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Habiendo logrado lo más difícil, generar una identidad de juego inamovible, que es por consiguiente una manera de entrenar y competir, Pep Guardiola está experimentando en Inglaterra, por primera vez en su carrera como técnico, un cambio gradual y significativo que no vivió ni en Barcelona ni en Múnich: el comienzo del relevo generacional en su actual plantilla. Con los mismos objetivos y exigencias, su quinta temporada en Mánchester es diferente porque el grueso de su plantel, los Agüero, Fernandinho, Kompany o Silva, columna vertebral por ascendencia e importancia de sus posiciones, ha sido sustituido por jugadores muy jóvenes que buscan servir de estribo hacia el siguiente nivel. Gabriel Jesus, Rodri, Ruben Dias o Phil Foden pretenden que el Manchester City se meta en su primera final de la Copa de Europa.

Quizás el más especial de todos ellos, Phil Foden, llegó al equipo con edad de juvenil. Si bien no goza de la indiscutible titularidad del propio Dias, De Bruyne o Rodri, el papel del canterano representa algo mucho más importante que la cantidad de minutos jugados, y no es otro que el de la calidad de los mismos, residiendo aquí el valor de un futbolista de 20 años que ya ofrece un sello de garantía en un modelo de juego de altísima exigencia técnica y calidad posicional, donde se juega en espacios mínimos y donde el error es muchas más veces forzado que no forzado. Perder la pelota en el Manchester City es algo inusual para un atacante, y Foden se ha permitido la osadía de llegar a la élite como uno de los comodines de la baraja de Pep, prometiendo perder poco la pelota a cambio de que lo que se pierdan sean sus rivales mientras se los regatea. Para ser aún más justos con el británico, toca colocar el marco en la pared y entender por qué Phil Foden es el más admirado por Guardiola.

Al fútbol con el que el catalán ha conquistado a medio mundo e inquietado al restante, los rivales, por convicción o por obligación, le han defendido de tal(es) manera(s) que para dominarlos, al mismo nivel de importancia que tener desborde por fuera, el técnico de Santpedor ha ponderado, con insistencia, no sólo una superioridad numérica en el carril central sino también una de ámbito técnico: el regate en zonas interiores. Uno de los principios más reconocibles de los equipos de Pep es que a través del pase corto, de no más de quince metros, enseñando la pelota para provocar un salto defensivo del centrocampista rival, lograra encontrar espacio a la espalda para superar esa línea y conectar con los más desequilibrantes, es decir, ‘pase, pase, pase, hombre libre entre líneas, balón al extremo, cambio de ritmo y envío al área’, generando ocasión de gol o pérdida de mucha calidad, con el rival girado y hundido.

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Phil Foden es una bomba, palabra literal que Pep utilizó antes de colocarle como el mayor talento que había entrenado

 

Sin embargo, cuando esa defensa se convertía en pasiva y nadie saltaba ni acosaba la combinación de pases -Mourinho-, eliminando espacios entre líneas y liberando las bandas para que el pase siempre fuera hacia el exterior, o cuando por el contrario el oponente comenzaba a presionar arriba y organizadamente -Klopp-, Guardiola concluía que el regate en zonas interiores y en un paso intermedio era tan o más importante a que lo hiciera un extremo y como último hombre. Mientras en el Camp Nou contaba con Andrés Iniesta o Leo Messi, en Múnich Pep miraba a Kroos, Schweinsteiger, Alonso, Vidal, Lahm, Javi Martínez o Hojbjerg, y reconocía que su centro del campo estaba huérfano de regate. ¿Su solución? Meter a Götze, Robben o Ribery como interiores, sin ningún reparo ni cortesía. Esa decisión, en la eterna partida de ajedrez que es Guardiola contra quien intenta frenarle o superarle, explicaba muchas cosas.

Llegado a este punto que es hoy, de algún modo, Phil Foden es el primer gran talento que desarrolla su juego como hombre desequilibrante en todas las alturas del campo de forma orgánica, no como Robben o Ribery, soluciones del entrenador en mitad de una temporada. Ante una presión adelantada, que salta a robar sólo cuando se ha orientado hacia el lugar deseado, o en una defensa más paciente, que obliga cambiar el chip del centrocampista hasta colarse por los pasillos como atacante puro, Phil Foden es una bomba, palabra literal que Pep utilizó antes de colocarle como el mayor talento que había entrenado. Philip Walter, como así se llama, sumando esta temporada 16 goles y 9 asistencias, representa un poder único que no funciona por su posición o por un sector, sino por concepto: Guardiola utiliza a Foden allí donde haga más daño en función del planteamiento del rival. Por parte del jugador recibirá un control orientado milimétrico, una conducción elástica e inteligente y una determinación entre regate y disparo, dentro o fuera, que sabe doblemente mejor por haber sido concebido en casa y desde cero. A diferencia del regate exterior que espera y hace su jugada, Phil Foden es el comodín del juego y el peto distinto en el entrenamiento. La punta y el iceberg.

 


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Fotografía de Imago.