Lukas Podolski es volver una década atrás, es regresar a una adolescencia donde todo es incierto menos el gusto por el balón. Son esos veranos en la piscina emulando al bueno de Podolski con aquella camiseta de líneas horizontales que tanto me gustaba del Bayern, todavía la guardo como si fuera un tesoro. El delantero alemán era un incomprendido, daba la impresión de que su talento inagotable no estaba preparado para ser lucido en grandes plazas. Estoy convencido de que si por Podolski fuera, habría jugado toda su carrera en el equipo del barrio o en el Köln, pese a saber que su techo estaba en otro lugar.

Podolski siempre fue un futbolista muy poco alemán, por algo nació en la localidad polaca de Gliwice aunque desde los dos años ya estuviera en tierras germanas. Su zurda siempre ha sido un cañón, con ella era capaz de ganar un partido por sí solo. Más aún si los defensas rivales le permitían disponer de una falta en la frontal del área, ahí no perdonaba. Pero en esa zurda no había solo potencia, también mucha sutileza. Sabía definir como pocos, ahí sí salía su carácter alemán a la hora de sentenciar al portero rival con total frialdad, como si nada pasara.

¿Pudo haber hecho una carrera completa en el Bayern? Sí, si hablamos en un contexto puramente futbolístico pocos jugadores alemanes de su generación pudieron hacerle sombra. Pero Podolski era otra cosa, no parecía ser el prototipo de futbolista que luce en el equipo de Múnich. De todas maneras, uno comprende la actitud ‘aspiradora’ del Bayern, cómo no iban a fichar a un chico que la estaba rompiendo en el Köln, en la Bundesliga y segunda división, y que había hecho sonreír a Kahn tras meterle un gol desde fuera del área, con el exterior y poniendo el balón en la escuadra.

 

Da la sensación de que cuando se retire, los aficionados no situarán a Podolski en el lugar que le corresponde

 

“Cuando eres joven y juegas al fútbol debes hacerlo en la calle. Los jóvenes deben entrenarse, jugar a fútbol todos los días y no tener tres entrenadores con cada uno diciendo una cosa”, comentaba Podolski en una entrevista a The Guardian. Este jugador, que se describe a sí mismo como un ‘futbolista callejero’ es una leyenda del fútbol alemán sin haber hecho carrera en ningún grande de Europa. Sí, ha llevado las camisetas del Bayern, Arsenal o Inter, pero cuando hablamos de Podolski lo hacemos del Köln. Sus descensos y ascenso a la Bundesliga, ser aclamado a los 18 años como el gran salvador de la ciudad y regresar del todopoderoso Bayern para volver a sentirse alguien.

Da la sensación de que cuando se retire, los aficionados no situarán a Podolski en el lugar que le corresponde. Estamos ante un tipo que con 130 partidos es el tercero que más veces ha vestido la camiseta de la Mannschaft, tan solo superado por Matthäus y Klose, y de su tercer máximo goleador histórico, tan solo superado por Klose y Gerd Müller. Don Lukas Podolski les puede mirar a los ojos perfectamente a los Klose, Müller, Völler, Klinsmann, Rummenigge o Uwe Seeler. ¡El tercer máximo goleador de una gente que acumula cuatro Mundiales y tres Eurocopas!

A veces olvidamos que aunque con sus clubes no haya tenido la constancia que le responde a un jugador de su calidad, con Alemania era un futbolista absolutamente decisivo y letal. Incluso le dio tiempo para pegarle un bofetón a Ballack, entonces capitán de la Mannschaft, durante un amistoso frente a Gales. Ballack pidió su expulsión de la selección, pero era tal la relevancia de Podolski en aquella selección que lejos de ser expulsado, Löw se posicionó de su parte. “Es un jugador único, nadie puede reemplazarlo realmente“, señaló el seleccionador alemán el día de su despedida.

De Podolski se han dicho muchas cosas: que no tenía mentalidad ganadora para triunfar en el Bayern, que regresó a Colonia porque esa su zona de confort, no se entendían sus constantes llamadas con Alemania, etc. Pero a Podolski todo eso le daba igual, de hecho ahora está jugando en Japón cuando el 90% de los equipos de la Bundesliga matarían por tenerlo con su camiseta. Que nadie olvide que a sus 18 años descendió a la segunda división del fútbol alemán pero fue miembro de la selección alemana durante la Eurocopa de 2004. Podolski es la clase de futbolista que siempre soñé ser, alguien a quién le da igual dónde triunfar mientras ese éxito llegue en casa, porque Podolski es a Colonia lo que la cabra al Köln.