Michael Ballack no es un perdedor, o al menos el concepto que yo tengo de perdedor no es ese. Partiendo de la base de que perder es lo normal, como diría el bueno de Axel Torres, la trayectoria del ’13’ la firmaría con sangre cualquier joven que se inicia en el mundo del fútbol. “Es que Ballack es un perdedor porque apenas ganó alguna de las finales que jugó”, han afirmado muchos. De acuerdo, a mí dame las finales perdidas pero también su liderazgo, presencia sobre el césped, el disparo de largo distancia o las condiciones técnicas de uno de los mejores centrocampistas que ha dado el fútbol alemán. A veces nos quedamos con aquellos partidos que se le escaparon en la Champions, el Mundial o la Eurocopa, pero qué poco se recuerda que Ballack tuvo la mala suerte de caer en una generación alemana aún por hacer, un Bayern a la deriva europea o con un Chelsea que caía con estrépito. Los jugadores, al igual que las personas, no eligen el momento en el que nacen.

La fortuna o el azar no pueden ser factores para analizar un partido o una trayectoria, ya que el fútbol consiste en ser el resultado a los entrenamientos y el trabajo. Todo se trabaja, hasta eso que muchos llaman suerte. Al igual que una tanda de penaltis no está rodeada del azar, tampoco podemos afirmar que la carrera de Ballack sea fruto de la mala suerte. De hecho, es bastante fácil de analizar. Si bien es cierto que arrancó ganando una Bundesliga con el Kaiserslautern en prácticamente su primera temporada como profesional, lo sucedido con el Bayer Leverkusen lo absorbió todo. El ’13’ jamás olvidará aquel 2002 en el que perdió la Bundesliga en la última jornada, la final de la Champions ante el Real Madrid, la Copa de Alemania frente al Schalke y por si fuera poco el Mundial frente a Brasil, una final que no pudo disputar por sanción. Su mala suerte no fue algo futbolístico, tan solo coincidió en el tiempo con el Real Madrid de los galácticos, con aquel icónico gol de Zidane y en el Mundial se topó con Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho. ¿Perder la liga ante el Bayern pese a llevarles puntos de ventaja? Bueno, eso sigue sucediendo a día de hoy.

Habrá quien sí crea que maleficios o brujerías y se escuden en ello al explicar lo siguiente: en 2002 firma por el Bayern, que en 2001 fue campeón de Europa; en 2006 se va de Múnich y los bávaros ganarían en 2013 la Champions; en 2010 abandona un Chelsea que tan solo dos años después levantaría su ansiado título continental; y en 2012 cuelga las botas, dos años antes de que Alemania sea campeona del mundo. Ballack, el mejor futbolista de esa generación alemana y posiblemente de la siguiente, vivió una época en tierra de nadie y aun así cerca estuvo de llenar su casa de trofeos. Casi, pero no. Es de esos jugadores a los que los títulos conquistados no hacen justicia a su carrera o calidad. Luego existe el factor contrario, aquellos que no han sido ni una cuarta parte de lo que fue el alemán pero que su trayectoria futbolística les ha llevado por un camino de mayores éxitos colectivos.

En una entrevista realizada por el diario Spiegel en 2008 le preguntaban a Ballack si él se consideraba un jugador moderno. Esto es lo que respondió el ’13’: “Me paro en el medio, doy pases, corro detrás de la pelota y llego hasta el área. ¿Eso es ser moderno? Ganar es moderno”. Y así fue su carrera, ha ganado más de lo que muchos soñarían por mucho que se haya mantenido ese aura de perdedor. Y eso que con 16 años fue operado de la rodilla, los médicos le advirtieron que no haría deporte a nivel profesional. En definitiva, a aquellos que recuerdan al gran capitán alemán como ese jugador que protestaba poseído con el Chelsea a Obrevo o las patadas de desesperación ante España en la final de la Eurocopa de 2008, les recomendaría acudir a la hemeroteca y disfrutar de su fútbol. Nada más, tan solo eso. Disfrutar de ese trote que terminaba en largas zancadas cerca del área y de su pelea constante por revertir lo que para muchos fue una maldición. Yo lo siento, pero a mí dame como perdedor de un Mundial, Eurocopa o dos finales de la Champions, pero a cambio quiero las botas y el liderazgo del ’13’.