Estamos cogiendo la buena costumbre de escribir sobre clubes modestos del fútbol sudamericano, como ya hicimos con Rampla Juniors o Ferro Oeste, en esta ocasión os presentamos la historia de Club Atlético Temperley. Ahora mismo están disputando la Primera División argentina, desde 2015 juegan en la máxima categoría, pero a lo largo de sus más de 100 años de historia lo normal era verlos en segunda e incluso tercera división. Si no llega a ser por sus fieles hinchas, sería imposible que en pleno 2018 Temperley se estuviera midiendo a Boca Juniors, River Plate o Independiente.

Un pasado italiano

El club celeste está situado en el barrio de Villa Turdera, al sur del Gran Buenos Aires y a unos 19 kilómetros de Buenos Aires. Está en la periferia de la capital y es colindante al barrio de Temperley. Como otros muchos lugares argentinos, Temperley es un núcleo ferroviario importante con cerca de 120.000 habitantes. El nombre de la ciudad se debe a su fundador: George Temperley. Este era un hombre originario de Newcastle, emigró al Río de la Plata en el que montó un negocio de fundición de metales. Como la gran mayoría de clubes de fútbol, Temperley se creó gracias al entusiasmo de unos jóvenes que tenían en la pelota su mayor distracción y pasión. Así pues en 1910 nace el llamado Club de Football Centenario Temperley. En el barrio había una comunidad de inmigrantes italianos que se interesaron por el club y cobraron protagonismo, de hecho los primeros colores de la entidad eran similares a la bandera italiana. Tan solo con observar los apellidos que tenían esos primeros jugadores vemos cómo de importante era esa influencia foránea. Poco duraron los colores italianos, el Centenario comenzó a lucir los colores celestes que perduran hasta nuestros días. Se dice que la elección de dichos colores se debe a que los lecheros dejaban los tarros de color azul en Temperley, los rojos en Lomas de Zamora y en Banfield los verdes.

En 1912 es cuando se oficializa y se completa la fundación, pero sin duda el personaje por excelencia en la historia del club es Alfredo Martín Beranger. Fue un dirigente fundamental para la evolución de la entidad, en pocos años pasó de disputar partidos amateurs al profesionalismo. Beranger insistió en la necesidad de competir con los mejores y así fue. Además, gracias a él se logró la cesión del terreno en el que años después está situada la institución. En 1921 se cambió el nombre de Centenario por Temperley y tan solo tres años después llegó el drama al celeste. Cuando aún no había cumplido los 30 años Beranger era asesinado de forma cruel debido a una disputa por unos terrenos cedidos por el ferrocarril, así terminaba la historia del hombre que cambió la dirección de Temperley. A partir de este suceso el estadio fue bautizado con el nombre de aquel que luchó por los terrenos del club y además llevó al equipo al profesionalismo. En lo deportivo fueron buenos años para los gasoleros, se hacen llamar así porque con muy poco son capaces de sacar buenos resultados. En 1924 posiblemente se vivió la mejor temporada de su historia, un segundo puesto en la Primera División por detrás de Boca Juniors.

Una quiebra superada por los hinchas

El drama para Temperley no ha sido llegar a estar hasta 37 años sin volver a Primera. Su aficionados dan por hecho que posiblemente ese no sea su lugar tradicional, han estado 18 temporadas en la máxima categoría en sus más de cien años de historia, y posiblemente la Segunda División sí esté acorde a la institución, pero el mayor drama llegó a principios de los noventa. Al igual que a otros tantos clubes sudamericanos, y cada vez más europeos, Temperley se declaró en quiebra en 1989 y en 1991 el juez clausuró el club. Lo triste es que en 1982 habían regresado a Primera y un año después llegaban hasta las semifinales de liga frente a Estudiantes. Es en ese momento crítico, con el club ya desahuciado, en el que sus hinchas no se pueden permitir que el celeste tenga este trágico final. En 1993 los vecinos y varios dirigentes evitan su desaparición y comienza de nuevo el sueño por llevar a Temperley a lo más alto posible. Tan solo dos años después ascienden a la Primera B Metropolitana, tercera categoría, y en 1999 a la Primera B Nacional, que es la segunda división del fútbol argentino. Es alucinante cómo el club pasa en diez años de la quiebra absoluta a la segunda división, y todo gracias a una hinchada que moriría por sus colores.

Sus aficionados participan en la vida diaria de Temperley, para ellos asistir al encuentro de cada jornada es simplemente la acción definitiva de la semana. En Europa estamos acostumbrados a acudir a nuestro estadio y ya, como mucho alguno acude a los entrenamientos del primer equipo y poco más. El hincha europeo no participa en la vida diaria del club. Es maravilloso ver cómo los aficionados de Temperley mantienen vivos los alrededores del estadio pintando murales, quedando los días del partidos horas antes para cortar los papeles de periódico que se lanzaran al inicio del partido o ese grupo que anima con música los encuentros. Incluso han sido ellos, los propios socios, quienes han pitado las gradas del estadios sin que nadie se lo haya ordenado, la pasión por unos colores sale de uno mismo. Estamos ante un club familiar en el que se unen mayores y los más jóvenes, la tradición por ser hincha de Temperley sigue más viva que nunca.

Peleando con los más grandes

Desde 2015 Temperley pelea cada jornada con los clubes más exitosos del país, una lucha desigual pero que hasta el momento no está perdiendo. Durante 14 años el celeste estuvo en la Segunda División y tras derrotar a Platense volvió con los más grandes. El club no se va a volver loco como a principios de los noventa, competirá con cualquier club y les dará oportunidades a jóvenes futbolistas como ya le pasó a Gabriel Hauche. Evidentemente sufrirá y perderá muchos más partidos de los que gane, pero eso es lo de menos. No todo en esta vida van a ser los resultados. Al final da igual en qué categoría esté Temperley, sus hinchas van a asistir de la misma forma estén en Primera o en la Primera B Metropolitana. Lo importante es ir al Estadio Alfredo Beranger con la familia y acudir a los desplazamientos del equipo como si fuera la última vez. En un fútbol donde cada vez prima más la urgencia del resultado inmediato, clubes como Temperley son un oasis donde solo tienen cabida la pelota, la familia y el amor hacia unos colores.