Herrera es un pueblo que pertenece a la Sierra Sur de Sevilla. Tiene pocos habitantes, pero presume de ser el lugar donde más cerveza por cabeza se consumía en los años noventa. Un hito. De hecho, en el pabellón de Cruzcampo en la Exposición de Sevilla de 1992 existía una placa que reseñaba esta ‘hazaña’. También en El Tiempo es Oro de Constantino Romero, que se emitía en Televisión Española, apareció como respuesta a una pregunta sobre esta marca a nivel nacional. Pero hoy sigue siendo tema de conversación y, concretamente hace cinco años, Canal Sur se hizo eco en su programa Diez Razones de este curioso récord.

Aunque si hay algo característico de Herrera y la cerveza consumida en este pueblo sevillano es que el 95% de sus vecinos quieren a la Cruzcampo como el cristiano a Jesucristo. La Pilsen en este pueblo es algo tan característico de él como la novela picaresca en la literatura española. No conozco a nadie que no relacione este subgénero con España.

Y también a principios de los 90, en Herrera se fue más allá y la novela picaresca tuvo un peculiar capítulo en el ámbito futbolístico. Vemos normal que los jugadores finjan faltas, dolor o se hagan los despistados en el momento de una sustitución por otro compañero cuando queda poco para el final del encuentro con el objetivo de amarrar esos tres puntos tan importantes.

Se suele decir que la afición de un equipo, cuando juega en casa, es el jugador número 12. Y es que una afición tiene muchas maneras de jugar un partido: mediante el apoyo con cánticos, los sonidos de bombos y timbales, el colorido de los tifos y las pancartas… y, también, por qué no, de participar como protagonista en el encuentro.

La afición al fútbol en Herrera siempre estuvo, pero el apoyo al club local ha tenido altibajos. Hablamos de un equipo que sólo ha militado en las dos últimas divisiones del fútbol provincial y un ascenso a la máxima categoría del fútbol sevillano sería una gesta histórica. Con cuatro derrotas y sólo dos victorias en seis partidos disputados de la temporada 1991/1992, el Herrera CF jugaba en casa frente al Cruzcampo, equipo del barrio de la capital andaluza donde se producía la cerveza. El juego no fue demasiado interesante, pero a diez minutos del final, un delantero del equipo visitante se quedó solo ante el portero herrereño. Y, cuando el guardameta estaba batido, apareció un segundo esférico en el terreno de juego que hizo parar el partido a Moreno Anselmo, árbitro de la contienda. Alguien decidió que el Herrera no perdería ese encuentro. El balón había sido lanzado a la zona de la jugada de manera premeditada por un aficionado local que se encontraba tras la portería.

Insultos y malos gestos, pero entendibles, por parte de los jugadores del Cruzcampo. Sin embargo, aquel aficionado salvó de una nueva derrota a su club. El simpatizante en cuestión era Manuel Domínguez, ‘Marqui’, que hoy declara que “aquello fue anecdótico”. “No estaba premeditado por la directiva. Yo estaba detrás de la portería. Un balón anterior cayó a mi zona, lo recogí y un directivo me dijo que se le diese, pero me negué. Yo veía que uno de los jugadores rivales se podía escapar en algún contragolpe y tenía pensado tirar el balón al campo porque el reglamento dice que si hay dos balones en el campo el árbitro debe parar el partido”.

Dicho y hecho. Un jugador contrario se zafó de su defensor y, seguidamente, cuando el portero local no tenía casi nada que hacer, Marqui golpeó el balón hacia la zona donde se desarrollaba la jugada. “El balón cruzó por delante de la trayectoria que llevaba el jugador y el árbitro al ver los dos balones aplicó el reglamento y paró el juego”, explica el protagonista.

El enfado de los futbolistas y el cuerpo técnico del Cruzcampo era tremendo. “Es lógico, el jugador contrario se cabreó. Cuando salió en el periódico, los de Sevilla capital escribieron como si eso pasase todos los días. Se resolvió con un bote neutral y punto. Si yo sé que la va a fallar, no echo el balón, pero como no lo sabía me aseguré para defender los intereses de mi equipo”, argumenta Marqui.

El suceso sólo fue recogido por el ABC de Sevilla, que le dedicó un notable espacio titulado “Herrera y Cruzcampo, entre la picaresca y la casualidad”. En la noticia también puede leerse que Moreno Anselmo reflejó en el acta del partido lo siguiente: “(…) un espectador, colocado detrás de la portería del equipo local, lanzó un balón al lugar donde se encontraba la jugada, por lo que tuve que detener el juego, momento tras el cual el balón con el que se estaba jugando entró en la portería”.

“Luego salió en el periódico que en Herrera había picaresca, aunque lo cierto es que aquí no había ocurrido antes ni ha vuelto a ocurrir; pero claro, el ABC de Sevilla para darle a aquello más morbo realzó más la situación”, esgrime Marqui. Lejos de tener a todo el mundo contento, hubo algunos aficionados del Herrera que le recriminaron aquella acción tras el partido. Marqui asumió la culpa, pero aclara que “yo quise defender a mi equipo”.

Juan Benjumea, presidente del Herrera, aclaraba al ABC de Sevilla que “jamás hemos tenido la intención de parar el juego, de obstaculizar jugada alguna de peligro del equipo contrario y, prueba de ello, es que nunca antes se había dado esta circunstancia”. Por su parte, el Cruzcampo habló de picaresca y terrible intencionalidad. El Comité Provincial resolvió el entuerto con una sanción de 8.000 pesetas y la inhabilitación durante dos meses para el delegado de campo del Herrera, Manuel Nieto.

Respecto a lo deportivo, finalmente el encuentro acabó con un empate a cero que le valió al Herrera para frenar su racha de derrotas. Queda claro que aquella temporada y como visitantes, el Cruzcampo pudo ganar al Herrera, pero no a su maquiavélica afición. Ya saben aquello de que el fin justifica los medios.