Antes de ser nombrado nuevo entrenador del RCD Espanyol, Rubi había tenido dos experiencias en Primera División. La primera, en el Levante UD, saldada con descenso (26/ 87 puntos). La segunda, en Gijón, tuvo el mismo desenlace (19/60 puntos).

El fútbol son resultados y comentar ahora, cuando estos precisamente le sonríen, que incluso en aquellas dos fatídicas temporadas quedó constancia de que Rubi era un magnífico técnico sonaría… extraño. Pero fue así. Especialmente en el Ciutat de Valencia, donde revirtió la dinámica emocional y futbolística a partir de un 4-3-3 muy interesante que replicaba varias de las ideas que definen a Rubi. ¿El problema? El de siempre: no se encadenaron dos victorias seguidas a pesar de merecerlo en varias ocasiones. El estilo no se asentó. No cogió poso. Y pronto comenzó a notarse en exceso que Rubi había llegado a mitad de temporada para implantar una idea que no casaba precisamente con el modelo con el que se habían configurado ambas plantillas, pues sus predecesores, Abelardo y Lucas Alcaraz, tienen un estilo muy diferente.

Por eso no hubo final feliz para nadie. Y aunque un descenso suena terrible para un club, más puede llegar a serlo para un entrenador. En otras circunstancias, Rubi no habría vuelto a entrenar en Primera División. O no al menos tan pronto. Pero su magnífico año en Huesca, consiguiendo un ascenso histórico, le ha abierto sólo dos años más tarde las puertas del Espanyol. Y lo mejor: se las han abierto desde el inicio.

Porque para ningún entrenador debe ser sencillo agarrar un equipo hecho por otra persona que, para colmo, está perdiendo y tiene urgencias. Pero igual que otros técnicos tienen, por su modelo de juego, una solución directa para encauzar este tipo de situaciones, para Rubi parece más fácil iniciar un proyecto. Darle su forma, su idea y su rostro. Porque el buen juego, la buena racha y las mejores sensaciones de este Espanyol tienen muchas claves, las cuales ahora vamos a analizar, pero ninguna más importante que la siguiente: el RCD Espanyol 2018/2019 es un equipo de autor.

1. Marc Roca

Además de todo lo comentado anteriormente, la gran diferencia entre el Sporting o el Levante de Rubi y este RCD Espanyol tiene nombre y apellidos: Marc Roca Junqué. Él es el futbolista que no tuvo en ninguno de los dos proyectos anteriores. Algo tan poco demasiado extraño, porque, básicamente, jugadores como Marc Roca hay muy pocos en el panorama internacional. No es una cuestión de nivel, que está por verse y comprobarse, pues su carrera acaba de comenzar, sino simplemente de perfil.

Marc Roca es un mediocentro posicional que nació para sacar el balón jugado. Todo lo que le cuesta a otros medios, ya sea a la hora de colocarse, perfilarse, controlar, decidir o pasar, para él es algo absolutamente natural. Gracias a Marc el Espanyol no sólo puede desarrollar el punto más importante del ideario de Rubi (el control del balón), sino que además puede realizarlo sin invertir demasiadas piezas en ello.

 

Marc Roca es un mediocentro posicional que nació para sacar el balón jugado

 

El Espanyol no sale en lavolpiana. Tampoco forma con tres centrales. Salvo el día del Sevilla FC, donde por configuración decidió escorar a Marc a la banda izquierda, el conjunto periquito sale como prácticamente ya no sale nadie: con los centrales, el mediocentro y los interiores en su posición. Rubi no necesita bajar un escalón a Marc o a uno de los interiores, pues con el orden normal ya obtiene lo que quiere de la salida de balón. Lo primero, lo imprescindible, salir con la pelota controlada. Lo segundo, también fundamental, que con esta salida el Espanyol progrese junto y de forma ordenada. Como consecuencia de todo esto, el Espanyol no sólo se mete en campo rival como desea, sino que además tiene desplegadas a cinco piezas (dos interiores y tres atacantes) en posición de dañar al rival, pues normalmente éste trata de recuperar o, al menos, complicar los primeros pases del Espanyol sin demasiado éxito.

Por todo esto el Espanyol juega a dos velocidades. Con tranquilidad, seguridad y orden en campo propio. Con verticalidad, agresividad y movilidad en el campo rival.

2. Sergio García y Borja Iglesias

Y es aquí es donde entra en juego Borja Iglesias. El Panda está siendo una de las grandes revelaciones de La Liga gracias a que está pudiendo trasladar al máximo nivel lo que ya realizaba primero en Segunda B y luego en Segunda A.

Su fútbol va más allá de los goles. Ésta es la culminación de un gran trabajo fuera del área, tanto a la hora de generar situaciones de gol como de auxiliar a sus compañeros en el resto de tareas. Pero Borja no siempre ha estado tan bien conectado al equipo como en estas últimas jornadas. Con Piatti y Leo Baptistao, sus dos primeros acompañantes, el impacto de Borja era muchísimo menor. Los dos extremos no entendían sus desmarques y, si lo hacían, tampoco tienen la calidad como para hacerlos buenos. No casaban. Porque además luego en el área Borja no es un delantero, pese a su planta, que destaque por encontrar los espacios entre centrales y rematar. Lo suyo es habilitarse con espacios, desmarcarse, definir y celebrar con la grada. Su grada. Y para ello necesitaba un enganche.

 

Con la creatividad, calidad y visión de Sergio, Borja Iglesias está mejor alimentado que nunca

 

Sergi Darder no es ese tipo de futbolista a pesar de jugar como el interior más alzado del clásico 4-3-3 de Rubi. El joven Melendo sí lo es, pero de momento ese puesto de interior derecho parece más enfocado a lo que hace Granero (acompañar a Marc Roca) que a lo que hace Darder (conectar con los de arriba). Y Darder es imprescindible. De ahí que todas las piezas hayan encajado en el momento en el que ha aparecido en escena Sergio García. Sus actuaciones la temporada pasada no invitaban al optimismo. De la Liga se fue como uno de sus mejores futbolistas, pero había vuelto sin ningún tipo de tacto, ni físico ni técnico. Pero lo ha recuperado. El paso adelante de Sergio ha solventado el único ‘pero’ que tenía en la teoría el conjunto periquito. Con su creatividad, calidad y visión, Borja Iglesias está mejor alimentado que nunca. Y eso se traduce en goles. El RCD Espanyol no sólo siempre está cerca de la portería contraria por su estructura como equipo, sino también del gol gracias al Panda y su bambú.

3. Conjunto muy versátil

Como consecuencia de tratar muy bien el balón, el cual utiliza, recordemos, para estar junto y ordenado, es decir, como elemento de control, el RCD Espanyol es un equipo muy sólido en las cuatro fases del juego. Seguramente en lo que más destaque sea en la ya mencionada salida desde atrás, pero es un equipo que aprueba en todos los aspectos y no suspende ninguno. Si hubiera que encontrar un problema seguramente éste sea la defensa de los carriles exteriores, pues los hombres de fuera son más delanteros (Hernán, Leo, Piatti, Sergio) que centrocampistas y les cuesta volver, pero esto en realidad se nota menos de la cuenta (sólo Alavés y Sevilla lo han aprovechado) gracias al orden colectivo.

 

El Espanyol de Rubi, en base a sus principios de juego, no se siente incómodo en ningún contexto

 

Por todo esto el Espanyol es un equipo realmente versátil. Quiere tener la pelota, pero no la necesita para competir, lo cual le permite adaptarse a los diversos contextos de partido que le pueda llegar a imponer el rival. Y esto en la Liga es importantísimo. Si por algo destaca el campeonato español es por su capacidad para presentar retos diferentes cada fin de semana. Un día te enfrentas al agresivo y vertical Eibar de Mendilibar y al otro al controlador y pausado Betis de Setién. Mañana vas al Ciutat de Valencia preocupado por el contragolpe del Levante y pasado visitas un Coliseum minado en cada metro del campo por la pizarra de Pepe Bordalás.

En la Liga es imposible tener una sola respuesta porque la cantidad de preguntas diferentes es inmensa. El Espanyol de Rubi, en base a sus principios de juego, que no deja de ser la guía que utilizan luego los futbolistas, no se siente incómodo en ningún contexto. Ha sido superado a veces, por supuesto, pero siempre es capaz de competir.

4. Mario Hermoso

Uno de los grandes responsables de que esto sea posible es Mario Hermoso. Su primer pase es tan afilado, preciso e inteligente que comenzar hablando del nuevo central de la Selección sin mencionar su toque de balón sería un error, pues además juega un papel fundamental a la hora de que Marc Roca pueda recibir siempre en buenas condiciones, pero en lo que más ha crecido en los últimos meses es a nivel posicional. Y esto al Espanyol le está dando muchos puntos.

 

Hermoso se ha convertido en uno de esos centrales tranquilos que aparecen poco pero hacen mucho

 

Mario Hermoso siempre ha sido uno de esos centrales impetuosos con capacidad y vocación para anticipar a cualquier altura del campo. Así era un central propenso al error. Desde que mide más y mejor, Hermoso se ha convertido en un argumento de primer nivel para hacer sin balón lo que Marc hace con él: juntar al equipo. Tanto a la hora de reducir la velocidad de las contras rivales como de marcar a los delanteros rivales, Mario está destacando por no quedar nunca mal parado. No parece realmente exigido. Se ha convertido en uno de esos centrales tranquilos que aparecen poco pero hacen mucho. Algo que, además, se puede comprobar en su fantástico juego en el área, donde está despejando más de cinco balones por partido.

5. Capacidad de sufrimiento

Al contrario que en el Levante o el Sporting, Rubi está pudiendo cimentar la estructura futbolística de su equipo desde la victoria. De ahí que el Espanyol, un equipo que de primeras llama la atención por bonito, esté destacando en las últimas jornadas también por competitivo.

El mejor ejemplo se dio ante el Athletic. El conjunto de Berizzo trabajó individualmente sobre Marc Roca y atacó la salida de balón periquita. Lo hizo tan bien que durante la primera media hora dominó al Espanyol en su casa, dejándole disparar sólo en una ocasión. Pero el Espanyol no se quebró. Ni siquiera se le vio incómodo. Permaneció frío, impasible, midiendo cada riesgo para asegurarse de no estar en desventaja cuando el partido girase. Porque iba a girar. Y así fue. Una contra bien lanzada, un movimiento brillante de Sergio, una cabalgada de un lateral y otra celebración de Borja Iglesias con la grada, su grada.

 

El técnico está pudiendo cimentar la estructura futbolística de su equipo desde la victoria

 

En otras circunstancias, con otra dinámica, el equipo dirigido por Rubi se hubiese puesto nervioso por no estar pudiendo desarrollar su plan. Hubiera arriesgado un mal pase, el rival hubiera recuperado y hubiera marcado gol, generando como consecuencia todavía más dudas. Pero esta vez no. Porque este Espanyol no es ni aquel Levante ni aquel Sporting, aunque, en realidad, Rubi sí sea el mismo.