Para comprender la mala temporada del Villarreal no debemos acudir a sus delanteros, que han hecho menos goles de lo que deberían, ni a una defensa que se ha mostrado como una de las más vulnerables del campeonato. La razón por la que está intentando eludir el descenso reside en su cerebro: Bruno Soriano y Manu Trigueros. El primero, el gran capitán y uno de los jugadores más infravalorados, lleva dos temporadas en blanco, todo un drama. Y la versión tan pobre de Trigueros tiene que ver con la ausencia de Bruno, sin lugar a dudas se siente solo sobre el verde.

Ya el curso pasado Trigueros supo lo que es vivir lejos de Bruno, lejos de ese ancla que le guarda la posición y que le nutre de confianza. Hace mucho frío jugando sin Bruno. Pero, claro, esto tuvo su trampa y esa trampa se llama Rodri Hernández. De la nada emergió un joven Rodri que nos dejó a todos locos, era una copia rejuvenecida del capitán. Evidentemente no tenía su sobriedad ni poso, pero Rodri fue algo más que un parche para el Villarreal y de manera particular en Trigueros. ¿Qué ha sucedido este curso? Sin Rodri, ya en el Atlético, y con Bruno de nuevo en la grada, Trigueros se ha terminado por perder. El ritmo de juego es otro y cuando el mediocentro mira hacia su lado no tiene ahí un seguro de vida, un socio en el que confiar cada balón.

El de Talavera de la Reina es un futbolista difícil de descifrar. Se mueve como un diez pero actúa en el doble pivote, lo mismo guarda la posición, que arranca y filtra balones a sus atacantes. Lo curioso es que este curso sí tenía jugadores por delante a los que meter pases y volar. Los Bacca, Gerard Moreno, Toko Ekambi y Samu Chukwueze se habrían puesto las botas con la mejor versión de Trigueros. Ya se salió siendo el lanzador de Bakambú. La función de Bruno o Rodri le permitía liberarse y llegar casi hasta el área rival, esa versión del mediocentro era totalmente demoledora. A sus 27 años deberíamos estar viendo a uno de los mejores medios de la Liga y esto es mucho decir, pero ese es realmente el potencial que posee. Hasta el momento no ha anotado un solo gol en liga; de terminar así, esta sería su única temporada como profesional en la que no habría perforado la red.

El próximo verano el Villarreal tiene muchos deberes por hacer, comenzando por la línea defensiva que tantos problemas le ha causado. Pero si fuera director deportivo tendría claro el primero de los objetivos: buscarle un escudero de garantías a Trigueros. A partir de ahí el de Talavera y el Villarreal crecerán de la mano, al igual que sucedió hace unas temporadas donde vimos la mejor versión de los dos. Trigueros aún es un futbolista muy joven, pero necesita sentirse bien arropado tanto por los centrales, que le den el balón en buenas condiciones, como de un escudero o de jugadores ofensivos. Tan solo deben ponerle las cosas fáciles, porque el fútbol le sobra al bueno de Trigueros.