El paso del tiempo, implacable, acaba por enterrar miles de historias, sepultadas por la losa que constituyen la ingente cantidad de estímulos que nos ofrece el balompié moderno. Historias como la de Francisco Bao Rodríguez, conocido en el universo futbolístico como Sansón por su excepcional fortaleza física, la calidad que, unida a una polivalencia que le permitía actuar en prácticamente todas las posiciones, era la base de su estilo de juego.

Nacido el 20 de abril de 1924, los primeros años de vida no fueron nada fáciles para aquel muchacho de raíces humildes que creció dando patadas a una pelota por las calles del barrio vigués de Lavadores, célebre por su compromiso social, por ser la cuna del movimiento sindical de la ciudad, por ser uno de los grandes focos de resistencia que se encontraron los empresarios gallegos desde principios del siglo XX. La cruda situación de Lavadores no hizo más que empeorar con el final de la Guerra Civil, cuando las autoridades franquistas, tan ansiosas de venganza, tan convencidas de la necesidad de reeducar o purgar cualquier impulso revolucionario, empezaron a hablar del barrio como La pequeña Rusia o La Rusia chiquita.

 

Sansón nació en el barrio vigués de Lavadores, conocido por las autoridades franquistas como La pequeña Rusia por su compromiso social

 

Mientras el país empezaba a marchitarse bajo la fría e interminable noche que fue la dictadura franquista, el 31 de diciembre de 1939 el joven futbolista vigués escribió su nombre con tinta indeleble en los libros de la historia del balompié español al convertirse en el debutante más precoz de Primera División. Sansón apenas tenía 15 años, ocho meses y diez días, pero Ricardo Comesaña decidió confiar en su extraordinaria potencia, alineándole como titular en un encuentro contra el Sevilla que parecía extremadamente complicado para el Celta de Vigo, colista del campeonato después de encajar cuatro derrotas en las cuatro primeras jornadas, con un balance de seis goles a favor y hasta 14 en contra. “Me llevé una gran sorpresa cuando me fichó el Celta, evidentemente. No recuerdo grandes cosas, pero lo cierto es que todos me ayudaron mucho. Viajé también sorprendido días después a Sevilla. Mi gran sorpresa fue cuando el entrenador dio mi nombre para salir en el equipo titular”, reconocía Sansón a finales de los 90 en R.C. Celta. 75 años de historia, del periodista Fernando Gallego.

El Sevilla era, por aquel entonces, uno de los grandes aspirantes al título, pero el conjunto celeste supo imponer su ilusión, consiguiendo la que fue la primera victoria de su historia en Primera División. “Fue la hazaña más sensacional de la jornada, una victoria que roza lo milagroso”, proclamaba el Mundo Deportivo, recogiendo la sorpresa general del fútbol español ante un “resultado cañón”. Antonio Gestoso Costas, ‘Chicha II’, con un doblete, Ángel Iglesias Rodríguez, ‘Machicha’, y Manuel González Toro marcaron por el Celta, mientras que Guillermo González del Río García, ‘Campanal I’, firmó el tanto del honor para los hispalenses.

Sin embargo, el gran protagonista de aquel partido fue Sansón. Junto a él, también se estrenó con el primer equipo otro adolescente, un Laureano Rúa Guimerans, ‘Nano’, que, con 17 años, cinco meses y 28 días, se mantuvo en la segunda posición del ranking de los debutantes más precoces del Celta en Primera División hasta que le superaron Iago Bouzón, con 16 años, ocho meses y 27 días (99-00), y Santi Mina, con 17 años, dos meses y nueve días (12-13).

Pero Sansón despertó pronto del sueño. Jugó los encuentros contra el Racing de Santander (5-1 en Balaídos) y contra el Espanyol (4-1 en Sarrià) de las dos siguientes jornadas, pero entonces desapareció súbitamente de las alineaciones hasta el punto de que aquella temporada no volvió a enfundarse la camiseta del primer equipo celeste. La situación tampoco mejoró en la siguiente campaña, cuando volvió a quedarse en tres partidos; así que el joven futbolista se vio obligado a buscar fuera de Vigo las oportunidades que no encontraba en Balaídos.

 

“Me dijeron que no tenía la edad suficiente para jugar en Primera y, con poco más de 17 años, me busqué la vida en otro lugar”

 

“Me dijeron que no tenía la edad suficiente para jugar en Primera y, con poco más de 17 años, me busqué la vida en otro lugar, aunque muy a pesar de mi familia. Me costaba abandonar Vigo. Primero estuve en la Cultural Leonesa y después en el Sporting”, relataba, en el mencionado libro de Fernando Gallego, un Sansón que en su primera experiencia en Gijón celebró nueve de las diez dianas que anotó en toda su carrera; una cifra, conseguida en tan solo 18 encuentros, que resultó clave para que el cuadro asturiano acabara primero en Segunda División, obteniendo así un billete para estrenarse en la élite del balompié nacional.

Con todo, Sansón vivió sus mejores años como profesional en el Oviedo. En las cinco temporadas que disputó vestido de azul en el viejo Estadio Buenavista, de la 45-46 a la 49-50, el polivalente futbolista vigués fue verdaderamente indiscutible, con un mínimo de 21 partidos por campaña. Habiendo alcanzado la madurez, Sansón cerró el círculo en 1950, cuando regresó al Celta de Vigo para jugar otras cinco temporadas en Balaídos. “Fue una etapa inolvidable. Jugué de defensa, de medio, de delantero. Jugaba donde me ponían, me daba igual”, acentuaba un Sansón que, después de jugar tan solo tres encuentros entre la 53-54 y la 54-55, se despidió del balompié en el Xerez, con el que disputó tres partidos en la 55-56. “En 1955 no acepté una oferta del Celta de medio millón de pesetas por cinco años de contrato y me fui a Jerez. La verdad es que pudo haber ganado más dinero, pues me retiré a los 31 años”, afirmaba el futbolista vigués, que colgó las botas después de haber disputado 200 encuentros entre Primera División (167) y Segunda (33), repartidos en más de 15 temporadas.

Discreto, disgustado por los oscuros senderos que iba tomando el deporte del que se enamoró cuando no era más que un niño (“El fútbol de hoy es un gran negocio, se mueve mucho dinero. Ahora dicen que hay ‘grandes’ jugadores, con comillas, pero de verdad que no entiendo cómo pueden estar jugando en Primera y en clubes poderosos. En mi época sí que había grandes jugadores y se hacía un buen fútbol, no era solo fuerza como algunos se creen. La prueba es que se marcaban muchos goles. No existían esas tácticas tan defensivas que hay ahora”), regresó al barrio de Lavadores, el mismo que le vio nacer aquel lejano 20 de abril de 1924, el mismo que le vio cerrar los ojos aquel triste 13 de febrero de 2012.

Resulta innegable que la carrera de Sansón fue mucho menos brillante de lo que hizo esperar su precoz debut, pero, 79 años después, continúa siendo el futbolista más joven en saborear la máxima categoría de nuestro balompié, continúa siendo uno de los grandes mitos de la historia del Celta. “Bao espera ya al otro lado de la vida a quien le arrebate el récord. Antes que él no estuvo nadie”, enfatizaba un artículo de El Faro de Vigo, rememorando un registro insuperable que convirtió el recuerdo de Francisco Bao Rodríguez, de Sansón, en inmortal.