Dicen los que saben que cualquier tiempo pasado fue mejor. Una reflexión vacía de significado para muchos pero que cobra fuerza en el Paseo de los Martiricos. Desde las gradas de La Rosaleda, los boquerones ven cómo su Málaga lidera la tabla de Segunda División. Una sonrisa a medias, amarga incluso. No es una casualidad que el conjunto blanquiazul navegue por los campos de la división de plata. Echando la mirada atrás, los aficionados recuerdan con nostalgia a figuras como Isco, Van Nistelrooy o Santi Cazorla. Recuerdan las noches europeas y la euforia plasmada en los cánticos. Fue bonito mientras duró, sí. A pesar de las últimas promesas de Abdullah Bin Nasser Al Thani de llevar al club de nuevo a lo más alto, la afición resopla resignada por vivir, de momento, en Segunda.

Pero si dejamos de banda los episodios más modernos de la historia del club, si olvidamos la influencia de los petrodólares en el fútbol actual, llegamos a una época en la que el Málaga competía de tú a tú contra los más grandes gracias al talento llegado del centro y del sur de América. Parecía que el adiós de Catanha, que llegó al club en 1998 y se marchó dos cursos después,  podría suponer una depresión en las filas blanquiazules pero el testigo del brasileño quedó en manos de un alocado uruguayo y un fuerte panameño: Darío Silva y Dely Valdés. La leyenda de la doble “D” comenzó a forjarse, no obstante, en las duras canchas del continente americano.

El Canalero, como era conocido el bueno de Dely, debutó en el Atlético Colón de Panamá a los 21 años. Sin embargo, al poco tiempo decidió probar fortuna en Argentina. Tras no cuajar en Argentinos Juniors, Valdés se enfundó la elástica de Deportivo Paraguayo, club de la Primera D (quinta división argentina). Poco tardó en hacerse con la punta de ataque de aquel conjunto y demostrar que aquella categoría se le quedaba pequeña. Así pues, un año después de su llegada, decidió cambiar de país y mudarse a Uruguay. Corría 1989 cuando Dely Valdés fichó por Nacional para ganarse un hueco en la historia del club.

En 1991, el delantero panameño acabó como máximo goleador de la competición con 16 goles. Unas cifras que le permitieron salir elegido en el Equipo Ideal de América. Un año más tarde, el ariete logró 13 dianas que sirvieron para que Nacional ganase el Campeonato Uruguayo. El futbolista se quedaría en el club hasta 1993. Aquellos años le sirvieron a Dely para preparar su gran salto. Aquel que no consiguen dar todos los futbolistas en Sudamérica pero con el que todos sueñan. Cruzar el gran charco para jugar en el viejo continente.

En la capital de la isla de Cerdeña, en Italia, el Cagliari abrió las puertas al corpulento delantero. En una plantilla cargada de futbolistas locales, Dely Valdés se adaptó gracias a Herrera, centrocampista uruguayo, y Oliveira, su compañero brasileño en el frente de ataque. Claro que, el principal valedor de aquel futbolista cargado de técnica y velocidad fue el técnico uruguayo Washington Tavárez. Al igual que ocurriese en Montevideo, al panameño no le costó demasiado hacerse con la titularidad. En los dos años que permaneció en el Cagliari, anotó 26 goles en 78 partidos. Sin embargo, en 1995, decidió cambiar Cerdeña por París para reemplazar al mítico George Weah en el Parque de los Príncipes.

En la delantera del Cagliari se abrió una vacante significativa. Sin Panagol, como también era conocido Dely, los directivos italianos decidieron probar suerte con otra promesa llegada de Sudamérica. Se trataba de un chico muy molesto para las defensas. Eléctrico, provocador, escurridizo o goleador eran algunos de los adjetivos que lo describían. El futbolista llegaba desde el Peñarol de Uruguay, donde había levantado tres Campeonatos Uruguayos y había marcado 35 goles en 56 partidos. Eran unos números asombrosos y la decisión de la directiva italiana estaba tomada: El sustituto de Valdés era un tal Darío Silva.

El delantero uruguayo nacido en Treinta y Tres permaneció en el equipo durante tres años, en los que disputó 89 partidos y anotó 20 tantos. Al término de estas tres temporadas, puso rumbo a España y se enroló en las filas del Espanyol. Sin embargo, su presencia fue testimonial. Darío Silva era un delantero cargado de calidad y eso nadie lo cuestionaba. Sin embargo, sus constantes fiestas y salidas nocturnas desagradaban tanto al cuerpo técnico como a la directiva. Participó en 17 encuentros y anotó tres goles antes de marcharse al Málaga a final de temporada. Pero en el sur encontró a Joaquín Peiró, quien entendió la calidad del futbolista y trató de llevarlo con mano izquierda. No obstante, en su primera temporada anotó, tan solo, cuatro goles. Además, los boquerones comenzaron a agitarse cuando, una temporada después, Catanha, la gran estrella brasileña, cambió Málaga por Vigo.

 

En La Rosaleda no había duda de que Dely Valdés era el complemento perfecto para Darío Silva

 

El club andaluz se movió rápido durante la campaña de fichajes. Se hablaba mucho de un delantero centro que venía rompiéndola con el Oviedo. De origen panameño y fiabilidad contrastada, había sido goleador en Italia, París y Asturias. En La Rosaleda no había duda de que Dely Valdés era el complemento perfecto para Darío Silva. O quizás al revés.

Y arrancó la liga en septiembre del 2000. Nadie podía imaginar que se estaba gestando una de las duplas más letales de la historia del Málaga pero así fue. La “Doble D”, como les bautizaron en el futuro, acababa de nacer. Aquel año, Dely marcó 17 goles mientras que Darío anotó 13. En total, sumaron 30 de los 60 goles que anotó el equipo dirigido por Peiró. Especialmente recordado fue el hat-trick del panameño al Valencia y la entrada del uruguayo en el libro de los récords al anotar un gol a los ocho segundos de encuentro. Aquel año, los blanquiazules quedaron en octava posición con un juego sorprendente.

Jugaron juntos durante dos campañas más. En la primera de estas, Dely anotó once goles por los nueve que realizó Darío. Y en su última campaña, antes de que ambos dejaran la disciplina malaguista, celebraron diez goles cada uno. En total, disputaron 71 partidos codo con codo en los que el panameño hizo 26 goles y el uruguayo 28. No obstante, fue El Canalero quien más goles marcó en aquellos años. Sus 38 dianas le convirtieron en el máximo goleador de la historia del Málaga CF (que no del extinto CD Málaga) mientras que su compañero en ataque dejó su marca en 36. “Fue uno de los mejores delanteros con los que jugué. Sabíamos lo que íbamos a hacer casi sin mirarnos”, afirmó Darío Silva sobre Dely Valdés, en Marca. El mayor hito que logró esta pareja de killers fue la Copa Intertoto. En el año 2002, y tras superar al Villarreal en la final, el Málaga levantaría el primer y único trofeo internacional de su historia.

Ambos se marcharon el mismo año. Dejaron un hueco en el corazón de los seguidores y en el césped de La Rosaleda. Sin embargo, la salida del uruguayo levantó ampollas entre la afición tras fichar por el Sevilla y declarar que iba a jugar en el primer equipo de Andalucía. Por su parte, Dely Valdés decidió volver a Nacional y, posteriormente regresó a su país para jugar en el Árabe Unido. Fue el final de una dupla temible que ofreció auténticos espectáculos como el que se vivió en el Santiago Bernabéu; ese día, a pesar de perder por 4-3, salieron ovacionados del verde.

Es imposible que los aficionados del Málaga no sonrían al recordar esas noches de gloria. Sin embargo, este sábado volverán a La Rosaleda para ver a su equipo contra el Numancia. Les espera una temporada dura y difícil, a la sombra de los grandes equipos y corriendo por los estadios de Segunda. Sufrirán en cada uno de los encuentros y vivirán con la incertidumbre de no saber si volverán a disfrutar de la máxima categoría del fútbol español. Hoy, la esperanza está por todo lo alto al ocupar la primera posición de la clasificación. Pero si esta decae a causa de una serie de malos resultados, en el Paseo de los Martiricos siempre podrán desvanecerse en el dulce recuerdo de la “Doble D”.