Malditas lesiones. Dejaron inacabada la leyenda de Just Fontaine, aquel prodigio que marcó 13 goles en el Mundial de Suecia’58 con unas botas prestadas. Nos arrebataron antes de tiempo a Marco van Basten, que sin saberlo saltó al césped por última vez en la final de la Champions del 93. Y volvieron a provocar las lágrimas de Ansu Fati, que en su corta carrera ha visitado demasiadas veces el quirófano. Las lesiones, devoradoras de ilusiones y asesinas de talento, son una vorágine que arrasa con todo a su paso. Mejor dicho, con casi todo, porque existen futbolistas capaces de navegar a través de los torbellinos de Caribdis y vivir para contarlo.

Explica Carl Gustav Jung, pionero en el campo del psicoanálisis, que el ser humano y el ave fénix comparten ciertas similitudes. Esta legendaria criatura, cuyo cuerpo se consume cuando llega la hora de su muerte para posteriormente resurgir entre esas mismas cenizas, simboliza la capacidad de resiliencia que reside en cada persona. El aprender a levantarse tras una caída. La perseverancia que nos lleva a no desistir cuando todo parece perdido. El coraje de volver a pisar el verde cuando parece que tu cuerpo y mente ya han dicho basta. El ave fénix simboliza, en definitiva, la figura de Marco Reus.

Poco queda de aquel extremo con alma de mediapunta que maravilló a Europa durante los primeros años de la pasada década. Lastrado por innumerables lesiones, Reus se ha reinventado con el paso de los años. Sus letales internadas se han ido reduciendo para dar paso a un rol más conservador, convirtiéndose en un nexo entre centrocampistas y atacantes. Su cuerpo pidió tregua, pero su mente no. Esta perseverancia ha dado sus frutos, y ya ha logrado traspasar la barrera de los 150 goles con la camiseta del Borussia Dortmund. El germano se ha convertido en ídolo absoluto en su ciudad natal, pero siempre quedará la misma pregunta: ¿hasta qué punto podría haber agrandado su leyenda sin la lacra de las lesiones?

Marco Reus se consolidó como la figura destacada del primer proyecto exitoso de Jürgen Klopp. Aquel equipo de autor desprendía talento, con grandes nombres como Lewandowski, Gündogan o Hummels, pero ‘Woody’ brillaba con luz propia entre todos ellos. Tras la final de la Champions de 2013, los colosos de Europa llamaron a su puerta, pero él decidió seguir en el Dortmund. No quiso ‘dar el salto’, reiterando que ya defendía los colores de un grande. Y, de repente, cuando se encontraba en la cresta de la ola, fundido a negro. Todo se tuerce.

 

Un desgarro del ligamento externo del tobillo derecho privó a Marco Reus del gran anhelo de cualquier futbolista, levantar la Copa del Mundo

 

Como si de la reina Isabel se tratase, la estrella ‘borusser’ vivió en 2014 su particular annus horribilis. El 6 de junio, a las puertas del Mundial de Brasil, el talento germano sufrió un desgarro del ligamento externo de su tobillo en un amistoso contra Armenia. Durante su periodo de recuperación, la ‘Mannschaft’ se proclamó como campeona del Mundo. Adiós a la corona mundial, título por el que suspira cualquier futbolista. Tras digerir ese duro revés y permanecer 68 días en el dique seco, volvió para el inicio de la Bundesliga, aunque tan solo pudo disputar dos partidos antes de recaer en su lesión. Reapareció al cabo de seis jornadas pero, de nuevo, los ligamentos le apartaron de los terrenos de juego en la jornada doce. 45 días después, justo después del parón invernal, volvió a calzarse las botas. Esta vez tuvo algo más de continuidad, y llegó a encadenar diez partidos consecutivos en los que marcó cuatro goles, hasta que una lesión en los aductores volvió a frenar en seco su proyección.

Marco Reus ha sufrido en sus carnes innumerables decepciones desde aquel fatídico 6 de junio. Las lesiones en su castigado tobillo dieron paso a problemas en los aductores y, posteriormente, a una pubalgia que le impediría participar en la Eurocopa de 2016. Sin embargo, lo peor estaba aún por llegar. La victoria del Borussia Dortmund ante el Eintracht de Frankfurt en la final de la Pokal de 2017 tuvo un sabor amargo, pues el talento de la cuenca del Ruhr sufrió una rotura del ligamento cruzado. “He sufrido muchas lesiones, pero sin duda esta fue la más dura”, reconoció el propio Reus. De nuevo, a esperar. Esta vez, 220 días. La desolación era palpable.

A pesar de las adversidades, Marco Reus nunca se dio por vencido. “Pasaron cinco meses antes de volver a tocar la pelota y tardé en acostumbrarme y redescubrir mi ritmo. Pero para el corazón y la mente, fue un momento realmente increíble”. Tras una larga temporada en el ostracismo, el capitán ‘borusser’ volvió a los terrenos de juego en febrero de 2018. A partir de ese momento, el camino se allanó.

Primero entró en juego la figura de Lucien Favre. El entrenador suizo, con quien Marco Reus pasó de promesa futbolística a realidad en el Borussia Mönchengladbach, aterrizó en el banquillo del Signal Iduna Park. Con Favre, Reus recuperó la confianza y la regularidad tras una larga travesía por el desierto. Después, una vez acabada la temporada, entró por primera vez en la convocatoria de Alemania para una gran cita: el Mundial de Rusia. El resultado -eliminados en fase de grupos- fue decepcionante, pero poco importaba. Por fin, el ave fénix había resurgido de sus cenizas.

Aquella fatídica rotura del ligamento cruzado queda ya muy lejana. El capitán del Borussia Dortmund parece haber encontrado la ansiada regularidad cuatro años después de aquella última gran lesión, teniendo continuidad en todas las campañas disputadas hasta la fecha. En la presente temporada acumula ya 33 partidos, en los que registra 13 goles y 13 asistencias. Marco Reus ha vuelto a disfrutar del fútbol, y el mundo del fútbol está encantado de poder disfrutar de Marco Reus.

 


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Fotografía de Imago.