Corría el minuto 113 en Maracaná cuando unas 75.000 voces enmudecieron un instante, un segundo de infarto que otorgó la gloria a unos y la derrota a otros. Los 90 minutos reglamentarios no sirvieron ni a alemanes ni a argentinos y el desenlace llegó en la prórroga. Una prórroga que jamás olvidarán dos jóvenes rubios con mucho que ganar y poco que perder, que empezaron la cita mundialista desde el banquillo y acabaron convirtiéndose en los héroes de todo un país, elevando a toda una nación al Olimpo del deporte por cuarta vez en su historia. El primero asistió y el segundo definió, Schürrle y Götze saborearon el dulce aroma de la victoria y el mejor momento de sus trayectorias sobre el césped. Seis años después de la Copa del Mundo en Brasil, cobra más sentido que nunca aquello de ‘todo tiempo pasado fue mejor’.

André Schürrle, tras vestir camisetas con tanto peso como las de Chelsea o Borussia Dortmund, ha anunciado su retirada con tan solo 29 años. “Tienes que cumplir ciertas normas para sobrevivir en el sector, si no pierdes tu trabajo y no lo recuperas. La vulnerabilidad y la debilidad no existen”, confesó hace una pocos días en Der Spiegel un Schürrle que lleva “tiempo madurando la decisión”. Después de finalizar una cesión en el Spartak de Moscú, el Dortmund rescindió su contrato hace una semana antes de anunciar que colgaba definitivamente las botas. Una suerte similar ha corrido Mario Götze, a quien la entidad germana, de mutuo acuerdo, no ha renovado y ha quedado como agente libre.

 

“Sal ahí y demuestra que eres mejor que Messi”, incentivaba Joachim Löw a Götze

 

Del éxito al ostracismo. De 2014 a 2020. “Sal ahí y demuestra que eres mejor que Messi”, incentivaba Joachim Löw a un Götze que media hora después se elevaba a los altares del fútbol. Control con el pecho y el balón hacia el fondo de la portería, mientras un frustrado Lionel Messi observaba como se disipaban sus esperanzas de alzar por fin aquella preciosa copa dorada. Ahora ya con 28 años, el Golden Boy del 2011 vive un futuro incierto. Sus últimas temporadas en el Bayern de Múnich no fueron de la mejor forma posible y regresó a Dortmund en la 2016-17, el mismo verano que llegó al equipo de Renania el asistente del mejor gol de su vida, el autor del centro en aquel inolvidable minuto 113 ante la atenta mirada del Cristo del Corcovado.

“Realmente no me atreví nunca a soñar que llegaría tan lejos como para ayudar a realizar el gol ganador en una final del Mundial”, contaba sobre sus fantasías de infancia Schürrle. El extremo que empezó brillando en el Mainz 05 también anotó dos tantos en la famosa victoria por 1-7 a la ‘canarinha’ en semifinales. 57 partidos y 22 goles con el combinado nacional. Y Mario Götze, 63 encuentros y 17 tantos. Ambos han sufrido problemas físicos en las últimas campañas, sobre todo Götze, a quien en 2017 se le detectó un problema metabólico que afectaba a su tejido muscular. Desde entonces, aquella promesa que un día apuntaba a convertirse en la estrella del fútbol germano no ha podido recobrar su mejor nivel, esencial en los dos campeonatos de Bundesliga del Dortmund de Jürgen Klopp.

Como Owen Wilson en Midnight in Paris, Götze y Schürrle han deseado rebobinar el tiempo para vivir en una época mejor. Al final, del mismo modo que el protagonista, han aceptando la inevitabilidad del presente. Sin embargo, sus nombres quedarán para siempre en la memoria del pueblo teutón, porque millones de voces gritaron como nunca aquel gol en la final del Mundial. Desde Maracaná a Hamburgo, Berlín, Bremen… A todos los rincones de Alemania. Tocaron el cielo de nuevo, volvían a ser los mejores. Asistente y goleador pasaron a la eternidad en aquel instante. Un instante efímero e inmortal.

 


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Fotografía de Getty Images.