Ante la exhibición de Messi en Wembley de la pasada jornada de Champions League contra el Tottenham, lo primero que me vino a la cabeza fue qué tecla tocó Valverde y qué capacidades tiene un entrenador para hacer que el mejor jugador de su equipo vea en ese partido algo distinto para correr como no se le había visto correr en años.

Ante la dificultad que supone siempre la gestión de un grupo de estrellas consagradas y muy laureadas, me asalta siempre la duda de cuál es el camino que debería seguir el jefe del vestuario a la hora de motivar. Si entendemos motivar como mover a algo, la duda se convierte en temor cuando veo algunas acciones que, a mí juicio, se convierten más en un mover en sentido contrario a motivar que hacer algo para que los futbolistas te sigan.

Huelga decir que el haberlo ganado todo quita hambre. Si además ya no tienes veintitantos años, menos hambre. Si te has llevado alguna decepción reciente, menos. Si estás en la que es tu casa desde hace ni te acuerdas cuanto, y nadie te rechista… menos. Y menos, y menos, y menos. No Messi, cualquiera. Seguramente Messi menos que cualquiera, de ahí sus números año tras año. Pero menos.

 

Para un entrenador, es tan importante intervenir de forma acertada como no molestar

 

¿Entonces por qué ese día en Inglaterra le vimos terminar el duelo jadeando? ¿Por qué fue a presionar una jugada en el ochenta y tantos con marcador a favor, en un esfuerzo que por cierto originó su segundo tanto en el duelo y el cuarto de los suyos?

Mi respuesta es autonomía. Las múltiples virtudes de Valverde como técnico no me atrevo ni a mencionarlas por vergüenza a dejarme cosas y a no saber siquiera encontrar otras. Pero su discreción salta rápido a la vista. Y eso, en un entrenador con su currículo, y con los tiempos que corren, es una cualidad en extinción. Alguien que tiene su ego tan trabajado que no necesita “jabón”. Más bien al contrario.

Me la juego metiéndome en la cabeza de Messi (me la juego mucho) igual que en la de Valverde; por mucho césped que hayas pisado, entrar en el templo de Wembley considero que también sumó algo en ese salir al campo motivado. Pero responsabilizar al jugador de sus actos, más cuando ya es maduro, me parece un fórmula tremenda para motivarles.

Esa Copa “tan linda y tan deseada”, dijo el nuevo capitán culé en la presentación. La quiere. Y si Messi la quiere quién mejor que él para moverse para conseguirla. Dejar un legado después de su amarga Copa del Mundo. Re-re-re-reivindicarse y sentirse valorado. Por quién él considera que le debe dar valor, aunque sea él mismo.

Querer ser protagonista en ese camino podría llegar a ser un estorbo. Messi le agradeció así a Valverde su no intromisión . Y es tan importante intervenir de forma acertada, como no molestar.