Solo el Ajax de Cruyff logró frenar a aquel Panathinaikos. De la mano de su máximo goleador, repasamos cómo fue el exitoso trayecto de un club semiprofesional de Atenas hasta la final de la Copa de Europa disputada en Wembley.


 

La temporada 1970-1971 fue la más legendaria del fútbol griego a nivel de clubes. El Panathinaikos, en el debut de Ferenc Puskas como entrenador del conjunto del trébol, logró colarse en la final de la Copa de Europa, donde el Ajax de Johan Cruyff acabaría alzándose con el título. El Panathinaikos sigue siendo el único equipo griego que ha llegado a una final europea, una hazaña que se produjo gracias a los goles de su delantero, el ‘cañonero’ Antonis Antoniadis, máximo goleador de aquel torneo con diez tantos. Hasta hoy es el único futbolista griego que se ha proclamado ‘pichichi’ de una competición europea de clubes. Para ello, el ariete contó con la ayuda inestimable de uno de sus mejores amigos, el centrocampista Dimitrios Domazos, a la postre el jugador con más partidos (536) de la liga griega. “Marcar no es fácil. Había otros jugadores a los que también les daba asistencias, pero no tenían la efectividad de Antoniadis. Era muy potente, muy rápido. Levantaba la pierna y a los rivales no les daba tiempo a ver el balón”, comenta Domazos en el prólogo de la autobiografía de Antoniadis, libro con el que este último aparece debajo del brazo en el encuentro con Panenka, en la terraza de un hotel de Atenas.

‘Mimis’ Domazos y Antonis Antoniadis no solo eran una dupla letal sobre un terreno de juego. Fuera eran dos grandes amigos. El delantero no se cansa de hablar del que considera el “cerebro” de aquel Panathinaikos: “Era como un profesor dentro del campo. Somos como hermanos. Con Domazos formamos una pareja ideal. Hoy en día seguimos teniendo una relación muy fuerte”.

Esta relación entre los jugadores fue fortalecida, en gran parte, por la presencia de Ferenc Puskas. El exfutbolista del Real Madrid había llegado a Grecia aquel mismo año tras experiencias en banquillos de España, Estados Unidos y Canadá. Y sin embargo, nadie esperaba el rendimiento tan espectacular que el equipo griego ofrecería en una competición que Puskas ya había ganado como jugador en tres ocasiones. Antoniadis recuerda sus primeras charlas en el vestuario con la leyenda húngara. “Ferenc Puskas era una persona muy grande. Nos hablaba de lo que podíamos conseguir. Decía que los adversarios tenían dos piernas, como nosotros. Nos convenció de que lo que realmente marcaría la diferencia no sería el talento. Para él era importante el orden y la profesionalidad. Nos ayudó mucho psicológicamente, nuestro ánimo aumentó y rendimos mejor gracias a sus charlas emotivas”, destaca el exjugador.

El húngaro firmó por el Panathinaikos el 2 de junio de 1970. En aquella época los equipos griegos no eran profesionales pero desde el club entendían que la llegada del preparador aportaría experiencia y confianza a los jugadores. “Empezamos la pretemporada en las instalaciones auxiliares del Real Madrid”, recuerda Antoniadis. “No teníamos ni idea de que existían campos de este tipo. Puskas cambió totalmente el nivel del Panathinaikos y del fútbol griego”, añade mientras recuerda las habilidades del magiar: “Era un zurdo que mandaba el balón donde le daba la gana. Recuerdo que cuando llovía, nos íbamos a entrenar en el campo del baloncesto. Él ponía el balón en el centro y metía canasta con el pie”.

Luxemburgo, primera parada

El viaje hacia la gloria empezó el 16 de septiembre de 1970 en el campo del Jeneusse Esch, campeón de Luxemburgo. Los de Puskas ganaron 1-2 en la ida y 5-0 en la vuelta. Antoniadis marcó un gol en el primer partido y otros cuatro en el Apóstolos Nikolaidis. El Jeneusse Esch no anotó en Atenas y tampoco lo lograrían los siguientes rivales. Según el delantero, “era muy difícil que nos marcaran un gol. Teníamos una defensa muy sólida. Todo el equipo sabía defender. No encajamos ningún gol en casa y marcamos en todos los partidos a domicilio, salvo en la final”.

El Slovan Bratislava se cruzó en el camino del Panathinaikos en los octavos de final. El primer partido se disputó en Atenas el 21 de octubre de 1970. En la temporada anterior el Slovan había ganado la Recopa de Europa en la final de Basilea por 3-2 contra el FC Barcelona. Y los jugadores lo sabían. “Antes del primer partido deseamos que Dios nos ayudara”, comenta Antoniadis, que continúa con una anécdota curiosa: “Pero su entrenador, Michal Vican, cometió el error de declarar que Domazos solo podía llegar hasta el área y que no sería capaz de marcar. Esas palabras hicieron que Mimis saliera aún más motivado. Jugó de maravilla y abrió el marcador. Yo marqué el segundo, aunque tuve que jugar infiltrado”.

El último gol lo marcó Giorgos Deligiannis. Con el 3-0 en sus maletas, el Panathinaikos de Puskas viajó a Bratislava el 4 de noviembre. Fue una derrota “dulce”, por 2-1, con el gol del empate marcado por Antoniadis. Por increíble que parezca, el fair-play reinó tras el pitido final. “Después del partido, los jugadores del Slovan nos esperaron en el túnel de los vestuarios para aplaudirnos. Fue un gesto que nos sorprendió muchísimo. Nunca lo olvidaré”, recuerda el goleador.

En el aeropuerto de Atenas había gente esperando. La eliminación del Slovan había generado mucha expectación. Ferenc Puskas lo veía venir. Estaba tan feliz, tan orgulloso, tan seguro de sus jugadores, que Antoniadis todavía recuerda las palabras que le dijo el exmadridista tras el aterrizaje: “¿No te había dicho que las cosas irían bien? Sigue así y serás el máximo goleador del torneo. Llegaremos hasta la final. Habéis eliminado al Slovan, que arrasó al Barcelona”.

Un equipo con ‘estrella’

El Everton se cruzó en cuartos. En aquella época era muy difícil jugar contra el vigente campeón de Inglaterra y aguantar la presión de su juego. Antoniadis recuerda que “antes de darnos cuenta, ya teníamos por lo menos a dos jugadores apretándonos. No tuvimos el control del partido”. La presión del Everton fue en aumento pero Takis Ikonomopoulos, el portero, estuvo fantástico. En el minuto 81, Antoniadis perforaba la red.

Aún hoy se sigue hablando de la coincidencia de los cinco nueves. A las nueve de la noche; el 9 de marzo, el dorsal número ‘9’ marcaba su noveno gol en la competición (ya había marcado uno en la edición 1969-70) a nueve minutos del final. “Fue el mejor gol de mi carrera”, asegura Antonis. “Kamaras da el pase largo desde nuestro medio campo, yo le doy con la cabeza el pase a Grammos. Me voy de Labone, Grammos me la devuelve, le pego con la zurda, el balón le da a la mano izquierda del portero, cambia de trayecto y entra. ¡Íbamos ganando contra un equipo que nos pudo haber marcado hasta ocho goles! Esta es la belleza del fútbol”, añade.

El Everton empató el partido con un gol de Johnson que no debió subir al marcador, ya que había falta al portero del Panathinaikos. No obstante, el 1-1 mantenía vivas las esperanzas helenas. El partido de vuelta se jugó a las tres del mediodía y según recuerda Antoniadis las puertas del estadio abrieron a las once de la mañana. Los jugadores trabajaron bien el duelo e hicieron que Takis Ikonomopoulos estuviera mucho más tranquilo que en Goodison Park. El empate a cero clasificó al Panathinaikos, mientras todo el país seguía vibrando con los de Puskas. “Toda la gente nos aplaudía, todo el país nos apoyaba. Hasta hubo un récord de ventas de televisores en Grecia”.

 

“Los aficionados celebraron en las calles el pase a la final, incluidos los del Olympiacos”, recuerda Antoniadis

 

La semifinal volvió a deparar un cruce temible y con la ida a domicilio. El equipo del trébol viajó a Belgrado para enfrentarse al Estrella Roja, club que contaba con siete internacionales por Yugoslavia. Les pasaron por encima. “En los primeros tres goles encajados (dos de Ostojic y uno de Jankovic) no teníamos ninguna explicación. Fue el peor día de Ikonomopoulos. Falló en los dos primeros y el tercero no debió ser válido porque el balón nunca traspasó la línea”. Kamaras anotó el único tanto del Panathinaikos aquel día. Pero poco después Ostojic completaría su hat-trick y cerraría el 4-1.

Dos semanas más tarde: el milagro. Antoniadis no tardó en hacer daño a la defensa yugoslava: “Marqué a los 30 segundos. En las gradas se volvieron locos, fue el gol más rápido de mi carrera. Puskas nos dijo en el descanso que íbamos muy bien y que si metíamos el segundo, luego el tercero lo marcaría la gente”. El delantero le hizo caso, anotó en el 55′.

Aristidis Kamaras puso el tercero para lograr la remontada. El Panathinaikos estaba en una final europea. Un sueño que nadie podría haber imaginado: “Si alguien hubiera apostado que íbamos a pasar dos rondas, yo creo que ahora sería el hombre más rico del planeta”, reconoce el exariete, que aún se pellizca cuando recuerda el ambiente que se vivió en Atenas tras el pase. “Todos los aficionados salieron a la calle a celebrarlo, incluidos los del Olympiacos, el eterno rival del Panathinaikos. Eso dice mucho de la psicología de la sociedad de aquella época”.

La final de Wembley

El 2 de junio de 1971 quedará para siempre en la memoria del fútbol griego. Más de 40.000 aficionados de todo el país viajaron hasta Londres. El objetivo: vivir desde las gradas de Wembley la emoción de una final y descubrir a aquel rival del que todo el mundo hablaba: el Ajax de Johan Cruyff. “Las calles de Londres estaban llenas de banderas griegas y del Panathinaikos. Sentíamos un gran orgullo nacional y mucha gente que no tenía habitación acabó durmiendo en parques”, cuenta Antoniadis. En la portería de aquel once histórico estaba por supuesto Takis Ikonomopoulos, uno de los mejores porteros de la historia del fútbol griego y leyenda de los verdes, donde jugó desde 1963 hasta 1976. Para la ocasión, pero no de forma excepcional, porque ya lo había hecho en partidos anteriores, Takis saltó al estadio de Wembley con la camiseta de José Ángel Iribar. Los dos porteros habían intercambiado sus camisetas después de un amistoso entre España y Grecia de 1970 en Zaragoza. Y la admiración hizo el resto. “A partir de la vuelta contra el Slovan en Bratislava y hasta la final de Wembley llevé la camiseta de Iribar para que me diera fuerza. Fue un portero al que idolatré mucho. Puskas me decía que yo no era inferior a él, que estábamos al mismo nivel”, afirma Takis a Panenka.

En la zaga aún están en la memoria de todos los aficionados griegos las actuaciones de Tomarás y Vlajos (lateral derecho e izquierdo) y de los centrales Kapsís y Surpis. Kamaras, Eleftherakis y Domazos fueron los tres centrocampistas. Filakouris en un extremo, Grammos en el otro y Antoniadis en punta completaban la alineación que se midió a los holandeses. “Todos griegos”, subraya el ‘9’, “ahora sería impensable”.

Imposible que la conversación no continúe con la figura de Cruyff. “Sus movimientos daban miedo”, confiesa Antoniadis. “No te daba tiempo ni a darle una patada. Aquel Ajax tenía jugadores de un nivel mundial muy alto”. Y así se reflejó en el marcador. A los cinco minutos, Van Dijk hizo el primero. El Panathinaikos lo intentó, con tres ocasiones de gol desbaratadas antes del descanso. Haan puso el 2-0 a tres minutos del final. “Lo celebraron como niños pequeños. Señal de lo mucho que les habíamos apretado”, resalta Antoniadis.

Aunque el Panathinaikos perdió aquella final, “en los próximos años todos los rivales nos respetaron por nuestro camino hacia Wembley”. Todo empezó en aquella temporada 70-71 y, desde entonces, el Panathinaikos llegó dos veces hasta las semifinales y seis hasta los cuartos de competiciones europeas. Antoniadis concluye: “Llegar a la final fue un milagro futbolístico y la presencia de Puskas fue fundamental. Tenía la capacidad de sacar con sus palabras el 100% de cada jugador. Nos convertimos en una gran familia”.