Permitidme empezar con una confesión: la carrera del futbolista sobre el que trata este texto me genera una infinidad de preguntas. ¿El fútbol es cultura? Sí, ¿no? Joder, qué fácil es responder y qué difícil argumentarlo. Inseguro. Como en aquel examen al que te dejan llevar todos los apuntes que quieras, pero llegas al aula temeroso, a sabiendas de que ninguna pregunta tendrá una respuesta categórica que puedas encontrar entre esa multitud de papeles. Ese es un buen profesor, dicho sea de paso. Pero pongámonos en situación e intentemos resolver la pregunta inicial; vamos a despejar la ‘x’ poniendo de ejemplo a Shunsuke Nakamura. ¿Os acordáis de él?

La cultura está hecha para compartirla. Es un concepto tan amplio que solo pensar en definirlo abruma. No tiene límites. Cine, libros, manga, cuadros, esculturas, música… El arte es cultura. También lo son la infinidad de fiestas y tradiciones de cada territorio de alrededor del mundo. Lo mágico es que muchas chocan con las nuestras y, aun así, lejos de provocarnos rechazo, nos generan un especial interés. Porque lo exótico nos gusta. Raro es encontrar a alguien en España que no esté viciado a los tacos mexicanos, a las arepas venezolanas o al sushi japonés. Yo me decanto por esto último, por el pescado crudo. ¿Cuánto hace que lo he asimilado como parte de mi día a día?

El fútbol está muy presente en la poesía, la narrativa, la política, la televisión, el periodismo, el cine… Es un factor histórico que difícilmente se puede desvincular de la cultura. Pero, ¿es parte de una cultura global común o solo de unos pocos países? Mierda, más preguntas. Aunque esta vez sí tiene una respuesta sencilla: el fútbol no tiene la misma popularidad en todos los lugares del mundo, ‘elemental, querido Watson’. Sin embargo, es capaz de crear ídolos nacionales allá donde rueda el balón. Jugadores que, dotados de un talento único, destacan por encima del resto de sus compañeros y se ven casi obligados a embarcar en un inescrutable viaje futbolístico. El destino soñado solo puede ser uno: Europa. ¿Qué creen que encontrarán aquí?

Como si de aquella adivinanza que empieza con un este banco está ocupado por un padre y un hijo… se tratase, los inicios de la carrera de Shunsuke Nakamura ya te los he dicho. Su artístico fútbol le hizo destacar desde que era un crío. A los cinco años empezó a tocar el balón y a los 12 fichó por el Nissan Motors FC Junior, club que posteriormente se convertiría en el Yokohama Marinos. A causa de su debilidad física y su baja estatura, fue rechazado para el equipo juvenil y se unió al club de secundaria Toko Gakuen. Allí se convirtió en el líder del equipo, guiándolo hasta la final del Torneo Nacional Juvenil de Japón y consagrándose como el MVP del campeonato. Acaparaba todas las miradas. Incluso las inferiores de la selección japonesa quisieron contar con él, siendo parte del equipo sub-20 para la Copa Asiática de 1996 y del Mundial juvenil de 1997. Nakamura era la nueva esperanza de todo un país. ¿Sería capaz de superar a Nakata como estrella del fútbol japonés? 

 

Nakamura se exhibió en la Copa Asiática de 2000, ganando y formando parte del once ideal de la competición. Era el niño mimado de todo un país, ¿qué podía salir mal?

 

Tras vivir una etapa escolar digna de ser dibujada en un manga spokon y rivalizar con Oliver Atom, en 1997 Nakamura fichó definitivamente por el Yokohama Marinos de la J1 League. En su primera temporada se hizo con un hueco en el once y en los años siguientes siguió demostrando que su nivel era muy superior al de la liga. El nivel del ataque del club tricolor era altísimo, contando también con Julio Salinas y Jon Andoni Goikotxea, procedentes del ‘Dream Team. Mientras, con la selección absoluta, Nakamura se exhibió en la Copa Asiática de 2000, ganando y formando parte del once ideal de la competición. Era el niño mimado de todo un país, ¿qué podía salir mal?

Tras cinco temporadas, 148 partidos, 33 goles y un MVP de la J1 League, todo parecía indicar que sería una de las figuras del Mundial de 2002 -disputado en su tierra natal-, pero se quedó fuera de la lista por una misteriosa lesión de supuestamente poca gravedad. Cóctel de sorpresa, frustración y anhelo, de un trago. Entonces lo supo, Nakamura debía marcharse, dar el salto y aceptar alguna propuesta de los muchos clubes europeos que se habían interesado en él. El Real Madrid de los ‘Galácticos’ llegó a hacer oficial un acuerdo de cesión con opción de compra. Pero nunca se produjo y todavía hoy se desconoce la historia al completo de por qué se frustró ese acuerdo. Entonces, ¿qué hace especial a Nakamura?

A todos nos gustan los futbolistas zurdos. Y el ‘fino’ es uno de ellos. De esos que partiendo desde la derecha orientan su conducción hacia el centro para, cuando ya están en la frontal del área, fomentar la creatividad mediante su prodigiosa pierna izquierda. Una de las mejores que he visto, llegó a confesar Goikotxea. ¿Cuántos de estos jugadores tenemos guardados en nuestras retinas? Nakamura es un jugador preciso, de bonitos libres directos y de pases inimaginables. Un ‘10’. Como cierto argentino de similares características, fichó por un equipo italiano: el Reggina. ¿Sería capaz de explotar su talento allí?

El club de Calabria sufría cada año por evitar el descenso a segunda división. En el Reggina, Nakamura podía ser el líder, pero el sufrimiento del grupo lastraba el estallido de su potencial. La mejora en su fútbol le valió de nuevo entrar en la selección japonesa, siendo nombrado tercer mejor jugador de la Copa Confederaciones de 2003 y MVP de la Copa Asiática de 2004, que volvió a ganar Japón. Por fin, era un fijo en las convocatorias de los ‘Samuráis Azules’, con los que llegó a alcanzar las 98 internacionalidades y 24 goles. ¿Fue este el culmen de su carrera?

El equipo en el que Nakamura se convirtió en leyenda fue el Celtic. El japonés pisó Escocia por primera vez en 2005. Lejos quedaban ya las calles sin salida de Japón, tan estrechas como altas y llenas de carteles luminosos en los escaparates. Ahora paseaba por las floridas y pintorescas calles de Glasgow. Allí permaneció hasta 2009, levantando tres Scottish Premiership y una Copa de la Liga. 2007 fue el año de su consagración, siendo el primer no europeo en ganar el premio al mejor jugador del año; además de ser seleccionado como candidato al Balón de Oro y convertirse en el primer japonés en anotar en la Champions League. Fue capaz de perfeccionar todavía más sus golpeos a balón parado, convirtiéndose en uno de los mayores especialistas a nivel mundial. Uno de ellos, precioso y colocado, frente al Manchester United, le dio el pase al Celtic a la fase eliminatoria de la Champions por primera vez. ¿Qué podría frenar a alguien tan talentoso como Nakamura?

Todo lo que la cultura te da, te lo puede quitar. A veces me pregunto si a un japonés le chocará tanto la cultura española como a nosotros la suya. Os voy a hacer una segunda confesión, mi sueño es viajar a Japón. No os engañaré, Naruto, Son Goku y Ash Ketchum tienen mucho que ver en ello. Temo que las expectativas generadas en la tierra del sol naciente se vean frustradas cuando lo vea en directo, pero necesito comprobar con mis propios ojos si son ciertas las diferencias de las que hablan en Internet sobre la comercial Osaka, la transitada Tokio o la tradicional Nara. Eso sí, ¿mudarse a Japón no es muy arriesgado? 

 

Esta vez no fue capaz de adaptarse. La cultura le sometió. Nunca se sintió en casa. Seis meses. No más. Eso duró Nakamura en Barcelona

 

Shunsuke Nakamura hizo el camino inverso y fichó por el Espanyol en 2009. Al club perico llegaba como la gran figura mediática en Asia y nueva fuente publicitaria de ingresos. Pero, esta vez, no fue capaz de adaptarse. La cultura le sometió. Nunca se sintió en casa. Seis meses. No más. Eso duró Nakamura en Barcelona. Decidió volver a Japón, a su club, al Yokohama Marinos. Han pasado más de diez años desde que los europeos le perdimos de vista, pero él sigue jugando, en la segunda división japonesa. Con 44 años, sus piernas tienen cuerda para rato. Hagamos como Nakamura y volvamos al inicio: ¿el fútbol es cultura?

Sí, sin duda. Porque la cultura es el arte de contar historias. Y el fútbol, como el cine, la poesía, el manga o los canelones de mi abuela, con vivencias como las de Nakamura, que ganó, perdió, disfrutó y sufrió, es un medio para exponerlas al mundo. No hay más preguntas, señoría.

 


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Fotografía de Getty Images.