La historia de Pablo Sarabia es la consecuencia de una trayectoria forjada a partir de esfuerzo y trabajo, una batalla para conseguir un sueño: ser futbolista de primer nivel. El inicio de su carrera fue agridulce; de la ilusión de un niño al poder jugar en uno de los clubes más grandes de Europa a la frustración de no poder dar el gran salto. A los 17 años comenzó en la cantera del Real Madrid como juvenil y muy pronto debutó en el Castilla. Consiguió hacerse un hueco, convirtiéndose en uno de los titulares indiscutibles del equipo. Tanto es así, que en diciembre de aquel año Mourinho le hizo debutar en la Champions League frente al Auxerre. Pero esto no se repitió. A pesar de brillar en el filial, no gozaba de minutos en el primer equipo. Incluso participando en las convocatorias para las categorías inferiores de la selección española, seguía siendo invisible para el club. Fue entonces cuando se dio cuenta de que para triunfar debía continuar su camino en otro lugar.

El Coliseum Alfonso Pérez fue su nueva casa. Luis García le había transmitido que tendría un rol importante en el Getafe y decidió marcharse allí. Pero las palabras del entrenador no se asemejaron a la realidad. Le hizo creer en una titularidad que no tuvo. Muy pocos fueron los partidos en los que saltó de inicio. Su situación se mantuvo inmóvil hasta la llegada de Cosmin Contra en 2014. Él le dio los minutos que necesitaba, y el futbolista recuperó la versión que había sobresalido en el Castilla. No solamente fue titular sino que, además, la manera en la que ambos entendían el fútbol coincidía. El rumano daba mucha importancia a la posesión. Y se entendieron a la perfección. Fue una de las mejores temporadas que vivió como azulón. Después llegó Pablo Franco, y volvió a invertirse su situación. Aunque sí contó con oportunidades, el juego del equipo no se asemejaba a su manera de comprenderlo. No fue hasta la llegada de Escribá cuando el mediapunta volvió a ser el futbolista de impacto al que nos ha acostumbrado ahora. El técnico se encargó de darle la confianza que necesitaba para tomar el mando del conjunto. Sin embargo, aquel Getafe acabó descendiendo. Era un equipo de individualidades más que un conjunto equilibrado, pero para sus dos estrellas, no había acabado su etapa en Primera División: Pedro León se marchó al Eibar y Pablo Sarabia, al Sevilla.

Aterrizó en el Sánchez Pizjuán, donde siempre ha sido una pieza clave. Desde el momento en el que llegó se observó al mejor Sarabia, al que nos acostumbró Escribá. La conexión entre él y el resto del equipo se hizo notar muy pronto. Y los resultados también. Era un jugador maduro, que creía en sus posibilidades y reunía las capacidades necesarias para asumir un rol destacado en el equipo. En dos temporadas sumó prácticamente 100 partidos y se convirtió en un futbolista clave sin importar ya quien lo dirigiese. Es uno de los más queridos por los sevillistas por su sacrificio y entrega. Su polivalencia se hizo notar la primera temporada con Sampaoli, jugó hasta en seis posiciones distintas. Y con Berizzo y Montella se asentó como extremo derecho, excepto algunas incursiones como mediocentro o lateral izquierdo.

 

33 goles y 28 asistencias en dos temporadas y media. Llegó al equipo con la intención de aportar verticalidad y vaya si lo está consiguiendo

 

A Pablo Machín sólo le bastó la pretemporada con el equipo para darse cuenta de la transcendencia que Sarabia posee en el juego. Se ha convertido en un jugador diferencial por su dinamismo, estableciéndose como mediapunta y ejerciendo de principal proveedor de pases de Ben Yedder y André Silva.“Nuestro sistema de juego le viene fenomenal. Y a nosotros también nos viene exactamente igual de bien contar con un jugador de su calidad, que es capaz de jugar entre líneas, de entender el juego en corto, de picar a las espaldas…”, explicaba el exentrenador del Girona. También resaltó las virtudes que tiene y tendrá: “Es un futbolista muy importante, como ha sido en otras temporadas y como va a seguir siendo. Es de los más veteranos aquí y está llamado, si no a ser uno de los capitanes, sí uno de los jugadores de peso. El futuro del Sevilla pasa por Pablo Sarabia”.

Tras un comienzo amargo en La Liga, el Sevilla atraviesa un momento de auge. Segundo en la tabla, a un punto del Fútbol Club Barcelona. Cinco goles y cuatro asistencias en 12 partidos de esta competición confirman lo cómodo que se siente Sarabia con el nuevo traje del conjunto andaluz. Las estadísticas lo confirman. Tercer goleador del equipo en Liga y siete tantos en la Europa League: seis en la fase previa y uno en la fase de grupos. En total, 33 goles y 28 asistencias en dos temporadas y media. Llegó al equipo con la intención de aportar verticalidad y vaya si lo está consiguiendo.

Pablo Sarabia es un futbolista que se ha ganado un lugar importante. Es un jugador que encuentra espacios y genera ocasiones. Es rápido y posee capacidad para jugar en las dos bandas. Estas cualidades son las que le han permitido convertirse en un jugador esencial estas últimas temporadas. En su tercer curso como sevillista lleva acumulados 120 partidos y ninguna tarjeta roja. Todo un ejemplo para las generaciones que le observan. ¿Acaso estos méritos le llevarán algún día a ser convocado por la selección española?