La Liga se ha acabado. Un año más. Adiós a los fines de semana enganchados a la televisión empalmando partidos como adolescente enlazando sesiones de cine, arrastrándose por las salas en su primera cita. Tiempo para la añoranza, el recuerdo y la cuenta atrás para un nuevo curso liguero. Aunque todavía quede el apetitoso plato del Mundial, el final de la competición doméstica es un hecho y tras casi diez meses de competición, llega el momento de hacer balance. Período para la reflexión y el análisis de lo que nos ha dejado cada equipo esta temporada 2017-18: los nombres propios, el papel de los entrenadores y las sensaciones de los 20 conjuntos de la Primera División.

1. Barça: Resistencia

El curso del FC Barcelona ha estado marcado desde su inicio por la constante sensación de que Ernesto Valverde tenía que ir encajando los golpes cual boxeador en su primer combate en el ring. Sin embargo, la marcha de Neymar, el desastre de la Supercopa, la inestabilidad institucional y las dudas en el entorno no han sido suficientes para tumbar a un equipo que ha demostrado un año más su insaciable afán de ampliar las vitrinas del museo del Camp Nou. Una generación de futbolistas que a la excelencia y exuberancia exhibidas en años anteriores, esta vez le ha añadido una mayor dosis de pundonor y amor propio para dejar una demostración de supervivencia a lo largo de una Liga en la que solo perdió un partido.

El técnico extremeño ha sabido encontrar soluciones tácticas a los contratiempos que han ido apareciendo en el camino, acoplando al equipo en un sistema que parecía contracultural en can Barça. El impensable doble pivote, con un Rakitic maduro y ejerciendo como complemento ideal de un colosal Busquets; la ocupación permanente del costado derecho ante la liberación total de Messi; o el empeño en convertir a los culés en un cuadro sólido sustentado en la figura de un imponente Ter Stegen. Esas han sido algunas de las bases que han permitido que el Barça no haya caído a la lona en ningún momento. Argumentos que han recuperado la mejor versión de jugadores como Piqué, Jordi Alba, Sergi Roberto o Andrés Iniesta. El manchego, que impartió este curso sus últimas cátedras sobre el césped del Camp Nou, se marcha reinando, como uno de los últimos exponentes de una generación que acumula siete ligas en los últimos diez años.

2. Atlético: Perseverancia

Como en cualquier mudanza, el Atlético empaquetó todo lo imprescindible para instalarse en su nuevo hogar. En su caso, poseedor de bienes inmateriales, tardó en recuperar todo el patrimonio que se había ganado, desubicado todavía por un traslado ajetreado. Llegada la calma, un año más, el Cholo Simeone ha sabido transmitir al equipo su mensaje. Filosofía que ha vuelto a calar en una afición que vivió también su particular añoranza del viejo Calderón. La aparición de savia nueva como Thomas o Lucas Hernández ha contribuido a rearmar una plantilla infatigable, diseñada a prueba de una fe que sólo el técnico argentino es capaz de mantener inquebrantable durante tantas temporadas. Los Oblak, Godín, Juanfran Filipe, Koke o Gabi han vuelto a ser la columna vertebral de un grupo que tuvo el premio final con la conquista de la Europa League.   

En el tramo más complicado del curso, tras la eliminación de la máxima competición europea, la llegada de Diego Costa acabó de espolear una afición que ha encontrado en el hispano-brasileño aquel referente que a veces echó de menos ante el carácter menos pasional de otros ídolos atléticos. El de Lagarto estiró al equipo y permitió recuperar la esencia del cholismo: un grupo compacto defensivamente con una referencia arriba capaz por sí mismo de dominar el ritmo de los partidos a su antojo. Con él también llegó la mejor versión de Antoine Griezmann, incómodo como única referencia pero maestro moviéndose detrás de un ‘9’ tenaz y persistente como Costa. En el apartado de cuentas pendientes asoma la adaptación de un Vitolo que nunca encontró su mejor versión vestido de colchonero.

3. Real Madrid: Dimisión

Tras un comienzo de campaña que apuntaba a inicio de una hegemonía blanca, los de Zidane dimitieron de la competición doméstica a las primeras de cambio, poco estimulados por escenarios menos imponentes que los que suelen sacar la mejor versión madridista. Aquella que hace brotar ese gen único que parece insostenible en largos períodos de tiempo. Por el camino, el entrenador francés ha perdido la fuerza de la segunda unidad, tan elogiada el curso anterior, y la excelencia de un equipo que apuntaba a conducir su fútbol hacia la exquisitez gracias al mayor protagonismo de sus piezas en el centro del campo.

En lo táctico, Zidane ha introducido pocos cambios. Amante de la coherencia y el sentido común, poco ha variado su filosofía a pesar de que los resultados no acompañasen. Lucas Vázquez o Asensio cerca de la línea de cal y la reconversión sin disimulo de Cristiano Ronaldo como ‘9’ han dado algo de luz a la temporada. Durante varias fases, el Madrid echó de menos la mejor versión de sus laterales, capitales en la gestación del fútbol ofensivo. Pese a la mejoría en las últimas fechas, demasiado pobre la oferta de los blancos en una competición liguera que pasará sin pena ni gloria por la retina de los seguidores madridistas.

4. Valencia: Redención

Ya en pretemporada, y por los precedentes de Marcelino al frente de naves de alto nivel, el Valencia parecía destinado a vivir un año de redención. La reconquista comenzó con la firme y convencida apuesta por jugadores conocedores del exigente clima de Mestalla como Carlos Soler, Gayá, Parejo o Rodrigo, discutidos especialmente estos dos últimos en el pasado. La recuperación siguió con la inyección de ambición y potencial que aportaron los fichajes. Nombres propios como los de Guedes o Kondogbia han convertido al Valencia en un equipo de autor, perfectamente reconocible y con las ideas muy claras. Agrupados en el repliegue defensivo, aunque sin renunciar a la presión alta, vértigo en las contras y entrega ineludible para una afición anhelosa de vivir una temporada como esta.   

La sensación es que el año ha permitido que todos los jugadores, más tarde o más temprano, tuvieran su particular momento para redimirse. Desde los delanteros, Zaza y Santi Mina, combinando sus fases de inspiración goleadora, hasta la pareja de centrales, posición que Marcelino ha ido variando casi siempre encontrando respuesta en forma de rendimiento por parte de sus elecciones. El equipo valencianista ha recuperado el estatus que le corresponde y parece haber puesto los cimientos de un proyecto atractivo y con un futuro estimulante.

5. Villarreal: Reestructuración

Muy poco duró Fran Escribá en el banquillo del renombrado Estadio de la Cerámica. De hecho, siempre dio la sensación que el técnico valenciano estaba permanentemente en el alarme, envuelto en dudas a veces poco justificadas viendo los resultados cosechados. El cambio en el banquillo, con la llegada de Javi Calleja, dio estabilidad al cuadro groguet, que apostó por moldear y rediseñar su tradicional 4-4-2, especialmente tras la marcha de Bakambú. El adiós del congoleño obligó a renunciar a la doble punta en ataque para poblar el centro del campo e incorporar la figura del mediapunta, muchas veces personificada en un Pablo Fornals –máximo asistente de la Liga– que incrementó su participación con el cambio de esquema. Como viene siendo habitual por tierras castellonenses, el Villarreal enseñó un juego sugestivo, protagonista y sin renunciar al balón pese a disponer de velocistas en ataque, como un Carlos Bacca que ha recordado de nuevo al goleador que llegó a Sevilla.

A los Fornals y Castillejo, que han dado un paso adelante esta temporada en jerarquía y envergadura, hay que añadir la fulgurante irrupción de Rodrigo Hernández, una de las últimas perlas surgidas de la prolífica cantera amarilla. Aplomo, criterio y madurez la de un centrocampista que ha asumido con total naturalidad el imponente reto de sustituir una pieza capital como la de Bruno Soriano en el eje. Como si fuera un veterano, Rodri ha dominado los tempos, ha marcado el ritmo del equipo y ha mejorado cada jugada que pasaba por sus pies para guiar a un Villarreal que, desde su retorno a la máxima categoría del fútbol español, acumula cinco temporadas seguidas sacando billete para Europa.

6. Betis: Sensación

Quique Setién ha sido indiscutiblemente uno de los nombres propios de esta Liga. Su propuesta la conocíamos perfectamente después de sus temporadas en Las Palmas. Las dudas podían llegar dada la poca paciencia que a veces parece existir en el fútbol moderno. Tras unos primeros meses en los que el equipo verdiblanco encajaba goles con demasiada facilidad, el libreto del cántabro acabó triunfando en el vestuario bético, con la inestimable contribución de los pesos pesados para convertir el proyecto en uno de los mayores éxitos de las últimas décadas en Heliopolis. Fútbol con el balón como principio indiscutible, juego asociativo y predisposición ofensiva la de un conjunto que poco a poco ha ido ganando en autoestima y que casi siempre ha arriesgado en la construcción para demostrar que la valentía acaba teniendo premio.

La temporada, además, ha servido para que jóvenes talentos como Fabián, Junior o Loren Morón –este último con 24 años– hayan tirado la puerta abajo, sin preguntar primero, para convertirse en referentes de cara al futuro más inmediato del club. Ellos han añadido al fascinante juego de posesión de los sevillanos el gen identificativo que necesita cualquier vestuario para encontrar aquellos intangibles que dan un plus a un proyecto exitoso. Variando el esquema durante la primera mitad de temporada, la llegada de Marc Bartra asentó los tres centrales, apostando por la salida limpia y aseada del catalán, atestiguando la paciencia de uno de los conjuntos que mejor fútbol ha practicado este año.

7. Sevilla: Inestabilidad

Si una cosa parece haber quedado clara esta temporada en Sevilla es que el problema en Nervión no estaba en el banquillo. Con una estimulante y atrevida apuesta que comenzaba con Berizzo al timón del barco, el argentino pagó los platos rotos de una mala planificación tras una racha de malos resultados y se vio obligado a bajarse antes de tiempo. Su sucesor, Vincenzo Montella, no mejoró lo anterior, aunque el buen rendimiento en las competiciones de eliminatorias escondió las nubes y permitió aplazar el temporal, que estalló tras la final de Copa del Rey frente al Barça. En plena tormenta, José Castro recurrió a la desesperada a un viejo conocido como Joaquín Caparrós, que consiguió calmar las aguas y clasificar al club para la previa de la Europa League tirando de su vieja receta futbolística.

Los sevillistas han tenido tramos de buen juego, especialmente cuando han vivido conectados al fútbol jugadores como Banega o N’Zonzi, este último con tendencia a desenchufarse a primeras de cambio. Le faltó pegada a un equipo que no encontró en Luis Muriel el goleador que buscaba y que tampoco dio suficiente continuidad a Ben Yedder para que el francés decantara la balanza y demostrara si es capaz o no de liderar el ataque de un equipo acostumbrado a primeras espadas. Pero no todo ha sido un desierto para los hispalenses, que han visto en Clément Lenglet a un líder capaz de sostener el centro de la zaga con apenas 22 años y que han apostado por David Soria en la portería, en otro de los cambios repentinos e imprevistos que deparó la temporada. Tras una campaña marcada por la inusual inestabilidad, el Sevilla tendrá que acudir a las ‘recus’ de verano para ver si salva los muebles en un año que, de momento, no llega al aprobado en Liga.

8. Getafe: Sorpresa

Pocos, más allá de los fieles seguidores azulones, podían esperar una temporada tan plácida para el Getafe. Aunque de sobra es conocido el excelente trabajo de Bordalás en la mayoría de plazas en las que ha toreado, resulta sorprendente que haya podido desarrollar su fútbol con la misma naturalidad y aplomo que lo hizo en Segunda. El alicantino ha construido un equipo aguerrido y competitivo que, sustentado en la solidez defensiva y la solidaridad de cada futbolista, ha conseguido poner contra las cuerdas a casi todos los rivales de la categoría.

Pero los madrileños no han sido únicamente un hueso duro, un correoso equipo incómodo al que a veces marcarle un gol parecía una utopía. A esas facultades, necesarias especialmente en los equipos que a priori cuentan con menos recursos, le han añadido atributos como la solvencia, la entereza y la osadía que han aportado jugadores con hambre de hacerse un nombre en Primera División, como el goleador Ángel, el inexpugnable Djené o el joven Amath. Eso, sumado a la veteranía de hombres más expertos como Vicente Guaita, Antunes, Jorge Molina o Markel Bergara –suplido con creces durante su lesión por Mathieu Flamini– han fabricado un cóctel que disfrutará de una temporada más en Primera, casi como si nunca hubiera dejado de hacerlo.

9. Eibar: Progresión

Aunque la campaña arrancó con algunas dudas por los malos resultados, la paciencia, la serenidad y el saber hacer de Mendilíbar y el modesto club vasco ha permitido al Eibar disfrutar sin apuros de una nueva temporada en Primera. Con el tradicional juego directo que se ve en Ipurúa, el conjunto armero se supo sobreponer a bajas importantes al principio, especialmente la de Pedro León, con la presencia de jugadores como José Ángel, Joan Jordán o Iván Alejo. Piezas que se han aprendido perfectamente el ABC del técnico vasco. Un estilo que, aunque pueda ser tachado de rudimentario o primitivo, ha permitido explotar la mejor versión de los jugadores. En algunos casos, como el de Orellana, recuperados para una causa para la que en ocasiones parecieron perdidos.

En su cuarta temporada codeándose con los mejores, el Eibar parece haber consolidado definitivamente sus bases, consiguiendo que deje de ser una sorpresa verle en posiciones reservadas, a priori, para clubes de mayor caché. Ya nadie discute sus méritos y todo el mundo sabe lo que se encontrará en el familiar campo de Ipurúa. Es el espíritu de un club que puede presumir de su buena labor en los despachos, con la llegada de jugadores tan diversos como Dimitrovic, Kike García o Takashi Inui, capaces de aclimatarse a una mentalidad tan particular y excepcional como la que representa la peculiar entidad eibarresa.

10. Girona: Revelación

El Girona se plantó en Primera División sin complejos y como si conociera la categoría desde su fundación en 1930. Ya el primer partido en Montilivi, con la visita del Atlético de Madrid, sirvió para dejar claro que los catalanes habían llegado para quedarse. Y casi sin dar mayor énfasis al enorme mérito de la salvación, se atrevieron con cotas más altas y pronunciaron sin temor el nombre que otros clubes tratan de evitar por miedo a las consecuencias de soñar demasiado alto: Europa.

Equipo ambicioso como pocos. Pablo Machín, el gran artífice, ha confiado en la mayoría de los jugadores que le llevaron a la élite y ha trasladado su particular filosofía a la liga de las estrellas sin pestañear. Con tres defensas y dos carrileros, los catalanes han sido una demostración constante de intensidad, compromiso, agresividad en el robo y persistencia, muchas veces a través del elemental libreto del fútbol más básico y primario: centros laterales que han encontrado a un inspiradísimo Stuani, autor de 21 goles. Con el trabajo en el mediocampo de dos gironins de pura cepa como el pulmón Pere Pons y la zurda de Granell, la magia de Borja García y la movilidad de Portu han hecho el resto para llevar al equipo a la primera mitad de la tabla, en el comienzo de un proyecto que ha puesto las bases para conquistar Europa con la misma determinación con la que lo ha hecho en Primera.

11. Espanyol: Dependencia

La temporada del Espanyol no se entiende sin Gerard Moreno. Autor de 16 de los 36 goles del equipo, su influencia ha ido más allá de lo tangible en los resultados, que no es poco. Ídolo de la afición, deseosa de encontrar nuevos símbolos tras la marcha de emblemas como Raúl Tamudo, el delantero de Santa Perpètua ha asumido los galones con naturalidad. Preparado ante el reto de guiar a un equipo que parece instalado en el constante debate existencial sobre qué quiere ser de mayor. En este contexto, Gerard Moreno se ha hecho mayor en la temporada de su eclosión definitiva. Aunque su crecimiento no haya ido acompañado de la prometida progresión del club catalán.

La segunda temporada de Quique Sánchez Flores, la que debía confirmar la solidez de un proyecto ambicioso, ha acabado siendo la certificación de un desengaño. Curso en el que ni siquiera los triunfos ante Real Madrid y Atlético o la victoria ante el Barcelona en Copa han servido para alejar la desilusión que plana en Cornellá-El Prat. Los pericos han vivido una temporada insustancial, llena de sinsabores y bajo una nube de constante insatisfacción. Aquella que experimentamos cuando los hechos convierten las palabras en simples esperanzas. Solo los últimos partidos con David Gallego en el banquillo, con 13 de los últimos 15 puntos en juego, han arrojado algo de luz a un proyecto al que esta temporada se le han fundido los plomos.

12. Real Sociedad: Intermitencia

Contrasta la evolución de la Real Sociedad con la de sus vecinos eibarreses. Después de protagonizar una temporada anterior ilusionante, estimulante y en la que se vieron momentos de caviar futbolístico en Anoeta, el año del equipo txuri-urdin ha sido algo decepcionante, sin la continuidad que prometía tener un proyecto encabezado por Eusebio y que se vio interrumpido antes de lo previsto por la crisis de resultados. Aunque haciendo un balance general la temporada pueda calificarse de correcta, se debe pedir más a futbolistas que han demostrado tener mucho fútbol en sus botas y que, hasta la llegada de Imanol, no han encontrado las sensaciones que habían vivido el curso anterior.

Los guipuzcoanos nunca hallaron continuidad en sus mejores futbolistas, que parecieron alternar sus momentos de esplendor en la temporada sin que coincidieran en sus mejores momentos de forma. Sólo Willian José, autor de 15 goles, mostró cierta constancia en su rendimiento. Oyarzábal –especialmente acertado de cara a gol durante algunos meses–, Januzaj – fichaje ilusionante que ha mostrado destellos del futbolista que puede ser–, y Canales –especialmente protagonista en el último tramo– han simbolizado la temporada discontinua de una Real que ha sabido sobreponerse a las bajas con jugadores de la casa como Igor Zubeldia o Aritz Elustondo. Cimientos sobre los que el nuevo arquitecto podrá edificar una remodelada obra de nuevo admirada por todos. Aunque eso sí, será sin uno de los pilares sobre los que siempre se sostuvo el edificio: Xabi Prieto.

13. Celta: Gris

Por tramos de temporada, los celestes parecieron un equipo que no acababa de traducir sus intenciones en hechos y resultados sobre el césped. La idea de juego de Unzué, atrevida y divertida propuesta basada en el balón, no ha terminado cuajando en Balaídos, aunque eso no ha impedido disfrutar de grandes tardes de fútbol en Vigo. Con la irrupción de figuras como Lobotka o Maxi Gómez y la consagración de Daniel Wass en el mediocampo, el Celta fue capaz de dominar partidos a través del esférico. Aunque el estilo vistoso y alegre a veces no viniera de la mano de un fútbol resultadista que siempre demanda un proyecto que vive sus primeros capítulos.

Mención aparte merece Iago Aspas. Su temporada, imponente en cuanto a números, ha ido más allá de los goles. Líder, referente y emblema, canalizador del juego ofensivo celeste: ha ayudado en la construcción, ha trazado el camino en tres cuartos y ha hilado el juego campando a sus anchas en el lugar en el que siempre se ha sentido más cómodo. Como si del Cid Campeador de Balaídos se tratase, ha avivado a base de carácter y orgullo el poderío ofensivo de un equipo del que se esperaba algo más con el plus de jugadores como Emre Mor y Pione Sisto. El danés protagonizó un año decreciente, en una temporada que, en sus inicios, amagaba con ser la de su confirmación definitiva como una de las estrellas de esta Liga. Para la afición viguesa, en el horizonte aparece el nombre de Brais Méndez, mediapunta o extremo con recorrido y capacidad física que ha dado algo de color a una temporada gris.

14. Alavés: Supervivencia

Como buen luchador, el Alavés se aferró en los momentos de menos esperanza para mantenerse en una liga que a principio de año parecía destinada a ver por televisión la temporada que viene. Un giro radical que no se explica sin la llegada al banquillo de Abelardo, técnico hecho a medida para las necesidades alavesas. El ‘Pitu’ recuperó la energía, el espíritu y la filosofía de un equipo que, tras perder varias piezas importantes respecto a la temporada anterior, inició el curso con dudas y con una especie de depresión que solo el asturiano fue capaz de levantar tras no encontrar en Luis Zubeldía ni en Gianni De Biassi el antídoto al desánimo.

Abelardo dio con la tecla casi sin apenas conocer el instrumento. Una receta que en realidad solo tenía que recuperar los ingredientes fundamentales utilizados el curso anterior. Con las cabalgadas de Pedraza, la regularidad de Munir viendo portería o la solvente pareja de centrales formada por Rodrigo Ely y Laguardia, el equipo fue encontrando argumentos para competir en cada jornada y escapar de la zona de peligro con la misma rapidez con la que amenazaba con despedirse de la élite al comienzo. En tiempos de bonanza, los brotes verdes afloraron incluso en huerto propio con la figura de Martín Aguirregabiria, un lateral profundo que dio un nuevo aire al equipo de Mendizorroza.

15. Levante: Fe

Cuando peor pintaba el año y tras una racha de 15 partidos seguidos sin ganar con Juan Ramón López Muñiz en el banquillo, llegó Paco López y lo cambió todo. Revirtió una dinámica que llevaba irremediablemente camino del precipicio sin cambiar en exceso las piezas. Con 25 puntos de los últimos 33 en juego y la guinda de la victoria en el Ciutat de València contra el Barça, los levantinistas han conseguido cerrar una temporada notable pese a la irregularidad. Ni siquiera la alarmante falta de gol que amenazaba con condenar a los granotas con volver a la división de plata desalentó a un equipo que encontró en los disparos de Bardhi y los esperados goles de Boateng dos balsas salvavidas sobre las que flotar cuando el agua llegaba al cuello.

Capítulo especial merece Morales, que durante largos periodos de temporada se mostró como el único argumento ofensivo del equipo. Veloz, desequilibrante y decisivo en los últimos metros, el ‘11’ ha firmado un año para enmarcar, convertido en ídolo de la fiel afición valenciana. El comandante ha ejercido de capitán general de un equipo que no ha dejado de creer y que ha encontrado la salvación gracias a un bloque compacto. A los Cabaco, Chema, Campaña, Lerma y compañía se ha sumado el trascendental gen competitivo de Coke Andújar en la segunda mitad de año para lograr el objetivo con mayor tranquilidad de la esperada.

16. Athletic de Bilbao: Transición

La marcha de Ernesto Valverde iba a ser difícil de gestionar para los leones. Pero la sensación es que su ausencia se notó más de lo que cabía esperar. Tras un comienzo titubeante, la lesión de Muniain, hasta entonces uno de los pocos argumentos en los que sostenerse ofensivamente, acabó de evidenciar las carencias del equipo. Un conjunto falto de ideas, que acabó recurriendo demasiado al guión de toda la vida sin encontrar en él al protagonista que lo había interpretado a las mil maravillas en las últimas temporadas. Con un Aduriz con menos minutos, fueron Raúl García e Iñaki Williams quienes se vieron obligados a entender una partitura que sólo el ‘20’ conoce con los ojos cerrados.

Aún así, el Athletic también ha encontrado notas positivas este año. Argumentos sobre los que debe cimentar su futuro inmediato. Figuras como Yeray, plenamente recuperado, Íñigo Martínez, fichado del eterno rival, y Unai Núñez, que se ha aposentado en Primera con la confianza y seguridad de un veterano, deben ser el punto de partida de los bilbaínos. El rendimiento de los tres acabó incluso por modificar la pizarra de Ziganda, una especie de semilla que deja plantada el navarro para explorar de cara al futuro más próximo. Además, los rojiblancos consiguieron mantener bajo los palos de San Mamés a una de las joyas del fútbol español, Kepa Arrizabalaga, consolidado ya como uno de los mejores arqueros de la Liga. Otro cachorro talentoso, Íñigo Córdoba, deberá conseguir la regularidad que le ha faltado para confirmar las buenas sensaciones que ha mostrado y erigirse así en una pieza importante en un Athletic que necesita encontrar nuevos artistas para su experimentada orquesta.

17. Leganés: Confirmación

A pesar de su 17ª posición en la tabla, el Leganés ha cerrado una temporada sin sufrimiento, en la que incluso se ha permitido el lujo de soñar con hazañas gigantescas tras eliminar al Real Madrid y clasificarse para las semifinales de Copa. La competición del ko pareció por momentos distraer a los blanquiazules en la Liga, aunque el colchón con el que han vivido todo el año no ha hecho peligrar su permanencia en Primera en ningún momento.

Asier Garitano, un año más y será el último, ha logrado sacar lo mejor de sus jugadores. Un amplio plantel en el que casi todos han tenido sus momentos de protagonismo. Con menos peso de estandartes como Mantovani o Symanowski, han sido jugadores como Siovas o Bustinza quienes han cogido el relevo en el sur de Madrid. De igual forma, en ataque, los Amrabat, El Zhar y compañía han dado un salto de calidad al equipo, reafirmando a los pepineros en su segunda aventura en la categoría. El curso certifica que su éxito en el pasado no fue flor de un día y da las claves para mirar al futuro con optimismo. 

18. Deportivo: Desengaño

La sensación que deja la temporada del Deportivo es que la plantilla coruñesa daba para mucho más de lo que realmente ha acabado dando. Con jugadores de buen pie en tres cuartos de campo como Carles Gil, Colak, Adrián o Fede Cartabia, y un equipo bien armado, las circunstancias han ido metiendo al grupo en un terreno pantanoso para el que la confección de la plantilla no parecía estar preparado.

Hundiéndose poco a poco en un pozo sin salida, ni los cambios de entrenador, ni la irrupción de jugadores como Borja Valle han podido revertir un destino que parecía escrito desde hacía varios meses. Tampoco el retorno del hijo pródigo tuvo el impacto esperado. La poca continuidad y la incapacidad por esconder los defectos y potenciar las virtudes han condenado a un equipo que deberá volver a sentar las bases para un nuevo ascenso, el que sería el tercero en menos de una década.

19. Las Palmas: Tormenta

Enseguida se vio que el conjunto canario no había encarado con buen pie la temporada. La prematura marcha de Manolo Márquez, viéndose venir el temporal ya en la sexta jornada, no hacía presagiar nada bueno. Un equipo que pareció por momentos deambular sin alma, sin espíritu, sin demostrar la calidad que atesoran los futbolistas de una plantilla mal planificada y que tampoco el mercado invernal pudo arreglar. Demasiados futbolistas vistieron de amarillo en un curso en el que todo salió mal. La inoportuna lesión de Samper, la de su sustituto Peñalba, y la llegada de un delantero como Emenike que ni siquiera llegó a debutar, fueron solo la antesala de lo que se venía.

Tampoco la llegada de Paco Jémez ha revertido la dinámica en una isla convulsa, en la que la tormenta parece haberse instalado inesperadamente tras los tiempos de bonanza vividos. El Gran Canaria se convirtió en un volcán en erupción que ni el diluvio pudo calmar. Desafección que llegó hasta las gradas, con poca presencia de una afición acostumbrada al buen fútbol. La certificación del descenso, bajo un intenso aguacero, simbolizó el hundimiento de un equipo que deberá afrontar cambios estructurales para volver a la Primera División.

20. Málaga: Nini

Ni estuvo, ni se le esperó. Demasiado pronto se sentenció el Málaga. En realidad, nunca dio la sensación de ser un equipo que pudiera competir para seguir en la élite del fútbol español. La desmantelación de la columna vertebral –Kameni, Camacho, Fornals y Sandro–, los constantes y visibles desencuentros entre Míchel y el presidente, y la inestabilidad institucional que rezuma el club han sido obstáculos insalvables para un grupo de jugadores incapaz de encontrar soluciones.

Sin sus referentes, ni Juanpi, ni Keko, ni Jony, ni Luis Hernández, ni Rosales, ni Adrián, ni los innumerables fichajes dieron un paso al frente para cambiar el guion. Tampoco José González, acostumbrado a empresas de tamaños gigantescos como la que vivió en Granada, pudo convencer a los malaguistas que la salvación era posible. Un curso para olvidar en el que los boquerones se saltaron demasiadas clases y suspendieron todas las asignaturas.