Es probable que alguna vez haya fantaseado con doblar por la mitad el mapa de España para quedarse a vivir en ese punto imaginario donde se mezclarían Oviedo y Cádiz. También es probable que sienta un poco de nostalgia de los tiempos en los que empezó a asomarse a Primera, cuando José María García y Javi Clemente lo llamaban el ‘universitario’ porque había llegado al Real Oviedo procedente del equipo de la Universidad de Oviedo, donde estudiaba Empresariales. Oliverio Jesús Álvarez -simplemente ‘Oli’- fue poco a poco sustituyendo a Janko Jankovic para acabar compartiendo delantera con uno de sus ídolos de infancia, el delantero Carlos Muñoz.

 

‘Non grato’ en su propia ciudad, se fue al Cádiz para convertir las fobias en filias: suyo fue el gol que devolvió al equipo a Primera en 2005

 

Los goles de Oli sostuvieron al equipo ‘carbayón’ durante casi toda la década de los 90, hasta que en 1997 el Betis pagó su cláusula. Su fútbol era, sobre todo, el gol: excelente cabeceador, pícaro en el remate y muy batallador, era un pura sangre del área. En el Betis empezó bien (“y pude jugar con otro de mis ídolos, Alfonso”, recuerda), pero le tocó vivir un descenso inesperado y deshizo el viaje para regresar a Oviedo. Allí, en casa, vivió lo peor del fútbol: otro descenso a Segunda (2001), pero nada comparado a lo sucedido en 2003, con la caída a Segunda B. Oli era el capitán de aquel equipo en el que los jugadores no cobraban: fue un verano turbio, de pagarés y avales y miles de horas de negociación que acabaron con el Oviedo en Tercera por impagos. La afición le señaló como el gran culpable del estropicio por no haber perdonado la deuda.

Non grato‘ en su propia ciudad, se fue al Cádiz para convertir las fobias en filias: suyo fue el gol que devolvió al equipo a Primera en 2005. Lo marcó en el campo del Xerez. “Allí fui muy feliz. Y pude acabar mi carrera con una sonrisa”. Fue ese, su penúltimo gol como profesional, el que lo convirtió en un tótem para los ‘cadistas’ mientras al otro lado del mapa, en Oviedo, la afición rumiaba su amargura. El tiempo no diluyó el rencor (en 2016, durante las fiestas de San Mateo, tuvo que suspenderse un amistoso entre peñistas y veteranos del Oviedo porque la Peña Azul Castrillón se negó a compartir campo con él), pero nada ni nadie han logrado apartar a Oli del fútbol. En 2006 se marcó un ‘Luis Aragonés’: acabó un entrenamiento y les dijo a sus compañeros del Cádiz que a partir del día siguiente sería su entrenador. Y ahí sigue, peleando en los banquillos, ahora al frente del Marino de Luanco (Segunda B).

 


SUSCRÍBETE A LA REVISTA PANENKA


Este texto está extraído del #Panenka94, un número que todavía puedes conseguir aquí.