Entonces, Kamel se puso entre ceja y ceja el objetivo de ayudar al chico a cumplir su deseo. Junto a su idea inicial de poder ver al joven en el feudo de su equipo, también creyó oportuno apoyar a todos aquellos niños que lo necesitaran. Daba igual si eran huérfanos, si tenían alguna discapacidad o si su problema era económico. La cuestión era concienciar al pueblo francés para que contribuyera con su causa. Para captar la atención de la población solo necesitó una bicicleta, un recorrido y las redes sociales para explicar su objetivo y las aventuras que viviría en su ruta.

El 11 de septiembre se subió a la bicicleta en Amiens, su ciudad, situada en el norte de Francia. Por delante, una travesía de norte a sur hasta llegar a Arlés. Algo más de 900 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta pedaleando con la única intención de recolectar dinero para ayudar a los demás. La historia llegó a oídos del Olympique de Marsella y el club quiso homenajear el detalle aprovechando que Kamel se encontraba a solo una hora de distancia de la ciudad. Entonces, llegó el día de partido ante el Toulouse. A las nueve de la noche saltó al césped junto al árbitro y ya tenía en la cabeza lo que iba a hacer. Quizá no fuera un saque de honor al uso, pero esa jugada de Kamel Zaroual fue una demostración de que cuando tienes una oportunidad como esta no puedes desaprovecharla.