—¿Está Lotina?

—Sí, ahora baja.

No sé cuántas veces escuché ese chiste en el patio del colegio o en el bar de la universidad. En tiempos en los que no existía Twitter, Lotina fue el primer meme. El relato le ganó el partido a la realidad y el técnico vasco era el Coco que venía a comerse equipos, el monstruo de las galletas que engullía historia viva. Parecía que si te ponías delante del espejo y decías Lotina, Lotina, Lotina, tu equipo también iba a bajar. A punto estuvieron de hacerle una película de Expediente Warren. Ya no era tanto que tuviera una varita para descender equipos, era que parecía inexplicable que siguieran confiando en él. Pero si bajaba todo lo que tocaba, ¿no?

Pues no. Lo malo que tienen las mentiras es que se disfrazan de verdad. Lotina se ganó la fama, que tanto para lo bueno como para lo malo ya cantan por ahí que es mala amante. El entrenador lleva una mochila de descensos que no solo él ha cargado. La leyenda popular dice que descendió a cinco equipos: Logroñés, Celta, Real Sociedad, Deportivo y Villarreal. Y eso solo es verdad en parte, que es otra forma de que sea mentira. Con el Logroñés fue cesado en la décima jornada, cuando quedaban tres cuartos de campeonato por delante. Al banquillo de la Real Sociedad llegó con dos meses de competición disputados, así que hay que ponerse de acuerdo: o es el culpable de uno o del otro, pero no de los dos.

También tienen asteriscos sus pasos por Celta y Villarreal. A los ‘groguets’ llegó como tercer entrenador de la temporada y con el equipo hundido. Con los gallegos fue despedido aún con partidos por delante y de hecho cuando él salió el Celta estaba un punto por encima del descenso. Al final el único equipo en el que estuvo de principio a fin de curso fue el Deportivo, una decepción de la que Lotina reconoció sentirse responsable. El Dépor, que era el equipo implicado con menos opciones de bajar aquel fatídico domingo, todavía ostenta el récord de haber perdido la categoría con más puntos.

 

Hasta cuando ganó la Copa del Rey parecía que, más que felicitarle, había que darle el pésame. Lotina tiene pinta de ser de los que piensan que la felicidad no es más que un préstamo con intereses. Vive la vida como si paseara por los pasillos de un tanatorio

 

Cuando se habla de Lotina como un enterrador se omiten sus méritos. Cuando el Numancia estaba en la extinta Segunda B, llevó al equipo a los cuartos de final de Copa del Rey. Ascendió al club soriano y después a Osasuna. Ganó la Copa del Rey con el Espanyol, consiguió billete para la UEFA y además metió al Celta en la Champions League en la mejor clasificación de su historia.

Que cada uno se pregunte por qué se retuerce el relato cada vez que aparece el nombre de Lotina. Seguramente sea lo más sencillo. Y también contribuyen los estereotipos. Lotina tiene un aire cachazudo y confundido. La duda no está bien vista en un mundo que reclama certezas, que pide héroes que disfruten de sus logros. Hasta cuando ganó la Copa del Rey parecía que, más que felicitarle, había que darle el pésame. Lotina tiene pinta de ser de los que piensan que la felicidad no es más que un préstamo con intereses. Vive la vida como si paseara por los pasillos de un tanatorio. Levanta las cejas y se le marcan los arrugas en la cara. Quién sabe si en ellas puede leerse su currículum.

El de Meñaka se ha enrolado en una nueva aventura. El Vissel Kobe de Iniesta y Bojan le ha contratado para salvar otra situación delicada. Perdió en su estreno en la liga pero ha conseguido dos victorias y un empate en los tres partidos de la Champions League asiática que se disputaron la semana pasada. Ah, por cierto. Cogió al equipo colista. Omitidlo cuando volváis a contar el chiste.

 


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Fotografía de Imago.