“Los caminos que siguen a los hombres preludian ciertos fines a los que los conducirán si perseveran. Pero si se desvían de su curso, los finales cambiarán”

En ‘Cuento de Navidad’, Dickens cuenta la historia de Scrooge, un anciano cascarrabias, solitario y avaro que recibe la inesperada visita de tres espíritus. El Fantasma de las Navidades pasadas le muestra su feliz infancia, el de la Navidad presente le enseña cómo celebran algunos de sus conocidos las fiestas y las opiniones que tienen sobre él, y el Fantasma de las Navidades futuras especula con la muerte del propio Scrooge y las nada sentidas reacciones de sus allegados. Las repentinas apariciones tienen un único objetivo: que el otrora viejo amargado se convierta en un señor afable que disfruta de las Navidades.

Quién sabe si Nasri, Babel y Boateng recibieron la visita de esos tres espíritus en años anteriores porque lo cierto es que ellos van a disfrutar y mucho de las presentes Navidades. La Liga les ha dado el aire fresco que necesitaban y ahora, al atarse los cordones, vuelven a sentirse futbolistas después de echar la vista atrás y confesarse frente al Fantasma de las Navidades pasadas. “Creo que me fui demasiado joven del Ajax. Desafortunadamente cuando yo era joven tuve que tomar las decisiones por mí mismo. Nadie me aconsejó”, explica Babel en riazor.org. Algo parecido le sucedió a Boateng, que explicó en El País que tuvo que aprender solo porque no tenía a nadie al lado, aunque achaca sus males a otros motivos. “Llegué a Londres (Tottenham), cada mes entraba dinero y gastaba y gastaba y gastaba. Estaba solo”, cuenta KP.

 

“Necesitaba un cambio, en mi última temporada tuve muchas lesiones y quería empezar algo nuevo, fresco”, explica Nasri sobre su llegada a Sevilla

 

Boateng dijo basta y apostó por un cambio de aires, igual que Nasri. “Necesitaba un cambio, en mi última temporada tuve muchas lesiones y quería empezar algo nuevo, fresco”, explica el francés sobre su llegada a Sevilla. En algún momento, los tres dejaron de lado su excentricidad para abrirle la puerta a la normalidad. Se parecen a ese amigo repetidor del colegio, que dejaba chispas de su talento mientras se balanceaba en la última fila, que en cada recreo se echaba a perder en la esquina prohibida. Pero el también hizo el click en algún momento, y si te lo encuentras ahora será con el uniforme de sencillez, esto es, camisa de cuadros, carrito de bebé y alguna que otra entrada. Esos también son hoy Babel, Boateng y Nasri.

El Fantasma de la Navidad presente les enseñaría lo mucho que han cambiado y lo importantes que son para sus equipos hoy. Nasri es el faro que necesita el ambicioso proyecto de Sampaoli, Babel es la gracia ofensiva en la apocada idiosincrasia gallega y Boateng es un ghanés nacido en Alemania con espíritu canario. Cuesta entender cómo han llegado a esta madurez tardía, pero probablemente su proceso se parece a lo que escribió Foster Wallace sobre la elección de tus opciones. Copio:  “Tengo 33 años y la impresión de que ha pasado mucho tiempo y que cada vez pasa más deprisa. Cada día tengo que llevar a cabo más elecciones acerca de qué es bueno, importante o divertido, y luego tengo que vivir con la pérdida de todas las demás opciones que esas elecciones descartan […] Pero como son mis propias elecciones las que me encierran, me parece inevitable: si quiero ser adulto, tengo que elegir, lamentar los descartes e intentar vivir con ello”. No extrañaría que Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer esté en la mesita de noche de los tres protagonistas.

La incógnita ahora es saber qué les enseñará el Fantasma de las Navidades futuras. Lo único conocido es que Babel se marchará del Deportivo. Está por ver si tanto él como Boateng y Nasri de ‘La naranja mecánica’ solo vieron la película o también se leyeron el libro. Kubrick acaba la cinta con el regreso de Alex a la ultraviolencia, en lo que es el capítulo nº 20 de la novela de Burgess. El escritor inglés, sin embargo, dotó de 21 capítulos a su obra maestra. En el último, ausente en la película, Alex repudia la violencia, madura y sueña con una familia de paz y tranquilidad. Así lo cuenta él mismo:

“Eso es lo que va a pasar ahora, hermanos, ahora que llego al final de este cuento. Habéis acompañado a vuestro druguito Alex allá donde ha ido, habéis sufrido con él y habéis videado algunas de las acciones más brachnas y grasñas del viejo Bogo, todas sobre vuestro viejo drugo Alex. Y todo se explicaba porque era joven. Pero ahora, al final de esta historia, ya no soy joven, ya no. Alex ha crecido, oh sí”.