A medio camino entre Oporto y Braga hay una ciudad que está viviendo un sueño desde hace apenas unas semanas. Una ciudad de 140.000 habitantes, Vila Nova da Famalicão, la vigésima más poblada en tierras portuguesas, está en boca de todos por culpa de su equipo de fútbol. ¿La razón? Ver al Futebol Clube Famalicão por delante del Benfica, del Oporto y del Sporting, por delante de todos, de hecho; encabezando la tabla de la primera división lusa. Es cierto, quizá sea demasiado pronto para confabular con un nuevo Leicester, precipitado para soñar con la reencarnación del mejor Forest o con una epopeya como la de los griegos en el verano de 2004, pero la historia reciente de este club, y su presente, nos dan muchos motivos para resaltar su excelente inicio de curso.

Desde 1994 hasta el ascenso logrado en la pasada primavera, el Famalicão llevaba un cuarto de siglo deambulando muy lejos de la élite del fútbol nacional. En la 2008-09, la entidad tocó fondo y pasó un año en la quinta división lusa. Una década después, la situación ha dado un giro de 180 grados gracias, en parte, a la llegada del empresario israelí Idan Ofer al club como máximo accionista -también poseedor del 32% de las acciones del Atlético de Madrid-, con el objetivo de hacer del Famalicão uno de los clubes con mejor presente y futuro dentro de las fronteras lusas. Para alcanzar las ambiciosas metas marcadas, la entidad tiene clara la fórmula del éxito: gastar poco -nada, en realidad-, formar jóvenes futbolistas y exportarlos a las mejores escuadras del continente.

Así, con esta idea marcada a fuego en sus cabezas, el Famalicão lleva más de un lustro sin rascarse el bolsillo para que un nuevo futbolista vista su camiseta. O categorías inferiores o cesiones o jugadores libres de contrato. Nada más. Y de esta manera, el vestuario del acogedor Estádio Municipal 22 de Junho, de 5.300 espectadores, cuenta con la media de edad más baja de la primera división de Portugal -23 años-, con futbolistas de diez nacionalidades distintas, con solo seis portugueses y con una decena de jugadores a préstamo, entre ellos, Nehuén Pérez y Nicolás Schiappacasse, del Atlético, y Álex Centelles y Uros Racic, del Valencia. Y sí, por si lo dudabais, Jorge Mendes tiene mucho que ver en alguno de los recientes préstamos de los ‘Azuls e Brancos’.

 

El Famalicão tiene clara la fórmula del éxito: gastar poco -nada, en realidad-, formar jóvenes futbolistas y exportarlos a las mejores escuadras del continente

 

Para darle más mérito, si cabe, al buen arranque de temporada, al mando de esta nave de futbolistas llegados de aquí y de allá está un técnico que se enfrenta por primera vez al reto de ser primer entrenador en el fútbol profesional. A sus 48 años, Joao Pedro Sousa inicia una aventura en solitario después de siete años como ayudante de Marco Silva, sumando experiencias por Portugal, Grecia e Inglaterra. Y las cosas, de momento, no pueden irle mejor al técnico de origen angoleño. Con un 4-3-3 como esquema fijo, Sousa le ha dado en muy poco tiempo un estilo a un equipo plagado de caras nuevas. El buen trato del balón, un juego atractivo y llevar la iniciativa del partido son las señas de identidad de un conjunto que está sorprendiendo a propios y extraños por los buenos ratos de fútbol que está regalando a los aficionados portugueses.

Ya van cinco jornadas y nadie ha conseguido imponerse aún al inesperado líder de Portugal. Sus cuatro victorias -ante Santa Clara, Rio Ave, Desportivo Aves y Paços de Ferreira- y el empate cosechado contra el Guimaraes sitúan al Famalicão un punto por delante de Benfica y Oporto. El próximo lunes, la primera prueba de fuego para los de Joao Pedro Sousa: la visita al José Alvalade para enfrentarse al Sporting de Portugal. Sí, todavía es muy pronto para fantasear, pero como nadie puede impedirles hacerlo, dejemos que la gente de Vila Nova da Famalicão siga soñando con emular a Boavista y Os Belenenses, los únicos que un día, hace ya demasiado, se atrevieron a compartir mantel con ‘Os Tres Grandes’ de Portugal.