Se suele decir que la Premier League es la competición liguera que más paciencia tiene con los entrenadores. Es otro rollo en Inglaterra. Sin embargo, en el Watford la inquietud por los malos resultados propició un cambio en el banquillo. Javi Gracia acostumbró a los aficionados a ver un equipo peleón. Con un comienzo ilusionante en la pasada campaña, con cuatro victorias consecutivas y llevando al equipo hasta la final de la FA Cup contra el Manchester City, que le endosó un 6-0 que quedará para el recuerdo. Una derrota que no sentó nada bien a la directiva y, en el inicio del siguiente curso, otro entrenador cogió los mandos: Quique Sanchez Flores. A los ‘Hornets’ les sonaba su cara, algo les resultaba familiar de aquel tipo. Había llegado, allá por el año 2015, al banquillo del Watford y consiguió de manera cómoda la permanencia del equipo, además de una semifinal de FA Cup en la que acabó cayendo contra el Crystal Palace. Para la alta esfera, apostar por un viejo conocido era de lo más lógico para arrancar la temporada de forma positiva. ¡Qué equivocados estaban! Sánchez Flores solo logró once puntos en los 14 partidos en los que estuvo al frente de la plantilla. Y nuevos vientos soplan ahora en Vicarage Road. La llegada de Nigel Pearson ha supuesto un nuevo escenario futbolístico en el condado de Hertfordshire, en el que el Watford comienza a ver la luz, al menos de momento, al final del túnel.

Estado anímico de la plantilla

Nigel Pearson

Con la llegada de Quique Sánchez Flores, había una sensación, una intuición, de que los jugadores no estaban cómodos con el sistema de juego del español. Como declaró el portero Ben Foster para una entrevista en Daily Mail: “Estábamos pidiendo a gritos un entrenador inglés”. Y fue entonces cuando llegó Nigel Pearson, que se caracteriza por decir las cosas claras. Si haces las cosas mal, te lo digo. Si haces las cosas bien, también te lo comento. Su idea es volver a los orígenes, que el jugador disfrute dentro del terreno de juego y los resultados ya se irán sucediendo. Y así ha sido. Mientras Sánchez Flores solo consiguió dos victorias en casi tres meses, Nigel Pearson ha sumado 15 puntos en diez partidos, permitiendo a los ‘Hornets’ acercarse a la permanencia. Aún queda mucha competición pero no ha podido tener mejor comienzo.

Sistema de juego

Nigel Pearson

A principio de temporada no pudimos ver un sistema muy estable. Es más, era difícil detectar cómo quería jugar Sánchez Flores. El sistema más utilizado por el técnico español fue un 4-4-2, con Deulofeu y Deeney en punta y un Doucuré mucho más retrasado. La prolongada lesión del propio Deeney, delantero indispensable para el Watford, tuvo algo que ver en el pobre devenir del esquema y, por ende, del equipo. Y, ahora, el entrenador inglés ha apostado por otro sistema de juego: un 4-2-3-1 adelantando a Abdoulaye Doucouré a la posición de mediapunta, donde ha rendido de forma espléndida. Deeney ha dejado atrás las lesiones y entra mucho más en el juego colectivo, cosa que no hacía en el anterior dibujo táctico, además tiene más ayudas en ataque, con un Deulofeu y un Sarr muy en forma. Aunque sin duda la pieza clave para este Watford es Ben Foster. El portero inglés ha realizado 77 intervenciones en lo que llevamos de competición, siendo el quinto en la lista de porteros con más paradas.

Ya saben lo que dicen: para construir una casa, siempre hay que empezar por los cimientos.

Nigel Pearson, ¿entrenador para 2020-21?

Aún es demasiado pronto para determinar si el técnico inglés se hará cargo del equipo en la próxima temporada. El objetivo principal es mantener la categoría y su permanencia en el puesto dependerá, en parte, de las distintas actuaciones y de la posición en la que se queden al final del curso. Los próximos cuatro compromisos de los ‘Hornets’ se prevén llenos de emoción. Dos primeros encuentros contra equipos de media tabla (Everton y Brighton) antes de medirse ante el Manchester United y al todopoderoso Liverpool. Si la plantilla continua con esta buena dinámica, nadie discute que Pearson pueda ser el elegido. Teniendo en cuenta las buenas sensaciones que la plantilla ha mostrado desde su llegada, mucho tiene que cambiar para que se produzca una alteración en el banquillo.