Jugarte la vida en el Estadio Centenario de Montevideo no es buena idea, no suele ser recomendable acudir con la necesidad imperiosa de vencer a Uruguay. Apostaría a que ninguna selección mundial quisiera enfrentarse a Uruguay cuando la urgencia llama a la puerta, aunque Argentina logró un valioso empate en el tedioso encuentro celebrado en Montevideo. La selección charrúa llevaba una racha de tres encuentros perdidos, las derrotas ante Chile, Brasil y Perú de manera consecutiva han hecho que el clasificatorio sudamericano se apriete. Tan solo Brasil parece ajena a la igualdad que se muestra camino a Rusia. Argentina tampoco está para tirar cohetes, de hecho no pueden ni celebrar ese quinto puesto momentáneo que les enviaría directos a la repesca. ¿Cómo puedes tener al mejor jugador del planeta y aun así tener que estar haciendo cálculos matemáticos para poder acudir al Mundial? La situación que vive Argentina no es la corriente, se han tenido que sobreponer a un golpe tras otro sin perder la esperanza de que algún día, no sabemos cuando, podrán volver a levantar un gran trofeo. Con los fríos datos sobre la mesa, podríamos afirmar que llegar a dos finales de la Copa América y una del Mundial de manera consecutiva no representan ningún fracaso. Y estaríamos en lo cierto, en absoluto resulta ser decepcionante. Si bien es cierto que la forma con la que cayó Argentina ante Alemania y Chile fue de la manera más dolorosa posible, como si un guión estuviera predestinado a hacer sufrir a todo un país.

Se marchó Edgardo Bauza con más pena que gloria un 29 de marzo en Bolivia. Allí, en la altura de La Paz, su proyecto se quedó sin oxígeno. Posiblemente aquel Bolivia-Argentina haya sido una de las actuaciones más dramáticas de la selección albiceleste. La misión que ahora tiene Jorge Sampaoli es doble. En primer lugar, como es lógico, deberá clasificar a Argentina para el Mundial en los cuatro partidos que restan. El margen es mínimo. Y en segundo lugar deberá levantar el ánimo de unos jugadores a los que cada encuentro con su selección nacional les atormenta, cuando llevan puesta su camiseta sus peores pesadillas aparecen. Esa maldición se refleja en dos futbolistas: Higuaín y Agüero. Todavía no se han podido levantar de la lona tras los tres K.O que supusieron esas finales. Como un uppercut de Mayweather directo a la mandíbula, así es como los dos delanteros quedaron después de ver cómo esas finales les siguen atormentando. Ya no se les perdona ni una, la expresión corporal de ambos refleja que ni disfrutan sobre el césped. Lo curioso es que en sus respectivos clubes parecen dos futbolistas diferentes, llenos de una confianza que se vuelve amarga cuando regresan a su país.

Para este doble duelo ante Uruguay y Venezuela, Sampaoli ha optado por cambiar las parejas de baile de Messi. Higuaín se queda en Turín, mientras que Agüero sigue yendo convocado aunque posee pocas opciones para salir de inicio. Al diez le da igual quién esté a su lado, con tal de que sepa tirarle un par de paredes él ya inventa el resto. Dybala e Icardi representan a la nueva Argentina, ninguno de los dos ha sufrido el drama de las finales y su juventud hace que de nuevo crezca la ilusión entre los aficionados. Ante Uruguay Dybala se movió por la misma zona de Messi, apenas pudo mostrarse a sus compañeros. Icardi no tocó más de diez balones y ninguno de ellos con cierto peligro, Sampaoli debe hacer que estos dos y Correa tengan mayor protagonismo en el juego. La temporada del técnico con el Sevilla en absoluto fue negativa. Durante gran parte del campeonato pelearon junto a Real Madrid y Barcelona en la parte alta de la tabla, pero con el paso del tiempo sus jugadores se fueron fundiendo. Quizá ese inicio de campaña hizo que llegaran al tramo importante agotados. La eliminación ante el Leicester fue un antes y un después, a partir de ese momento se empezó a hablar más sobre la continuidad del técnico que sobre aspectos futbolísticos.

Es posible que ese ímpetu y carácter que imprime Sampaoli no fuera del todo beneficioso para el Sevilla, pero para torneos cortos quizá sí sea la clave del éxito. Con su llegada la selección argentina ha recuperado la figura del técnico, Bauza no contaba con el respeto del público. Sampaoli debe cambiar la sensación con la que Messi se quede al dejar la selección argentina, que no sea algo parecido a “cuando Messi despertó el dinosaurio seguía allí”.