El lunes 23 de marzo de 2020 se cumplieron 23 años del debut del ’23’ con la elástica del primer equipo del Espanyol. La alineación perfecta de este número ha coincidido con un confinamiento sin precedentes en la historia moderna de nuestro país. Y, para el Real Club Deportivo Espanyol, si una vez hubo un tipo que comenzara una historia sin precedentes, ese fue Raúl Tamudo Montero. Por ello, sentados en el sofá, tumbados en la cama o en el rincón de casa que os pille, recopilamos cinco encuentros míticos del capitán blanquiazul, del sempiterno ídolo de los ‘pericos’.

Comienza la historia

HÉRCULES-ESPANYOL (Liga)
23 de marzo de 1997

Si existe algo que pueda superar la emoción de debutar con el primer equipo del club de tus amores, eso sería marcar un gol en el día que te estrenas con los mayores. ¿Algo más? Puestos a pedir, que sea el gol de la victoria. Y si es para culminar una remontada, mejor todavía. ¿En el último minuto de partido? Venga, en el último minuto. Esto solo lo sueñas despierto. A no ser que te llames Raúl Tamudo Montero y, con 19 años, te plantes en el Rico Pérez para regalarle los tres puntos al Espanyol ante el Hércules en tu primer día en la oficina. Miren la definición tantas veces como quieran porque es una auténtica delicia; además de una premonición de lo que iba a significar el máximo goleador histórico catalán de Primera División para el conjunto barcelonés en los años venideros: gol, liderazgo y determinación.

El gol de pillo

ATLÉTICO-ESPANYOL (Copa del Rey)
27 de mayo del 2000

No sabemos cuántas veces habrá maldecido Toni Jiménez el momento en el que dio por buena la idea de hacer rebotar el balón sobre el pasto. De normal, contra cualquier otro delantero, aquello no hubiera sido nada más que el preludio de un balón en largo en busca de una cabeza amiga. Pero el problema para el guardameta ‘colchonero’ fue que se le olvidó quién tenía enfrente. Porque Raúl Tamudo siempre vivió de la pillería, de la búsqueda constante del error rival, del sigilo, de no hacer ruido para reventar la red cuando nadie lo esperaba. Y de esta manera, usurpándole a Toni un balón por el que nadie hubiera luchado, condujo al Espanyol, a ‘su’ Espanyol, a la conquista de la Copa del Rey en el 2000.

Olfato copero

ESPANYOL-ZARAGOZA (Copa del Rey)
12 de abril de 2006

El emblema del Espanyol se presentó puntual a su cita con el gol. Como seis años atrás, cuando solo habían pasado dos minutos de juego, Raúl Tamudo volvió a aparecer de la nada. Si contra el Atlético fue su pillería la que empujó al conjunto blanquiazul hacia el título, ante el Zaragoza vino una demostración de olfato goleador. El magistral lanzamiento de falta de su socio Iván De la Peña topó con el travesaño y el balón quedó muerto dentro del área pequeña sin propietario. Entonces, astuto, avispado, el ’23’ intuyó como nadie dónde caería el cuero. Acudió a él y lo impactó fuerte, contundente, contra las mallas, convirtiéndolo en un remate imposible para un César Sánchez descolocado tras buscar repeler el golpeo de ‘Lo Pelat’. 1-0. La Copa se ponía de cara. Y después del ay en el corazón que le puso Ewerthon a los ‘pericos’, vendría una goleada de escándalo gracias a un doblete de Luís García y otro tanto de Coro. Una noche imborrable para la afición del Espanyol en la que Tamudo, cómo no, acudió puntual a su cita para ayudar a los suyos.

Donde más duele

BARCELONA-ESPANYOL (Liga)
8 de junio de 2007

Era el día en que Leo Messi se acercaba un poco más al Diego. El día en que otro Diego, Milito, se convertía en el mejor aliado azulgrana para convertirse en el verdugo de un Real Madrid que quemaba sus últimos cartuchos para pugnar por una liga prácticamente imposible unas cuantas semanas atrás. El día en que el Barcelona podía comenzar a visualizar el momento en el que Carles Puyol alzaría el trofeo de campeón a los cielos de la Ciudad Condal. Ya estaba todo casi sentenciado, finiquitado, firmado y redactado, cuando apareció Raúl Tamudo entre más de 90.000 almas azulgranas extasiadas, festivas y entregadas y les robó todo lo que tenían. De golpe y porrazo, un silencio aterrador se extendió como una plaga por el Camp Nou. Rufete inventó un pase imposible y Tamudo se encargó del resto. Barcelona esperaba iluminarse con el éxito azulgrana, pero esa noche en la capital catalana no hubo más colores que el blanco y el azul.

El adiós a Montjuïc

ESPANYOL-MÁLAGA (Liga)
30 de mayo de 2009

No sé qué tienen las despedidas que despiertan una magia especial. Es cómo si el karma, alguna especie de ser omnipotente o lo que sea que exista, si es que realmente pudiera existir una fuerza sobrenatural que esté pendiente de nosotros, brinde algo de justicia, de romanticismo, de ternura en momentos incómodos, difíciles, pesados. El Espanyol se despedía del Estadi Lluís Companys en un duelo contra el Málaga, después de más de 20 años como local en aquel feudo. Recuerdo una pancarta aquel día que sentenciaba: “Mai t’enyorarem. Mai t’oblidarem” (“Nunca te echaremos de menos. Nunca te olvidaremos”), evidenciando el escaso sentimiento de pertenencia a un estadio que nunca fue suyo, que bajo ningún concepto sintieron como sentían Sarrià. Pese a ello, fue su casa, y el destino, o lo que sea, quiso que Raúl Tamudo le hiciera un último homenaje anotando el primer hat-trick de su carrera ese mismo día. Cosas del fútbol, caprichos de la vida.