Los años 30 fueron época de cambio en Portugal. Políticamente, António de Oliveira Salazar ascendió hasta el cargo de presidente del Consejo de Ministros en 1932, después de cuatro años al frente del Ministerio de Economía, iniciando un régimen autoritario. Por otra parte, en 1934 se decidió relegar a un segundo plano al Campeonato de Portugal, que más tarde se convertiría en la copa, para que la nueva Liga Experimental fundada por la Federación Portuguesa de Fútbol se quedara con el papel de actor principal de la competiciones balompédicas del país. Dos dictaduras se instalarían en tierras lusas por mucho tiempo: la política, con Salazar como protagonista; la futbolística, con Os Três GrandesSport Lisboa e Benfica, FC Porto y Sporting Clube de Portugal— al mando de una competición en la que ellos, y solo ellos, podían celebrar éxitos.

El Estado Novo (o Segunda República) de Salazar se alargó hasta 1974. La Revolución de los Claveles puso fin a más de 40 años sometidos a una dictadura. Portugal restauró la democracia y las últimas colonias que quedaban en poder del país lograron, de nuevo, la independencia. En el fútbol no ha habido revolución alguna. La tiranía de los tres clubes más poderosos de Portugal sigue mandando de manera incontestable desde el mismo día en que se creó el campeonato liguero. El régimen autoritario de Benfica, Oporto y Sporting dobla ya la edad de la dictadura salazarista y da síntomas de tener aún muchos más años de vida por delante. Os Três Grandes mandan desde la frontera con Galicia hasta el Algarve y en todo este tiempo solo dos revolucionarios han sido los únicos valientes que se han atrevido a sacar a pasear una vez más los claveles: Os Belenenses y Boavista.

Ninguna de las ligas más potentes del Viejo Continente cuenta con menos vencedores que la portuguesa. Desde 1934 hasta el día de hoy la lista de campeones la completan únicamente cinco campeones. El Benfica suma 35 ligas, le sigue el Oporto con 27 y el Sporting cuenta con 18 ligas en sus vitrinas. Las dos restantes las festejaron Os Belenenses en un lejano 1946 y Boavista en 2001. De hecho, los tres poderosos del fútbol luso son los únicos que nunca han visitado el infierno de Segunda División y solo en ocho ocasiones han visto como otro club menor quedaba subcampeón de liga: tres veces lo han sido Boavista y Os Belenenses y en una ocasión llegaron al segundo puesto Vitória de Setúbal y Académica de Coimbra. Unos números que superan incluso a ligas tan marcadamente dominadas por un par de equipos, como nos tienen acostumbrados Celtic y Rangers en Escocia, Panathinaikos y Olympiacos en la liga griega o también Barcelona y Real Madrid en nuestra liga.

LOS 40, AÑOS DORADOS EN BELÉN

Os Belenenses siempre ha vivido a la sombra de Benfica y Sporting en Lisboa. Pero en los años 40 esta condición de tercero en discordia desapareció por un tiempo. El camino hacia el campeonato liguero de la 1945/46 se empezó a escribir mucho antes. El club del barrio de Belén se afianzó a la tercera posición en las seis temporadas previas, siendo un incordio habitual para los equipos punteros de Portugal. Y en 1942 llegó la primera recompensa en forma de Copa. Oporto, Olhanense y Unidos de Lisboa cayeron eliminados a medida que Os Belenenses pasaban de ronda. Se plantaron en la final ante el Vitória Guimaraes, al que derrotaron por 2-0. El primer título de la Taça de Portugal para la entidad se sumaba a los tres Campeonatos de Portugal que ya tenía el club por aquel entonces.

Cuatro años después, y ya asentados entre los grandes del fútbol portugués, la época más exitosa del club llegó al clímax con la consecución de la liga. Con un mito de la entidad en el banquillo, Augusto Silva, aquel equipo rocoso, férreo y casi militar se mostró intratable durante ese año. De los 22 partidos que disputó en la competición nacional solo perdió dos —contra Benfica y Olhanense—. El resto, 18 victorias y otros dos empates. Unos números excelentes de los que tuvieron gran parte de la culpa las ‘Torres de Belén’, como se conocía al inexpugnable triángulo formado por el guardameta Manuel Capela y los zagueros Vasco de Oliveira y António Feliciano, consolidándose como el equipo menos goleado del curso. Ellos se encargaban de las tareas defensivas y de los goles se ocupaban los cinco delanteros: Mário Coelho, Antonio Eloi da Silva, Armando Correia, Artur Quaresma y Rafael Correia.

Aquella fue una lucha titánica entre vecinos de la capital lusa. Benfica y Os Belenenses se jugaban semana tras semana el primer puesto de la clasificación. Si uno ganaba, el otro no podía permitirse caer derrotado de ninguna de las maneras si no quería ver como se le escapaba el título. Encadenaban victorias a mansalva ambos, de hecho, los de Belén no conocieron derrota ni empate en toda la segunda vuelta, y el resto de equipos se los miraban desde la distancia ante la imposibilidad de atosigarles. A falta de cuatro jornadas para el final, el derbi lisboeta podía dictaminar (y dictaminó) el futuro campeón de liga. Solo un punto les separaba y a las águilas les bastaba con empatar para seguir por delante. En cambio, Os Belenenses solo podía plantearse ganar el partido si quería seguir con esperanzas. El duelo acabó con 1-0 a favor de los de Belén, que siguieron ganando y ganando hasta conquistar la única liga que muestra su palmarés.

BOAVISTA RECOGE EL TESTIGO

Más de medio siglo tuvieron que esperar los portugueses para poder ver a otro inesperado campeón. Desde la gesta de Os Belenenses hasta 2001, Benfica, Oporto y Sporting (sobre todo los dos primeros) se fueron repartiendo ciclos victoriosos sin ver a ningún humilde molestándolos con intenciones de frenar aquella dictadura que han monopolizado Os Três Grandes desde que el futebol se instalara en tierras lusas. Esta vez no fue el tercero en discordia de la ciudad de Lisboa, fue el vecino pequeño de Oporto, el Boavista.

Hasta la entrada del nuevo milenio, el club ajedrezado solo podía presumir de ser el primero por detrás de Benfica, Oporto y Sporting en el número de logros de la Taça de Portugal. Ganó tres en los 70 y las otras dos llegaron en 1992 y 1997, antes de que Joao Loureiro se pusiera al frente de la presidencia y diera el último paso que le faltaba al club. Se pasó de ser un habitual de la media tabla a vivir entre las cuatro primeras posiciones, de ver la Champions League por la televisión a jugarla como local en el Estádio do Bessa y, finalmente, de ver como los grandes peleaban por la liga a ser ellos los grandes que la ganaban.

En 2001, la liga no fue nada similar a la que ganó Os Belenenses. Si ese año fue un mano a mano con el Benfica en el que ninguno de los dos concedía casi derrotas, en esta ocasión el Boavista se las tuvo que ver con Os Três Grandes al completo durante gran parte de una campaña muy igualada, pese a que al final la batalla parecía que solo podían ganarla alguno de los dos clubes de la ciudad de Oporto. Con Jaime Pacheco en el banquillo y futbolistas de la talla de Martelinho, Rui Bento o Pedro Emanuel sobre el césped, el Boavista sumó 23 triunfos, ocho empates y tres derrotas ese curso, decidiendo el título en la penúltima jornada con un 3-0 frente al Deportivo Aves.

Pero después de esa temporada histórica el club ya no volvió a dar señales de grandeza. Los problemas económicos se instalaron en el día a día del Boavista, que perdió la categoría en 2008 y llegó hasta la tercera división del fútbol portugués. En 2014 volvió a la máxima categoría, aunque ya nada queda de aquel equipo que hace no tanto se enfrentó (y ganó) a los gigantes de su país. Han pasado 16 años desde que el Boavista ganara la primera liga del nuevo milenio, pero si parecía que los 2000 nos podían traer nuevas historias épocas en Portugal, al final todo quedó en un espejismo. Siguen ganando los mismos de siempre y todo indica que tendremos que esperar muchos años más para volver a ver repetidas las gestas de Os Belenenses y Boavista.