Dicen que los niños nacen con un pan bajo el brazo. Sin embargo, Jesús Vallejo nació con el brazalete de capitán anudado al bíceps (metafóricamente hablando, claro). Es uno de esos tipos que, da igual su edad, emanan personalidad. Ordena y manda desde el centro de la zaga como un central de los de antes. El Real Madrid vio su potencial y no se lo pensó dos veces. Vallejo, consciente de que este tipo de oportunidades solo pasan una vez en la vida, aceptó.

En 2014, el Real Zaragoza se encontraba sumido en una de las peores crisis que jamás haya sufrido. Tras el descenso del año anterior a Segunda División, se habían vivido momentos de caos en la entidad. Aquel verano se habló de su desaparición en el caso de que no hiciese frente a las deudas que tenía con la Liga. Estaba a punto de empezar su segunda temporada en Segunda y el conjunto aragonés no sabía siquiera si podrían jugar el primer partido. El técnico Víctor Muñoz, fichado para sacar al club de los problemas deportivos, decidió contar con gente joven, de la casa. Aquel verano, Jesús Vallejo realizó la pretemporada con el primer equipo perteneciendo todavía al juvenil, y sin haber disputado un solo minuto en el filial. Muñoz, convencido del potencial de Vallejo y acusado por la falta de armario, decide hacerle debutar con 17 años como titular en el centro de la zaga en el primer encuentro liguero contra el Recreativo de Huelva. A pesar de que el encuentro terminase cero a cero (o quizá por eso), Jesús fue uno de los jugadores más destacados del choque, dejando entrever, ciertas maneras y costumbres que lo encumbrarían como uno de los mejores centrales de aquella temporada en Segunda.

Más tarde, asciende al filial pero sin jugar apenas minutos para el segundo equipo. Donde realmente rinde es en Segunda División, donde acaba haciéndose un hueco junto a zagueros como Carlos Diogo, Leandro Cabrera o el veterano Rubén González Rocha.

Sin embargo, a causa de los malos resultados, el club destituye al míster Víctor Muñoz a finales de noviembre y contrata al serbio Ranko Popovic. El cambio fue notable y el equipo comenzó a rendir como se esperaba. De este modo, lograron colarse entre los equipos que aspiraban a ascender a Primera a través del play-off. Unos partidos antes de aquello, Popovic entregó el brazalete de capitán a Vallejo, que apenas unos meses atrás había cumplido 18 años. Asumiendo galones y responsabilidades que no es habitual que correspondan a alguien tan joven, tomó el liderazgo del equipo. No fue nada sencillo, pues la cuatribarrada había pasado previamente por hasta seis jugadores aquella temporada (Álamo, Fernández, Alcolea, Rubén González, Pedro y Diogo), Vallejo fue el séptimo y el último. Con el permiso de Fede San Emeterio (Racing), Jesús se convirtió en el segundo jugador más joven en capitanear a un club en Segunda División.

Las normas no escritas del fútbol dicen que para ser capitán es necesario haberse curtido en una amplia variedad de situaciones deportivas. Pero como dijo Ernesto Valverde en un encuentro organizado por Libros del KO, “el fútbol es un curso acelerado de la vida real”. Y a Vallejo le tocó realizar un intensivo para estar a la altura que reclamaba un puesto como aquel.

No obstante, venía con la lección bien aprendida de casa. De padre camionero y madre auxiliar de enfermería, ha crecido en un ambiente de esfuerzo y sacrificio. Es un chico humilde, trabajador, que piensa todo lo que dice pero no dice todo lo que piensa. Esas cualidades, acompañadas de su carácter, personalidad y talento, residen varias claves de su éxito deportivo.

Apenas con la mayoría de edad cumplida, ha demostrado que es capaz de gestionar los nervios y tomar los riesgos necesarios. ¿Una de sus claves? No exponerse ante errores que por inexperiencia muchos otros cometerían, es un chaval que piensa como un adulto. No es fácil que un zaguero destaque a esa edad. Ya sea por cuestiones físicas o por falta de madurez futbolística, son pocos los que se han confirmado como verdaderas joyas. Es un central guerrero, omnipresente, que ordena y manda al resto del equipo. Su visión de juego bien podría ser la envidia de algunos centrocampistas: sabe dónde, cómo y cuándo poner el pie o cortar un pase. Lee el juego.

En aquellos play-off en los que acariciaron el ascenso frente a Las Palmas, Vallejo se confirmó como uno de los centrales con más proyección de toda España. Su concentración y seriedad hicieron que se comparase con muchos otros centrales que han pasado por el fútbol español. Llegaron a hacerlo también con su ídolo, Gaby Milito, con el que ciertamente guarda algunas similitudes.

Su inteligencia a la hora de conducir el balón en la parte más complicada de la cancha hacía que Ranko Popovic, el entrenador que lo hizo capitán, lo definiera como “un central de los de antes”. Su inteligencia a la hora de conducir el balón en la parte más complicada de la cancha, crear peligro viniendo desde atrás desequilibra a las defensas más asentadas. “Representa a centrales como Baresi o Lucio. Sin embargo Jesús es distinto, más veloz, más activo”, decía Popovic.

Después de aquel intento de ascenso, aupado por la euforia de endosarle un 1-4 a un favorito como el Girona, Vallejo continuó una temporada más en la entidad aragonesa para no dejar de lado sus estudios en la universidad. Un año más tarde, hacía las maletas dirección Frankfurt. Allí, Niko Kovac, su técnico en el Eintracht, quedó prendado de la madurez y concentración del muchacho: “Es un escándalo”, afirmó el croata. Ha cosechado 2055 minutos en su primera temporada en la Bundesliga, con tan sólo 20 años ha jugado 28 partidos de la competición alemana (con el permiso de dos lesiones, en febrero y abril) y solo le han amonestado con tarjeta amarilla en cuatro ocasiones, ninguna roja.

Jesús ha demostrado ser un central fuerte, se deja la vida en cada cara a cara, sin dejar de fijarse bien en la pelota. Su punto débil serían, quizá, los regates. Cuando se enfrenta a un atacante rápido y habilidoso, le cuesta atajar y quedarse con el balón. Sin embargo, algo que con el tiempo y su capacidad para adaptarse y corregir el error harán olvidar fácilmente.