Verano de 2016. Eslovaquia disputa la primera Eurocopa de su historia desde que se independizara de la República Checa en 1993. Antes ya habían hecho historia alcanzando los octavos de final del Mundial de Sudáfrica en 2010. En Francia’16, junto a Marek Hamsik, el que pintaba como nuevo heredero del capitán del Nápoles, Ondrej Duda, vio en aquel torneo el escaparate perfecto para dar un salto de calidad en su carrera. Dos años antes, cuando su carnet de identidad apenas sumaba 19 años, ya había dejado el Kosice eslovaco para recalar en el Legia de Varsovia, donde conquistó tres ligas -en la tercera solo jugó un partido antes de ser traspasado- y dos copas polacas.

En el torneo de selecciones europeo dejó un gol en su haber y dos titularidades actuando como delantero centro, posición en la que recurrentemente le sitúa el seleccionador Ján Kozák. Apenas 154 minutos y un gol ante la selección de Gales le bastaron para que el Hertha de Berlín pusiera sus ojos en él. A cambio de poco más de cuatro millones de euros, Ondrej Duda emprendía un nuevo viaje en su carrera, de la capital polaca a la alemana. Otro pequeño escalón para asentarse en la élite.

Todo parecía ir rodado. La Bundesliga, el ’10’ a la espalda, más reconocimiento, mejores jugadores con los que asociarse, más dinero. Más todo. De repente, cuando la cosa empezaba a ir sobre ruedas, la maldita rodilla hizo crack. Todo fue a menos. Adiós al ’10’, adiós a la Bundesliga, adiós al césped, adiós al balón. Empezaba otra carrera, seguramente la más dura de un futbolista, la de la recuperación para volver al punto exacto donde estaba antes de que su rodilla pusiera un punto y aparte a su meteórica ascensión.

 

Desde tres cuartos de campo, Duda es el encargado de desarbolar las líneas defensivas con su finura en el pase y el regate

 

En su primer año en Alemania apenas pudo disfrutar de 67 minutos sobre el verde. Los problemas en la rodilla pospusieron su debut en el Hertha hasta finales del mes de febrero, mediada ya la competición. Debutó ante Eintracht de Frankfurt jugando un minuto y dispuso de poco más de media hora en la siguiente jornada contra el Hamburgo. Las molestias regresaron y solo pudo volver a vestirse de corto una vez más, frente al Hamburgo, en su primera campaña en el Hertha. Temporada para olvidar.

Su segundo curso en la Bundesliga tampoco fue nada exitoso. Apenas nueve titularidades, ningún partido completo y sensaciones de que aquel chico que dormía con las botas de fútbol puestas, como contaba su padre en una entrevista, iba camino de quedarse en un mero proyecto por culpa de una rodilla que le causaba desconfianza en su juego. Algo que reconoció recientemente, tras anotar un doblete contra el Schalke: “Todo el mundo sabe que estuve parado siete meses. Después, en la segunda temporada tampoco jugué mucho. Un día jugaba y otro no. Para los futbolistas es complicado cuando sucede porque pierden confianza. Entonces, es difícil poder demostrar algo”.

Su suerte cambió este último verano. Llegó el húngaro Pál Dárdai al banquillo del Olímpico de Berlín y la historia del joven eslovaco dio un giro de 180 grados. Desde el primer día le ha entregado las llaves de la línea de mediapuntas. “Puede dar pases inesperados, sorprendentes. Para hacer eso tiene que ser valiente y tomar las decisiones correctas durante el juego. Puede fallar algunos pases, pero ese no es el problema. El problema es cuando un jugador se esconde. Y él no lo hace”. Desde tres cuartos de campo, Duda es el encargado de desarbolar las líneas defensivas con su finura en el pase y el regate. Aunque si por algo está deslumbrando en la Bundesliga, no es precisamente por eso -aunque también-, sino porque ha sumado una nueva faceta a su juego: la del instinto goleador.

 

Como dijo su compañero Salomon Kalou después de sus dos primeros goles ante el Schalke, “number ’10’ is back”

 

Quizá por conocer la posición de ariete cuando viste la camiseta de Eslovaquia, puede que por la confianza que le ha brindado su nuevo técnico o a causa de que su momento estaba aún por llegar, la Bundesliga ha descubierto a un mediapunta con alma de delantero moderno, falso nueve, o como se le quiera llamar; de esos jugadores móviles, que aparecen y desaparecen, de los que caen a banda, ocupan y liberan espacios y vuelven locas a las defensas rivales. Junto a todas esas virtudes, Ondrej Duda se ha visto tocado por la varita el gol. Y ahora, aparte de repartir exhibiciones por toda Alemania, también encuentra la portería rival con una facilidad pasmosa.

No vio puerta contra el Nuremberg en la primera jornada liguera y desde el segundo encuentro empezó a enchufarlas todas. Doblete en la victoria contra el Schalke. Un pícaro gol de falta por debajo de la barrera para vencer al Wolfsburgo en el descuento (aunque segundos más tarde los Lobos acabaron salvando un punto sobre la bocina). Ante el Mönchengladbach certificó los tres puntos para el Hertha anotando el definitivo 4-1. Contra el Werder Bremen no pudo hacer nada para evitar la derrota de los suyos. Y en la última jornada disputada hasta el momento, otro tanto suyo fue vital para que el todopoderoso Bayern de Múnich pinchara su primer partido en el presente curso.

Si el Hertha suma 13 puntos de 18 posibles, mucho tienen que ver los cinco goles de Ondrej Duda en este inicio de liga. Cinco goles que le han servido para encabezar la lista de goleadores de la Bundesliga. Ya nadie se acuerda de aquella lesión que le apartó tantos meses del césped, nadie piensa en su rodilla; ahora es momento de disfrutar de su fútbol y sus goles. Como dijo su compañero Salomon Kalou después de sus dos primeros tantos ante el Schalke, “number ’10’ is back”.